Desafíos de la gestión metropolitana: Megalópolis fragmentadas y Gobernabilidad Territorial

La ciudad es una base de asentamiento sedentario de la comunidad que no produce todo el alimento que necesita, por eso las ciudades se han asociado con sociedades en las que la explotación y el Estado están presentes: la especialización del trabajo urbano y rural está vinculada a disimetrías sociales en todo el mundo, porque el proceso de expansión metropolitana impone a las zonas rurales un paradigma de desarrollo irracional, incluyendo a sus recursos naturales tasas insostenibles de explotación.
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Toluca; (27/ABR/16).- ¿Cuáles son los principales retos de gestión urbana que ocupan actualmente a los gobiernos y la ciudadanía? El crecimiento de las ciudades se ha caracterizado por un contexto de concentración económica, de la mano de la presencia de avances tecnológicos en un momento en el que la producción de conocimiento e información empezó a ser esencial, dando origen a las megalópolis.

En las megalópolis quedan atrapadas zonas rurales, bosques y lugares turísticos, puntos fuertes de las concentraciones industriales, las zonas de fuerte densidad urbana, suburbios extendidos y pueblos antiguos; se trata de enormes áreas atravesada por una compleja red de intercambios y de las comunicaciones interurbanas (Castells, 1983: 33).

En este sentido, el crecimiento de las ciudades ha sido tal, que ha impulsado consigo la necesidad de los gobiernos locales por modificar la gestión pública. En la actualidad, el abastecimiento de las demandas de la población en las megalópolis ejes como servicios y equipamientos urbanos se ha alcanzado, hasta ahora, a través de la realización de acuerdos de cooperación con otros en sectores como el económico y de servicios.

El Estado se convierte en una red institucional de diferentes niveles, y su poder político es negociado y distribuido entre las instituciones públicas que están funcionando en red; en algunos casos se convierte en una organización inteligente capaz de planear prospectivamente para sobrevivir en entornos donde hay muchos riesgos y cambios; por lo tanto sus estructuras se hace flexibles y muy receptivas para enfrentar la incertidumbre geopolítica y financiera. En su espacio interno, los gobiernos de las ciudades están descentralizados y avanzan y se desenvuelven en las redes mundiales del poder y la gestión; por su propia iniciativa tienen representaciones internacionales; esto significa que las ciudades se vuelven competitivas para vencer la fragmentación del capitalismo (Taylor y Flint, 2001:11 -13).

Sin embargo, la solución de las problemáticas encontradas en las megalópolis a nivel mundial deberán ir más allá del establecimiento de los convenios mencionados anteriormente, es decir, habrán de considerarse nuevas y más grandes exigencias por parte de la ciudadanía y el ambiente mismo, requiriendo un mayor compromiso para garantizar el pleno respeto y ejercicio los derechos humanos que, como sabemos, han ampliado su alcance en temas como el derecho a la ciudad, a la formación permanente, a la salud y la seguridad, así como a la participación política múltiple, entre otros.

En las nuevas megalópolis la gente está demandando toda clase de servicios locales: agua, energía, vialidades, comunicaciones, transporte, movilidad eficiente, vivienda, abasto y estado de bienestar en general con ambientes limpios, tratamiento de basura, condiciones sanitarias aceptables, salud, escuelas, educación, empleos de calidad; todo lo anterior, pero también plena participación con derechos humanos garantizados, seguridad, libertad y hasta felicidad.

En este sentido, la ciencia política tiene un papel angular, ya que deberá superar el paradigma teórico-jurídico que hasta hace unos años la había limitado, es decir, avanzar del análisis y la planeación burocrática hacia la consolidación de un método holístico que ofrezca elementos de análisis retrospectivo y de planeación prospectiva en contextos históricos de riesgo, incertidumbre y fortísimos desequilibrios sociales y ambientales, en donde se puntualice acerca de la fragmentación territorial, la segregación social y la polarización económica son la característica de todas las megalópolis del planeta.

Con la persistencia de algunos problemas urbanos, industriales y de servicios, demás de la aparición de otros nuevos, especialmente en el campo de las TIC, se ha identificado la necesidad de innovar herramientas, técnicas, habilidades gerenciales y capacidades institucionales para transformar las unidades administrativas de gobierno en organizaciones eficaces, eficientes y estratégicas en el sector social, económico y político, logrando así alentar la participación de la ciudadanía y otros poderes fácticos en el día a día de las instituciones del estado, impactando principalmente en la construcción de las políticas públicas.

Para alcanzar este escenario de plena integración de los actores en el espacio político, es imprescindible poner en práctica la innovación administrativa a través de la flexibilidad en los trámites, además de la transparencia y rendición de cuentas con respecto a los resultados y evaluaciones de los impactos de las políticas públicas implementadas. Es así que en la dichas actividades, es imperativo practicar el principio de equidad, derechos humanos, gobernabilidad democrática y la gobernanza, la competitividad, desarrollo sustentable y calidad de vida.

En la era de ascenso de las grandes urbes, la ampliación de los espacios públicos, como resultado de la labor de los ciudadanos, representa una de las opciones más eficientes para resolver la creciente burocratización de la sociedad. A corto plazo, esto lleva a la socialización del Estado, un proceso que sin duda, es responsabilidad de todos los ciudadanos y que presenta un reto fundamental: la construcción de los incentivos necesarios para participar en varios campos de la actividad pública, más allá de las votaciones (León, 2004: 176).

Por otra parte, es importante tomar en cuenta que, si bien las megalópolis se han convertido a lo largo de estos últimos años en territorios que comparten la prestación de servicios para los ciudadanos que habitan las distintas demarcaciones que la integran, también encontramos ciudades beta o gamma, que a diferencia de las mega, se encuentran subdesarrolladas, y por tanto, dan muestra de fragmentación, segregación y polarización social. Asimismo, se identifican problemas urbanos y demográficos de concentración y centralización política y administrativa, con sus aspectos de tradicional autoritarismo y neopopulismo, donde la gestión política sigue siendo más determinada por los intereses partidistas y burocráticos que pública y a favor del bien común.

Finalmente, la gestión metropolitana tiene que ser el resultado de un régimen institucional que impulse la planificación estratégica, formulada bajo principios de gobernanza que tome distancia de las formas autoritarias y tecnocráticas; que sea una gestión territorial interactiva, donde la red de actores sea capaz de llevar a cabo diferentes proyectos de desarrollo metropolitano, pero bajo una visión integral de la región, por lo que hay que considerar los siguientes aspectos:

  1. La gestión de las megalópolis es el nuevo reto para el análisis de políticas públicas y para las ciencias políticas y sociales.
  2. Hay muchos estudios sobre la relación entre los gobiernos locales, gobiernos subnacionales y nacionales, pero pocos estudios teóricos tratando de entender lo que está sucediendo dentro de los gobiernos megalopolitanos.
  3. Por lo general las megalópolis no tienen un solo gobierno; una misma ciudad siempre tiene muchos gobiernos locales, la mayoría trabajan de manera aislada y sin capacidad institucional para planear de manera integral y menos con participación ciudadana plena.
  4. En un sentido las megalópolis incorporan funcionalmente a otras zonas metropolitanas, pero en su interior se mantienen fragmentadas territorialmente, polarizadas económica y socialmente segregadas.
  5. La globalización ofrece algunas oportunidades para ganar, pero los gobiernos divididos por la política, se están viendo impedidos de tomar ventajas para su desarrollo, por el contrario, una buena parte de su población y su territorio, quedan al margen de los beneficios del desarrollo y se hunden en las profundidades de la exclusión y la pobreza extrema.

Se anexa el documento Original:

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IAPEM CENTRO DE PROSPECTIVA GUBERNAMENTAL/REDACCIÓN

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