Despierta. Viva. Disimula.

Cada vez que despertaba repetía el mantra. Había aprendido a despertar sin abrir los ojos, a adquirir consciencia plena sin cambiar el ritmo de su respiración, a sorprenderse sin el bache pulmonar.

¿Qué era esta vez? Estaba tumbada boca abajo. Cabeza ladeada hacia la derecha, sobre algo más o menos blando.

Oler. Huele mal, ¿abono? ¿basura? No era la primera vez que despertaba así, podía soportar olores de toda índole sin inmutarse ni vomitar. Parecía que no la habían movido desde su caída, eso significaba callejón, esquina, detrás de algo más grande, significaba ocultación. Bien.

Tacto. Tenía un brazo pegado al cuerpo y con la palma hacia arriba, el dorso tocaba blando, no podía precisar más. El otro estaba levantado sobre la cabeza, palma abajo. Blando. No se atrevió a mover los dedos, pero era suave, confirmamos abono o basura.

Vista. Cancelado, ojos cerrados, podía notar poca claridad. Día o alumbrado, parecía alumbrado, pero bastante malo o indirecto.

Gusto. No, mejor no.

Escuchar. Silencio. ¿Una ciudad de noche? ¿Una granja aislada? Escuchar requería tiempo, esperó y afinó. Pasos. Pasos y arrastrar. ¿Alguien llevando algo pesado? Parecía que llevaban prisa, pero la carga les impedía correr más. Escuchó un reniego susurrado e ininteligible y luego un… ¿un qué? ¿Qué había sido eso? Si no hubiera sonado tan pastoso diría que un peso cayendo al agua, ¿pero qué clase de agua hace BLURP? Los pasos se apresuraron, intentando correr en silencio y saliéndole regular. Se perdieron. Un roce la sorprendió. Jamás había escuchado a nadie caminar así, más silencioso que un gato, tan seguro de sus pasos como si conociera cada piedra del camino. Se había girado bruscamente y eso había provocado el roce. Hablaba con alguien y hasta su voz era queda, pero la otra no tanto. Logró entender algo sobre un tentempié que costaba un dólar, pero no oyó ruido de monedas. ¿Usarían billetes? Lo dudaba de un sitio que aún acumulaba la basura así por las calles.

Los pasos silenciosos siguieron, ahora que había aprendido a oírlos, los oía. Se pararon relativamente cerca. ¿Estaría más a la vista de lo que creía? ¿Sobresaldrían sus pies por algún lado? Dejó de respirar, sabía que no era la única con un excelente oído en el multiverso. Aguanta. Aguanta. Aguanta. Un poco más. Aguanta. No se va. Aguanta. No se mueve. Vete. ¡Vete! No aguantaba más, exaló despacio. Respiró despacio y pidiéndole al dios que correspondiese que no la hubieran oído. ¿Tabaco? Los pasos silenciosos se estaban fumando un puro, no la habían visto. También… ¿whisky? ¿ron? Olía a alcohol, como si alguien acabara de sacar una petaca. Oh, seguro que era un puto poli, algún sargentillo de esos a los que les gusta patrullar solos de noche para poder saltarse alguna que otra norma. El humo del tabaco comenzaba a cosquillearle la nariz. No, por favor, cosquillas en la nariz no. Siempre tenía problemas con la poli, casi nunca sabían como tratar con alguien que saltaba por el multiverso cada vez que es… es… estor… ¡ACHÍS! Mierda.

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