Devenires de géneros

Femenino y masculino: peculiaridades y transformaciones, la diferencia es la respuesta.


Los discursos que ahonda en las sociedades occidentales sobre mujeres y hombres, no sólo está en función de determinadas prácticas sociales que se establecen como patrones a seguir, sino se observa una suerte de reacción social y cultural, como fenómenos postmodernistas en respuesta generacional o incluso como nuevos paradigmas de cambio, muchas de las cuales tienen su arraigo en la genética y en la historia que toma validación social para hacerse universal. En esta cadena de hábitos y costumbres, lo ancestral está presente e interiorizado y se reproduce en el escenario mismo, en aquella típica pelea de género o el disfrute del mismo, todo ello como parte del imaginario colectivo.

Me remito hablar de estas diferencias a partir de una mirada que abarca las Ciencias Sociales y la Neurobiología, diferencias que a su vez son complementos entre estos dos hermosos géneros: lo femenino y lo masculino. Que coexiste en diversos planos y que en la actualidad, hay una suerte de aceptación y tensión, para llegar a una igualdad que, sinceramente, es difícil establecer debido a los grandes rasgos que poseen cada uno, aquellas diferencias que deberían ser comprendidas para luego ser apreciadas en un mismo contexto y tomarlas como esa igualdad, que yo las llamo: reflexión.

Desde la evolución de mono a homo sapiens- sapiens (hombre que posee conciencia), tanto hembra como macho no concebían quién era quién, por ende no existía la concepción de pareja ni mucho menos un sistema de valores o creencias asociados a sus géneros y necesidades, en este permanente cambio empezaron a comprender y recorrieron lugares, situaciones de poder, de grupo y otros comportamientos (éstos dos últimos no lo desarrollaré). Posteriormente, dejaron de migrar y se acentuaron en un espacio donde no sólo se determinó los roles sino dio paso a un punto trascendental: los géneros, en dicho proceso se redefinió un estilo de vida que fue tomando forma con los siglos de evolución y civilización, que conllevaron (por suerte o desgracia) a diversas sociedades y estructuras mentales.
Esta suerte de cambio de nómada a establecerse un punto fijo, generó en los primitivos machos salir a cazar y buscar alimento algo que les permitió desarrollar su agilidad y precisión- la neurobiología lo define como su área espacial- la misma que le da mayor predisposición para las matemáticas, carreras autos, medir permanentemente el espacio y todo lo que esté relacionado con ese lóbulo izquierdo; Mientras, las mujeres no carecemos de ello, pero en compensación natural desarrollamos dos áreas del lóbulo, la misma que no permite tener mirada fotográfica donde ningún detalle se nos escapa, no lo vemos como un todo y nos permite realizar actividades simultaneas, además de sentir, esa intuición única.

Al permanecer al cuidado de la tribu, la mujer empezó a cultivar el lado del “sentir”, el sentir femenino una suerte de internalización constante, que ha sido referencia de diversos estudios que nos permite entender más allá de lo emocional o no sólo a nivel afectivo y cognitivo, sino relacionado con su condición natural; es decir, al no tener visible nuestro aparato sexual, como no ver como orinamos, como la excitación e incluso el órganos, no pasa por lo visual sino por el “sentir”, todo como procesos que nos permite retener una tendencia muy femenina de llevar todo como un proceso; por ejemplo valoramos los previos a la penetración como la culminación del ritual, algo que lo masculino no puede hacer ya que ellos son visuales: ven su pene, ven como orinan, ven como se excitan y como llegan al orgasmo, a diferencia de lo femenino, todo lo mencionado explicaría que las mujeres tengamos más y mejor capacidad para la intuición.

Podemos llegar a un conceso a partir de la feminización de lo masculino y viceversa. Si queremos una igualdad, ésta no pasa por ser iguales sino por comprender las diferencias sin justificar prácticas sociales y discursos innecesarios, sobre el poder que ejerce el género y la reinvindicación del otro, sino de rescatar las capacidades que cada uno ha ido conseguido en ese largo camino de evolución, que sigue y será constante.

AnnQ