Perseguidos

Joder… las cosas se están complicando. Me he enterado de que los Volcanes tienen un nuevo líder al que llaman ‘Plancha’ y que esto ha desestabilizado la organización interna de la pandilla. No sé muy bien qué hacer, la información es poca y de poco valor, pero me huelo que detrás hay algo muchísimo más grande (las cosas pequeñas han quedado atrás, Gas). El amanecer de este día me ha decidido a cambiar de imagen totalmente. Me persiguen, no sé si funcionará, pero por probar no pierdo nada. Quizá a Gas le interesaría verme así. No puedo evitarlo, sé que quizá es un poco enfermizo pensar en los gustos de un cadáver, pero sé que si me viese con esta minifalda de vinilo, esta chaqueta de piel, estas botas y el pelo corto y violeta inmediatamente me invitaría a una cerveza y me insinuaría que es demasiado tarde como para seguir en los bares… Lo añoro demasiado y me temo que la venganza no llenará el agujero de mi corazón, pero sí calmará mi ira… Hablando de Ira… Creo que estamos empezando a congeniar en el ámbito informativo: el me cuenta lo suyo y yo le cuento lo mío. No todo, claro está, un buen ejecutivo siempre se guarda algo, pero nos contamos lo suficiente y los dos sabemos que nos guardamos lo suficiente como para poder hablar en serio de toda esta enorme historia que nos ha pillado de por medio. Hoy hemos unido informes y hemos descubierto que ‘Plancha’, el nuevo líder de los Volcanes, es un tipo de dos metros y pico, probablemente tecnorreligioso (al fin y al cabo tiene una prensa hidráulica en vez de mano) y muy, muy, muy peligroso.

A la par, teniendo en cuenta la visita de aquella mujer a las tantas de la mañana en el hotel (¿No te lo había contado, Gas? Vino una chica a ver a tu hermano muy tarde en el hotel, diciéndole que Yamagata nos buscaba y que propiciáramos el encuentro y, al parecer, te conocía…) había que coordinar el encuentro con los Yamagata. Ira y yo comenzamos a hacer girar la rueda. Yo intentaría contactar con el Yamagata equivalente a mi puesto en Disalia a través de mis aún amigos en la corporación. Tardé una media hora en entrar en el bar con Björk, trabajador de Yamagata. No sabía cuántos ni dónde, pero sabía que nos estaban vigilando. Björk estaba demasiado tranquilo, igual que yo lo estaba en mis tiempos, aunque yo nunca tuve que tratar con nadie en un bar de los suburbios. De todos modos, la reunión con el representante Yamagata fue fructífera: al parecer nos interesaba una caja de seguridad, propiedad de ‘Plancha’ en el Swiss International Bank. Sólo faltaba saber qué medidas de seguridad rodeaban a esa caja. Antes de que Björk nos abandonara no pude evitar un deje de mi antiguo puesto y pregunté “Björk… tú sabes lo que hay en la caja, ¿no es cierto?”, a lo cual él contestó (rubio, con gabardina y una amplia sonrisa, si no te hubiera conocido, Gas…): “Ni siquiera a mí me cuenta todo El Yamagata”. Estaba claro entonces, Yamagata sabía lo que había dentro y quería que la abriéramos y eso, de algún modo, nos llevaría a Cristal Waters, como había insinuado Björk.

Todo está resultando demasiado complicado, si a todo esto añadimos que unos tecnorreligiosos se han acercado a Lobo diciéndole que conocían a su padre y que sentían la muerte de su hermano. Lo más extraño es que le dieron el pésame tras haber preguntado si él era el hermano mayor o el pequeño. Joder, fui a reconocer el cadáver de Gas, la esperanza de que aún siga vivo en algún lado y que me haya equivocado es demasiado tenue pero está ahí… mañana acompañaré a Lobo a hablar con los tecnoreligiosos… con los míos.

La vieja máquina de engaños y urdimbres vuelve a funcionar y, en Viento Rojo, Ira y yo intentamos manejar el telar. Nunca se sabe qué va a salir de todos estos negocios, pero hay que entablarlos para poder seguir adelante.

Al menos, me consuela haber hecho algo hoy que espero que sea efectivo: en este mundo gris y hundido Jana desea tener algo similar a lo que yo tuve con Gas y, siendo como es mi mejor amiga, mi “protegida” por así decirlo, no puedo menos que hablar en su favor, aunque vaya en contra de mis propias convicciones… me duele tanto verla sufrir de amor… He agarrado a Lobo y le he dicho que se fije en ella, que ya no es una niña, sino una mujer. Espero que su obcecación le deje entrever la maravillosa persona que se esconde tras la timidez de Jana. Al menos, puedo ayudar a otras personas a ser felices, ya que a mí sólo me queda este vacío en el pecho que no encuentro con qué llenar.

Mañana descubriré algo más sobre Gas y sabré si debo seguir llorando su muerte. Quiera la Gran Máquina que no. Mañana intentaremos ver si a esa caja de seguridad se puede acceder de algún modo. Mañana me despertaré con la sensación de haber hecho algo. Quizá, mañana, pueda despertarme con el recuerdo áspero de tu barba sobre mis labios.

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