The Rocky Horror Picture Show y su influencia en el cosplay

Para no dejar pasar del todo la temporada de espantos y fenómenos, y esperando no sea muy tarde, la columna de hoy se la dedicamos a The Rocky Horror Picture Show, título que evoca muchísimo más de lo que la gran mayoría supone y que, como se especificó en la primer emisión de esta serie, tuvo gran influencia en dar forma a lo que hoy conocemos como el default de todo evento tipo convención con asistentes disfrazados.

The Rocky Horror Picture Show es una obra que, aunque comúnmente es asociada al cine de culto en apartados como horror y ciencia ficción, posee una historia riquísima y ha permeado muchos otros aspectos y medios distintos al suyo, como el que aquí nos ocupa. De hecho, su totalmente no intencionado paralelo con la cultura del cosplay es digno de apreciar, pero para entenderlo más a fondo hay que empezar por el principio.

Con música, letras y libreto originales del inglés Richard O’Brien, el musical inició su vida en junio de 1973 en el Royal Court Theatre de Londrés —con un número de funciones más que limitado — , pero rápidamente se convirtió en un favorito y comenzó a presentarse por toda Inglaterra. Sí, contrario a lo que se piensa, la obra estuvo en teatros primero. Tan solo 2 años después, habría llamado tanto la atención que se llevó a cines por Michael White Productions, en una coproducción de Inglaterra y Estados Unidos, distribuida por 20th Century Fox. El filme contó con dirección de Jim Sharman y el mismo O’Brien, quien también retrabajó toda la música y actuó el rol del mayordomo Riff Raff junto a un elenco que incluyó a gigantes de sus tiempos como Susan Sarandon, Tim Curry y hasta Meat Loaf. La película, que es su encarnación más popular, fue filmada en su mayoría en los estudios Bray, en Inglaterra; mismos que antes pertenecieron a Hammer Film Productions, compañía que entre las décadas de los años 50 y 70 cosechará grandes éxitos del cine de monstruos con sus reinterpretaciones de clásicos como Dracula, The Mummy y The Curse of Frankenstein. Esto permitió que la producción de TRHPS tuviera acceso a todo tipo de materiales olvidados de esos filmes que los fanáticos se encargaron de reconocer y alabar. A pesar de ser una producción de importancia, hecha y derecha, TRHPS contó con un presupuesto de US$1.4 millones — bajo incluso para su época— y fue de inicio considerada un fracaso comercial en taquilla, además de recibir las peores críticas. Pero eso fue justo lo que la obra necesitaba y nadie pudo imaginarse lo que vendría después.

Richard O’ Brien escribió el musical entero durante un invierno que se quedó sin trabajo, “solo para mantenerse ocupado”.

La cinta fue retirada de los circuitos comerciales más en forma a la brevedad, para luego dar el salto a cadenas más pequeñas, cines tipo grindhouse, cinetecas y cualquier otra sala de proyección donde se le recibiera. Fue en este ambiente underground donde los fanáticos la encontraron en 1976 y la convirtieron en la función de medianoche por excelencia. El show del Terror de Rocky (como se le conoce en español) ha recaudado desde entonces más de US$140 millones — según cifras del 2013 — , y digo desde entonces ya que jamás ha salido de estas carteleras alternativas, lo que la convierte en el filme (de cualquier tipo) con la exhibición más duradera de todos los tiempos. A la fecha y no importando dónde se esté, es posible encontrarla en algún lado y es más que recomendable asistir a verla. The Rocky Horror Picture Show no es una película que se vea y ya, es una experiencia que debe ser vivida en las salas de cine/teatros donde se presente y esto se debe a lo que su comunidad ha hecho de ella.

Por alguna razón, The Rocky Horror Picture Show engendró una audiencia que decidió celebrarla al turno que la ve, con todo tipo de rituales que incluyen el disfrazarse de los personajes, gritar ciertas líneas de diálogo al unísono de los actores interpretándolas, corear las canciones de igual manera, ponerse de pie y bailar los números musicales y tener otro tipo de participaciones que están tan bien establecidas y representadas que incluso existen guías, manuales y libros detallándolas. Si se quiere ver la película con tranquilidad es mejor conseguirla en alguno de los múltiples formatos disponibles y quedarse en casa, ya que de asistir a una de sus funciones es necesario ir con la mente muy abierta y estar dispuesto a dejarse llevar y participar.

Lo anterior ha hecho que TRHPS alcance niveles meta muy interesantes. El número musical de apertura, “Science Fiction/Double Feature”, tiene su letra construida únicamente con títulos, frases, personajes y situaciones del cine del tipo de años previos, es entonada por unos labios femeninos de los cuales emana una voz masculina y la apenas coherente canción es seguida al pie de la letra durante la trama de la película: Brad y Janet, joven pareja de recién casados de lo más apegados a lo heteronormado y las costumbres más socialmente aceptadas de su tiempo, llegan por accidente a un castillo donde se celebra una convención fuera de serie que los hace ser parte de todo tipo de conductas de comportamiento de lo más extrañas (de nuevo, para la época). Los “poco convencionales convencionistas” celebrando, resultan ser alienígenas transvestidos (de ahí los disfraces) del planeta Transexual, de la lejana galaxia Transylvania, comandados por el anfitrión del lugar, el Dr. Frank N’ Furter, vampiro científico y “dulce travesti” que tiene por misión montar un show musical de tipo cabaret que libere a sus espectadores de inhibiciones sexuales e incluso ha resuelto el misterio de la creación, trayendo a la vida al hombre musculoso perfecto… para sus fines.

Toda la presentación está repleta de tributos al cine de horror y ciencia ficción, constantemente oscilando entre los segmentos que se encargan de dejar claro que se está en una película del mismo género, a veces rompiendo la cuarta pared y reconociendo a la audiencia directamente, y no hay que olvidar las escenas musicales. Resulta perfecto que no se planeara el hecho de que la obra inició siendo un musical, llegó a cines y, tras su éxito ahí, fue luego adoptada por miles de compañías de teatro alrededor del mundo para adaptarla — de nuevo —al formato de obra musical, el que el argumento tenga a los protagonistas montando su propia producción del estilo no está de más. A principios de este año ocurrió lo inevitable, se produjo una nueva versión de la película. Titulada The Rocky Horror Picture Show: Let’s Do the Time Warp Again, fue una producción modesta y directo a video que es opacada totalmente por la sombra de su original y las mil y un puestas en escena de mejor calidad ya existentes, pero que tiene a bien el incorporar a un grupo de fanáticos que asiste a una función del título. Es decir, la película presenta a gente viendo la misma película y en ocasiones corta a tomas de ellos recreando las ya emblemáticas participaciones.

¿Pero cómo está se relaciona con el cosplay? No es solo el cosplay, la escena entera de convenciones, sean de ciencia ficción, cómics, anime, cine, videojuegos y otras más excéntricas le debe mucho a TRHPS. Si bien, los eventos similares ya existían desde comienzo del siglo pasado y los asistentes disfrazados ya se dejaban ver, no fue hasta que la audiencia del musical inglés desarrollara sus juegos de rol (y estableciera sus rituales) que se empezó a ver un incremento en este tipo de conductas y un claro fin de celebrar y formar parte de las obras amadas, mismos que hoy podemos ligar a las exhibiciones de cosplay grupales, las fiestas exclusivas tras los eventos, entre otras. De alguna manera, The Rocky Horror Picture Show logró la tan ansiada liberación que sus personajes proponían. La cultura LGBT fue la primera en tomarla como estandarte (por obvias razones) como una interesante declaración/celebración sobre identidad de género; pero no la única, el mensaje es el mismo que el que hoy mueve a la disciplina del cosplay: “No lo sueñes, sélo” (“Don’t dream it, be it”), canta Frank N’ Furter rumbo al final de la obra, en una clara invitación a dejarse llevar y vivir la vida del modo que te haga más feliz, así involucre vestir del sexo opuesto, de tu personaje de anime favorito, o de tu personaje de anime —del sexo opuesto— favorito.