Cracovia 2016: Jornada Mundial de la Juventud. Día 4

Diario Póstumo

De cómo tres autobuses de jóvenes damas e hidalgos alcanzaron Praga, rezaron, comieron, salvaron vidas, y disfrutaron de una fiesta inesperada (y de cómo a falta de más sucesos interesantes esto se convirtió en un fotoreportaje).

Praga

Por fin llegaba uno de los días más esperados: ¿quién no había oído hablar de las maravillas de Praga?
Yo había preparado el despertador para poder ducharme muy tranquilamente, de modo que bajé a las duchas acompañado de mi compañero de habitación Alejandro el filósofo y Nicolás, que dormía al lado. Ahí pudimos descubrir con gran alegría que el agua de las duchas estaba realmente fría, pese a lo que nos habían dicho la noche anterior. Estuve por lo menos quince minutos quieto delante del chorro, incapaz de aceptar que por mas que esperase el agua no saldría caliente. Era una especie de disputa con el universo en la que me repetía: «no puede ser, seguro que si espero un poco…» Al final no quedó más remedio que hacer de tripas corazón, pero vaya si me costó.

Iglesia que tú también habrías considerado neoclásica

Después foto en la explanada, como visteis en la entrega anterior, y todos a dormir al autobús, con la correspondiente parada de desayuno. Aquel día me tocaba cambiar de bus, para dar la mejor charla de la historia, que por casualidades de la vida (léase furgoneta) debí aplazar y trasladar a este bus. Hablé a las masas fervorosas de San Luis y San Fernando, justo después de un duro rival: Jaime con el tema de la doctrina social de la Iglesia. Recuerdo que incluso hubo alguno que escuchó las charlas en vez de dormir. Allí descubriría que el bus 2 “rules” como suelen decir los grandes filólogos ingleses. Llegamos a Praga y nos dejaron en una plaza cerca de la iglesia donde tendríamos la misa, reservada para nosotros. Milagrosamente pudimos alcanzarla sin que ningún tranvía se llevara por delante a nadie. Lo cierto es que era una Iglesia bastante bonita, neoclásica (o algo así, digo yo, tenía que arriesgar). Después fuimos a una plaza y nos tomamos unos perritos calientes en un puesto, donde afortunadamente aceptaban euros, y estuvimos esperando a que comenzara la guía turística por la ciudad, encargada a Jaime Gaya. En primer lugar ascendimos hasta el castillo-catedral, donde comenzó la Guerra de los Treinta Años, con las famosas defenestraciones.

¡¡Por fin conseguí la foto de los novios y no fue gracias a vosotros, “pendehos”!! (El de la pancarta debía ser del autobús 3 porque no me sonaba mucho)

Aparte de las vistas en sí, lo más interesante de aquella colina fueron un grupo de brasileños a quienes rodeamos todo el grupo antes de comenzar a cantar “en pie si eres católico”; fue bastante gracioso ver la cara que pusieron al vernos agacharnos alrededor suyo y lograr que se agacharan también. Luego una pareja de novios recién casados, que se estaban haciendo fotos. Por supuesto nos pareció obvio que estaban deseando que apareciésemos en ellas, así que antes incluso de que nos lo suplicaran acudimos todos al encuentro. Estéis donde estéis, de nada chicos, sabemos que os hizo ilusión.

Siguió el tour con las respectivas explicaciones de Jaime, muy interesantes por cierto (no es ironía, eh), y antes de llegar a la plaza del famoso reloj nos topamos con unos señores vestidos como del siglo XVII. Si antes había resultado obvio que los novios necesitaban una foto con nosotros, ahora quedaba claro que la única opción que teníamos era mantearlos. Me habría gustado saber en que pensaban cuando vieron aparecer a 100 extranjeros y les agarraron por banda para lanzarlos por los aires. Al parecer tenían prisa, como pudimos ver más tarde. Justo después apareció el que para unos sería el novio, y para otros el padre, de Cristina MJ. Fue un encuentro súper emotivo en plan abrazos,“besis”, I love you so much, y todas esas cosas de los encuentros en familia aunque nos hayamos visto ayer y llevemos aproximadamente una vida viéndonos. Pero Praga no espera a nadie, así que quien quiera las aventuras de Cris, y aclarar quién era aquella persona con la que se encontró, que busque en otra parte.

Reloj astronómico (por si no lo parece)

La plaza del reloj era un lugar muy bonito, y el famoso reloj astronómico especialmente. Debimos de sospechar que algo ocurriría cuando la gente comenzó a mandarnos callar en masa, pero como buenos españoles nos hicimos de rogar y Jaime terminó su explicación. Después comenzó a sonar el reloj y a moverse: tecnología punta del siglo XV, y por último los señores tan majos a quienes habíamos manteado interpretaron algo que no pude ver muy bien. Seguro que sin nuestros ánimos no lo habrían logrado.

Ahí terminó la visita guiada, así que lo primero que hice, como tantos otros, fue tomarme una cerveza helada, y después me fui a callejear con un grupo, compuesto principalmente de sureños. En esta última visita dimos con lo mejor de todo el viaje: un espectáculo internacional, gratuito, al aire libre, de danzas folclóricas del mundo. Sí, suena tan espectacular como parece. El caso es que vimos a unas chinas, o coreanas, o qué se yo (Teresa nos lo habría aclarado), con abanicos, bailando unos bailes con una música que pedía a gritos que les llevaran de erasmus a Andalucía para coger un poco de grasia y de arte de las que tanto tenían nuestros sevillanos. De hecho poco faltó para que Cristina y Carmina se lanzaran a bailar, pero no nos parecía prudente la posibilidad de que se sintieran ofendidos, llamaran a Kim Jong-Un, y nos lanzaran un misil.

Luego fuimos a un parque a descansar, pero no hubo manera, porque nos encontramos con un pobre hombre tirado en el suelo, al que algunas personas trataban de ayudar. Nuestros médicos se lanzaron al rescate, por supuesto; como sucedió con el suceso de la frontera, os transcribo aquí los hechos reales exactos e inequívocos que acontecieron, con quizá algún detalle que haya podido variar muy ligeramente al no poder recordarlo a la perfección:

Informe del paciente 000001, Praga. Día 4.
Alberto — Hay que estabilizarlo, necesitamo adrenalina, ¿dónde están las farmacéuticas cuando se la nesesita?
Carmina — Mi arma, que se noh va, deha de adrenalina y piensa otra cosa. ¿Como lo ve, Tillo…? ¡TILLO!
Tillo — ¡Ah! Perdon, pense que desía: ¡quillo! Y claro… Pue que alguien le de argo de agua (comienza a cantar una saeta pidiendo agua).
Roy aparece con el agua que le es suministrada al paciente por un estudiante de medicina homologado.
AlbertoDejarme a mi, ¡que este señó se no muere aqui mihmo!
Carmina — Pero si tu ere podólogo.
Alberto ¡Bueno, pero alguien tendrá que dejale bien lo pie, que también e importante! (nadie es capaz de negarlo)

Debo decir que le atendieron muy bien, y que estaba semiinconsciente. Le dimos agua en mi cantimplora, que no volví a usar en todo el viaje, y descubrimos que se había salido de algún hospital, por una pulsera que llevaba. Nuestros doctores sabían lo que hacían y lograron averiguar que probablemente había tomado la medicación que fuera, acompañada de excesivo alcohol (sí, Ignasi, se puede beber excesivo alcohol, algún día tenías que saberlo). Así que allí nos quedamos a esperar, hasta que llegaron dos policías a quienes había llamado algún transeúnte: no os los imagináis corriendo cual vigilantes de la playa, no, estos señores venían con una pachorra que le dio vergüenza hasta a nuestros Andaluces. De esto que te avisan: “¡Oye, que se está muriendo un señor en el parque!” y respondes: “Voy, espera que me termine el café”. Me los imagino recorriendo el paseo, cumpliendo con su deber:

NOTA: a diferencia de otras conversaciones anteriores, esta pertenece a la imaginación del autor. Cualquier parecido con la realidad es bastante probable:
— Oye McGregorochenki, ¿crees que será verdad lo del enfermo en el parque?
 — Bob, deja de excederte en tu trabajo, algún día te pasara factura. Nuestro deber es ir a comprobarlo, ya lo sabes.
 — Sí, sí, pero maldita sea, ¿por qué no nos dan un coche como a Jasonovich? Nosotros podríamos hacerlo igual de bien, joder.
 — Nuestro lugar está en la calle, Bob, si nos quitan a nosotros ¿qué le queda a esta pobre gente? Además, mira este aire puro, y el sol, hace un jodido día estupendo, Bob.
 — Oh, mira, allí está el cadaver, vamos a echarle un vistazo.
 — No corras demasiado, sino la gente se acostumbra y nos llamarán cada dos por tres. Hay que hacerse de rogar, que vean que la policía no está para cualquier tontería.

Los polis se quedaron con el enfermo hasta que llegó la ambulancia, y nosotros volvimos a la plaza, a la hora acordada, para regresar. Desde allí nos llevaron a una estación, donde cogimos el metro, tras un caos de reparto de billetes, y la incertidumbre de si perderíamos algunas personas que no aparecían, y de si por lo tanto habría más raciones en el desayuno para repartir. Lamentablemente aparecieron sanos y salvos.

Se pueden ampliar las fotos, no seáis tímidos.

Y por fin el colegio donde dormiríamos: ¡¿cómo no recordar el colegio que tantas alegrías nos dio?! 
No se trata de que hubiera que dormir en el suelo, como deseábamos, sino de que la zona del polideportivo, con sus respectivas duchas(¡oh maravilla!) estaba en obras. En el edificio solo había unas pocas, que hacían materialmente imposible que todos nos ducháramos a tiempo. ¿Adivináis quienes las usaron? Pero os confesaré un secreto, en realidad las duchas estaban bien, lo que sucede es que los chicos nos pusimos de acuerdo para poner esa excusa, porque todos queríamos bañarnos fuera a manguerazos con agua fría.
Fuimos bajando poco a poco, y debo reconocer que no estaba tan fría como la de por la mañana, aunque a lo largo del recorrido, desde las habitaciones hasta el patio, que bajábamos en bañador, se podían oír nuestros alegres comentarios: “cagoen”, “otra vez”, “la madre que parió a los checos”, etc. Luego no estuvo tan mal, supongo que por eso de estar todos riéndonos de ello, así que nadie se fue traumatizado.

Después la cena, tras la que hubo algo de tiempo libre, que aproveché para tocar un piano desafinado que teníamos en nuestra aula. La verdad es que fue una maravilla, porque mientras la preparaban y cenaba la gente pude estar ahí un buen rato solo tocando, algo que no hacía desde hace tiempo, pues entre exámenes y demás no había sacado un rato en meses, ni siquiera en casa. Cuando terminé bajé a cenar y convencí a Carmen Maceira para que me diera un masaje, pues tenía la espalda realmente mal, como pudo comprobar — gracias Carmen, no me arreglaste, pero me ayudó bastante — . Por cierto que era increíble, se daba cuenta de lo que tenías mal solo tocar la contractura: “esto viene del brazo”, y lo arreglaba a distancia. Muy curioso (y agradable). Creo que me odia por abusar de su amabilidad, porque nunca me aceptó en facebook :(

La noche acabó con sorpresa(otra), pues de nuevo no se pudo hacer la gymkana, pero conectaron un altavoz y un micro, y animaron la noche las hermanas Gómez de Agüero, con el famoso juego de “¡compañía!” en el que participamos casi todos, hasta que aparecieron Ramón y Bernardo y presentaron: “En la selva me encontré…” (lo siento chicas, me quedo con ese). Por último una pequeña fiesta con ¡sangría, cerveza, coca-cola y reggaeton! Solo que sin sangría, sin cerveza y sin coca-cola, vamos que nos quedamos con lo mejor. Afortunadamente hay más gente que sabe apreciar la buena música (casi toda de Asturias parece) y yo pude evitar quedarme en una esquina marginado — gracias Isa, Laura y Liberto — . Pero el caso es que los demás lo pasaron muy bien bailando y yo hablando, y me quedo con eso.
La fiesta terminó pronto, ¡pero llegó algo todavía mejor! Dormir en el **** suelo, siempre con alegría, eso sí, y con mucha ilusión pues al día siguiente alcanzaríamos nuestro destino.

Recorrido seguido el cuarto día por los autobuses.
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