Querido Gas:
Ya nadie puede pagar 2m de agujero. Por eso yo te lloro en el oscuro callejón donde me levantaste la falda por primera vez. Incluso meses después seguías pidiéndome que me pusiera el uniforme blanco y azul de Disalia. Había un toque enfermizo y excitante en las yuppies como yo que te volvía loco. Y a mí me gustaban los chicos malos. No sabes cuánto añoro tu diente mellado raspando la piel entre mis muslos. ¿Sabes Gas? A pesar de lo que me dijiste el primer día estuve loca por tí desde que entré en el T-100 y te ví acodado en la barra, vestido de cuero y rodeado de la pandilla. Ahora lloro en este callejón del que huyen los ‘drinos’ porque la leyenda de la triste Corredora ha llegado ya a sus acelerados cerebros. Saben que no soy agresiva, pero saben que a un Viento Rojo no se le molesta, sobre todo en nuestro barrio.
Hace ya dos meses y aún muerdo la almohada por las noches. Lobo y yo hemos jurado venganza y puedes estar seguro de que no descansaremos hasta lograrla. La pequeña Jana también lo ha hecho, pero sabes que es por Lobo más que por tí. No importa, yo sola lo haría aunque me fuera la vida en ello. Desde que te has ido tu hermano no es capaz de salir del agujero aunque hace todo lo que puede y Jana intenta animarlo pero ya sabes como son, tímida ella y lento el… pero siguen bien; todos seguimos bien. Nick, Miky, Mijail, Lobo, Jana y yo seguimos yendo al T-100 (y no puedo ver el rincón sin morderme el labio) a intentar olvidar, pero yo no quiero olvidar, lo que quiero es venganza. Ayer apareció por allí el viejo Ira, después de tanto tiempo. Imagínalo Gas, sigue exactamente igual: taciturno, elegante y con la cara más seria que hayas visto sobre este mundo de agua. Estuvimos hablando y nos dijo que sentía mucho tu muerte, pero que esta vida conlleva ciertos riesgos. Casi tuvimos que arrancarle un “alguien os persigue” y sólo empezó a apresurarse cuando oyó ruido de motos en la calle.
Ira cree que has hecho algo o que alguien de Viento Rojo ha hecho algo para enfadar a alguien muy grande (¡corporaciones Gas!) y que ese alguien nos quiere ver muertos a todos. A todo Viento Rojo. Tu eras el único que sabía algo sobre mí y Disalia, pero creo que eso no puede haber provocado que mi ex-corporación nos quiera ver muertos. O quizá sí… quien sabe, a veces las cosas son más grandes de lo que parecen, o más pequeñas. El tiempo lo dirá.
Pero ayer, Gas, tuvimos que salir pitando del T-100, huyendo delante de los Volcanes. Fuimos a tu casa. Duele hasta mirar las paredes. Allí Ira acabó de contarnos sus sospechas: cree que alguno de los Viento Rojo ha hecho algo suficientemente grave como para que una corporación quiera vernos muertos. Cuando llamaron a la puerta nos asustamos bastante, pero era Rick, el camarero del T-100 alertándonos sobre los Volcanes y diciéndonos que habían ido a buscarnos a casa de Mijail. Temiendo por la vida de su miserable padre, nuestras motos volaron sobre los canales hacia su casa, aunque yo comencé a mover mis hilos (no te sorprendas Gas, sabes de qué trabajaba y cómo trabajaba) para verificar si mi asunto con Disalia podía haber provocado esto. Así que llegué un poco tarde. Ira estaba en la calle hablando por teléfono y me indicó el portal con una mano. Subí. Miky estaba en el portal, escondiéndose, pero escuché un tiro y subí corriendo sin importarme nada. Cuando llegué arriba encontré la puerta forzada y a un Volcán gordo con un fusil agarrado tirado delante del baño de Mijail, que tenía la pistola aún en la mano. Rápidamente, los vecinos comenzaron a moverse por el edificio y se oyó llamar. Mijail fue corriendo y mantuvo una conversación con una vecina que quería entrar en la casa a ver si el chico estaba bien. Tuvimos que usar el viejo truco de “¿Vas a venir cariño?” para que la vecina, roja como la grana, dejara a Mijail en paz. Entonces todo comenzó a pasar demasiado rápido. Sonó el teléfono de Mijail e Ira nos informó de que tres Volcanes más se dirigían hacia el edificio alertados por el disparo. Decidimos hacer una barricada en la entrada de la casa y tenderles una emboscada en la escalera. Cuando Jana y yo salimos hacia la escalera con esa intención encontramos a Miky, que subía cojeando por la escalera diciéndonos que uno de los tres había visto a Ira y había salido tras él. Subimos un piso pero nos oyeron. La emboscada había fallado. Llamé a Lobo y les dije que salieran del piso. Oímos un tiro. Los Volcanes bajaron y nosotras decidimos bajar también para presentar batalla. Íbamos hacia una muerte segura, pero mejor morir luchando que huyendo, ¿no Gas?. Al llegar a la planta donde vivía Mijail, tuve el tiempo justo de agarrar a Jana y tirarla al suelo conmigo, pero el tiro de los Volcanes impactó directamente en el hombro de Miky. Sangrando, cayó al suelo semiinconsciente. Nick apenas tuvo tiempo de apartarla de la línea de fuego. Antes de poder levantarnos, Jana y yo vimos acercarse una granada rodando por el suelo. Tuvimos el tiempo justo de gritar “¡Granada!” y echar a correr hacia el piso de Mijail. No miré qué hacía el resto. Sólo Jana y yo, aún agarradas, corríamos desesperadamente. Escuché la detonación y, sorprendiéndome de seguir viva, miré hacia atrás: ¡humo!. Recordaba haber visto una ventana al final de ese pasillo, así que tiré el palo que me había dado Miky un rato antes para defenderme. El cristal se rompió y entré en el piso justo a tiempo de escuchar una ráfaga de balas impactando contra la pared. Entre el caos, oímos sirenas. Los Volcanes también las oyeron porque de inmediato hubo una tregua tácita y todo el mundo salió huyendo del edificio.
En los arrabales del barrio, donde fuimos a que un matasanos curara a Miky, Ira nos informó de que había atrapado a uno de los Volcanes y le había logrado sacar que trabajaba para una corporación, pero nada más. Mis pensamientos comenzaron a bullir y encajar. Mucho más tarde, esa misma noche, Ira nos llevó a un almacén del puerto a armarnos a costa de Punitive, la corporación para la que él trabaja. Luego, ya pasadas las tres de la mañana, fuimos a un hotel donde nos alojamos e Ira nos dio la última charla sobre tener cuidado y a ver quien ha hecho algo. Al irnos a dormir y con la disculpa de ir a llevar la ropa a la lavandería del hotel, dejé a Jana con Lobo y Mijail y volví a hablar con Ira en solitario. Sabes, Gas, que los secretos que tengo con Viento Rojo son para salvaguardar a la pandilla, pero quizá ha llegado la hora de aclarar un poco las cosas. Le conté a Ira que yo había trabajado para Disalia y que todo el mundo sabía que había “huído” de ellos y me había refugiado en Viento Rojo, pero que mis problemas con Disalia no tenían por qué salpicar a los chicos y que si Disalia quería ver a alguien muerto era a mí solamente. De todos modos, insinué que estaba moviendo hilos para obtener información y que él sería el primero y único en saberlo: ambos conocemos muy profundamente el mundo de las corporaciones y sabemos que el secreto y la información es el mejor seguro de vida. Es mejor que Lobo, Jana y Mijail no sepan nada aún. Supongo que Nick acabará oliéndose algo, pero si llega el momento de contárselo, ya veremos si lo haremos.
De momento, Gas, por esta noche estamos seguros aquí, en el hotel, y aunque no puedo ir al callejón a llorarte, sabes que las sombras entre los edificios y los desperdicios llevados por el viento es un ricón del corazón. Cuando amanezca, llamaré a mis antiguos conocidos en Disalia y haré funcionar la vieja máquina otra vez. Te echo de menos Gas, todos lo hacemos.
