Pokémon y los maestros

Bitácora: Día uno.

Noche de 26 a 27 de Julio, 2016

Hoy le dije a mi papá que llegué tarde a casa porque estaba en una iglesia, y no me creyó. Y pues, fue la verdad, sí estuve hasta tarde en una iglesia. Ni cómo hacerle. Ahí también estaba la hermana de Netillo, con su novio. No me vió y yo no la saludé, pero no se veía muy entretenida. Su novio, en cambio, no parecía dispuesto a dejar de jugar pronto. Pero no era ese chico el único embobado: había, según mi cálculo, casi unas cien personas haciendo lo mismo. Casi cien, sin trucos. Y sí, ahí andaba yo, jugando Pokémon Go. Hoy me convencieron por fin de descargar el juego y en cuanto pude, me salí entusiasmado con mis amigos a buscar pokémons por la ciudad. Fuimos primero al centro y nos topamos con que había una manifestación del CNTE. Desde chiquitillo escuchaba muy seguido en las noticias que en DF la manifestación de algún inconforme había ocasionado severos estragos en la fluidez de una o más vialidades de la gran ciudad. Un tío que vivía por allá nos visitaba seguido y entre sus temas de conversación favoritos estaban siempre anécdotas llenas de inconvenientes que tal o cual manifestación le habían causado, y lo mucho que extrañaba vivir cerquita de la playa. Yo, por mi parte, nunca había tenido que lidiar con un cierre vial de este tipo. Una que otra desviación por las procesiones a la basílica, una que otra marcha por la paz, pero nunca un inconforme. No me había tocado. No fue la gran cosa, el grupo manifestante no debió ser grande, porque el embotellamiento ocasionado tampoco parecía muy grave, y según tengo entendido, esas cosas van de la mano. Pero por algo se empieza. Dimos una vuelta, luego otra y encontramos por fin el camino alterno que necesitábamos: llegamos a santa lucía muy listos para atrapar pokémons. Caminamos un rato por la orilla del canal, para delante, para atrás, y llegamos a la explanada del Museo de Historia, y unos desconocidos se me acercaron para preguntarme si no sabía en dónde encontrar tal pokémon. Otro pasó corriendo por un lado nuestro y muy apurado nos dijo que lo siguiéramos, que él sabía en dónde encontrar uno bueno, y lo seguimos. La verdad es que no había gran cosa. Uno de nosotros sugirió ir a un lugar que según le habían dicho, estaba repleto de pokémones: una iglesia. Y no le mintieron, el lugar estaba lleno de pokémones y de gente atrapando pokémones. Estuvimos tirados en el suelo, nada más esperando que un buen pokemón se asomara. El público era nutrido: dos tres pompis, uno que otro compa, y un montón de desconocidos, también en el suelo, todos atentos a las pantallas de sus celulares. Había unos cuantos deambulando entre poképaradas, en busca de suministros. La hermana de Netillo y su novio cambiaron varias veces de spot, supongo que con la esperanza de encontrar pokémones distintos entre pokeparada y poképarada. Espero que les haya funcionado la movida, porque en donde yo estaba no salía más que puro pinche pidgey y uno que otro bueno, de vez en cuando. Pero me quedé sin batería muy pronto. Mis amigos no, y las 11 se llegaron sin que nos diéramos mucha cuenta. Entre tanto, hubo un pug que feliz corría de lado a lado y un señor que llegó con una silla de playa, se ubicó en el centro de la explanada, y se sentó a cazar con su hijo. Un montón de parejas se besaban esporádicamente y más de un gordito gritó de la emoción cuando un buen espécimen se dejaba capturar. Regresé a casa y papá me esperaba. Mientras cenaba le platiqué parte de la pokeaventura y me aseguré de dejar bien claro que mis amigos y yo volvimos a nuestras casas sin cometer ningún delito, más sobrios que otras veces y ante las preguntas, dije siempre la verdad. No lo vi muy convencido, pero es que su atención estaba en la millonada que la Juventus pagó por Higuaín: ese cabrón tiene la culpa de todo lo malo que le ha pasado a Messi con su selección, dijo. Ya en mi cuarto, empecé a escribir esto siendo maestro pokémon nivel ocho, con casi 90 pokemons en el bolsillo. Fue un buen día, y aunque no negaré que el juego es sumamente divertido, creo que me sigo prefiriendo la técnica de ganarte los pokemons de los demás a puro pinche choque de tazo, como en los viejos tiempos. Ser una persona común y de gustos sencillos no es cosa fácil.

Like what you read? Give tobías peligro a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.