Aventureros del Mar
¿De qué cepa están hechos?
“Papá rechazaba todo lo normativo, estaba fuera de las estructuras. Los que tuvieron trato directo con él no son muchos, y los que tuvieron trato directo son porque él quiso, son los que a papá le interesó transmitir cómo era en esencia él personalmente. Los que lo conocieron no pueden hablar mal porque lo conocieron bien.”. Son palabras de Vito Dumas (hijo) sobre su padre Vito Dumas más conocido como El Caballero del Mar, el intrépido navegante solitario argentino que en 1943, dio la vuelta al mundo cumpliendo una proeza sin precedentes en la historia de la navegación. “Voy en este mundo materialista, a realizar una empresa romántica” fueron sus palabras cuando anunció su decisión de lanzarse a los mares otra vez.
Parece que este tipo de descripción de perfil es muy común entre los aventureros del mar.
Aventura según el diccionario, es un suceso extraño o poco frecuente que vive o presencia una persona, especialmente el que es emocionante, peligroso o entraña algún riesgo.
Y automáticamente me pregunto ¿de qué cepa están hechos estos seres humanos que se atreven a vivir mucho más que una aventura, una auténtica búsqueda… un auténtico salto a lo desconocido?
¿Qué podemos saber sobre el mar? Como con todo, algunos saben más que otros, y desde diferentes perspectivas.
Pienso que el océano es casi análogo a la mente humana en ese sentido, dos de los más grandes misterios todavía sin descubrir por completo. Y entonces vuelve a mi esa pregunta que me desvela, me vuelvo a preguntar qué piensan estas personas que deciden dar este tipo de saltos, que deciden enfrentarse de manera voluntaria a los más tácitos pero profundos peligros a los que siempre les tememos, a los que muchas veces de hecho evitamos enfrentar, y sin embargo ellos, pareciera que van en su búsqueda. ¿Por qué?
Pero como si el mar o la mente pudiesen ser comunicados con palabras.
Y aun así me sumerjo en la aventura de poder descubrir algo, de poder encontrar respuestas buceando estas historias de vida que son de una gran profundidad, que inspiran, que fuerzan a reflexionar, aunque sea por un momento, sobre las elecciones y los compromisos que hacemos en la vida.
Como sea, estos aventureros del mar cuyas estelas me dispongo a seguir, tienen mucho que contar y de hecho lo cuentan en sus blogs, como una manera de compartir tanta simpleza inmensa que viven día a día en sus travesías aventureras alrededor del mundo a bordo de sus barcos.
Y en el inicio de mi investigación, me encuentro con la gran aventura que emprendió la francesa de 30 años Capucine Trochet y su travesía de vida junto a su pequeño velero de origen bengalí Tara Tari, una historia que me dejó sin respiración durante casi todo un día mientras me devoraba todo lo que pude encontrar sobre ella en Internet. Vaya primer puerto con el que me encuentro. Su sola historia ya da para escribir un libro, un solo post siempre quedará corto, aunque la “simplicidad voluntaria” es justamente la filosofía de vida de este equipo de navegantes oceánicos “Capucine & Tara Tari”.
Lo primero que aprendo, es que hay una relación muy estrecha entre barco y navegante, una relación emocional, y ¿cómo no? Automáticamente me viene a la mente la figura de Wilson (la pelota) en la película Náufrago.
-Uno se aferra a su familia, a sus amigos y a sus sueños en los momentos más difíciles- cuenta Capucine en una entrevista que le hicieron, y suena emocionalmente lógico. Y a bordo de su barco, el viaje se transforma en una travesía en equipo, donde uno depende del otro, y el otro depende de uno.
Siguiendo el viaje de investigación, descubro la historia del joven australiano Jesse Martin, que con solo 16 años se convirtió en el navegante solitario más joven en dar la vuelta al mundo. -Quiero expresarme, y navegar por el mundo ha sido mi forma de hacerlo- repite Jesse una y otra vez.
Como denominador común, encuentro que todos los que viajan en barco por el mundo alegan que navegar de un lugar a otro, pasando por sitios tan distintos, te da la oportunidad de sumergirte en culturas distintas. De pronto el viaje se transforma en una forma de vida. La aventura no tiene que ser extrema para ser intensa. Es importante tener miedo porque el miedo nos permite ser humildes. Es importante tener lo que se llama “miedo sano” para ser previsores alegan los navegantes.
¿Pero es acaso la tierra firme lo que verdaderamente marea a estos aventureros del mar que permiten que su única guía y su reloj sea el viento, necesitan el abismo oceánico, vivir peligrosamente?
¿Y los padres, los amigos, la gente que los quiere? ¿Qué piensan? ¿Que sienten? ¿Cómo viven y manejan la ausencia y una incertidumbre que no eligieron vivir? Muchos dicen “están fuera del mundo”, pero ¿no será que solo están fuera de nuestro mundo? Este tema da para un capítulo aparte.
Y después de todo ¿Quién no ha soñado alguna vez con abandonarlo todo, huir de la monotonía y explorar el mundo?
Este es mi viaje actual. Esta es mi búsqueda. Me dispongo a navegar en principio, por el océano de Internet, para poder alcanzar y navegar los mares oceánicos junto a estos grandes aventureros del mar, y así lograr navegar sus mentes, sus almas, y finalmente saber de qué cepa están hechos.
Y reflexiono, tal vez conociéndonos cada uno en su fibra íntima, de la manera que sea, con la búsqueda que sea, podamos terminar conociendo y vibrando la fibra común de una humanidad que pide a gritos, cada vez más, volver a lo esencial.
“Me esperan los días
que pretendo llenar
y que me hagan vibrar.
Y aprendiendo mi vida
solo quiero sentir
que no es vida perdida”.