
Elije lo mejor
- Lucas 10
Habían dos hermanas: María y Marta. Ellas tenían un hermano, Lázaro, a quien Jesús lo consideraba su amigo.
Un día Jesús pasaba por su aldea y ellas lo invitaron a entrar en su casa. Marta, como buena anfitriona, preparaba todo para ofrecerle a Jesús. Mientras que su hermana María solo se sentó al lado de Jesús para escuchar lo que decía.
En la angustia y estrés de Marta por tener todo bien preparado y no desantender a Jesús, hizo que se desesperara y reclamara: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sirviendo sola? ¡Dile que me ayude!”
Pero, como siempre, Jesús tenía la respuesta perfecta. Aquellas respuestas que podemos leer en los evangelios donde Él solo dice tres palabras e impactan y dejan a los demás sin más que decir.
“Marta, Marta — le contestó Jesús — estás inquieta y preocupada por muchas cosas, pero sólo una es necesaria. ¡María ha escogido la mejor, y nadie se la quitará!”
¡María ha escogido la mejor, y nadie se la quitará!
Entonces pregunto, ¿cuántas veces nos hemos enfocado tanto en qué material ofrecerle a Jesús, en vez de alegrarnos por ver a Jesús?
Un hombre llamado Pablo era conocido por ser un ´perseguidor de cristianos´. Hasta que un día Dios se presentó frente a él; pues ya lo había escogido para dar a conocer el nombre de Jesús (Gálatas 1:15 / 1: 23).
Cabe destacar el gran amor y la misericordia de Dios, ya que no vió a Pablo como un hombre inmundo ni pecador, sino que vió en él un potencial y talento para dar a conocer Su Nombre (Hechos 9:15–16) y, en efecto, así fue.
Años más tarde, Pablo escribe libros para las iglesias, relatando su experiencia como servidor e hijo de Dios. Les explica que, al morir Jesús en un madero por nosotros, nos justificó para la vida eterna.
Esto porque antes de que Jesús viniera, el ser humano era condenado a muerte por sus muchos pecados, pero por gracia ahora somos libres de la muerte. Y, además, podemos tener una relación íntima con Dios.
En fin, Pablo escribe sobre el perdón de Dios a nosotros, sus hijos: Que ahora somos salvos por el amor de Jesús, justificados por Fe (Romanos 5:1).
Justificados por Fe.
Ahora tenemos paz por medio de Jesús, nuestro Señor.Es la Fe que tenemos en Jesús la que nos hace libres. Cuando entendemos lo que es ´creerle a Dios´, veremos desde otra perspectiva los problemas. Ya que por FE creemos que nuestro sufrimiento tiene un fin. Un fin que nos lleva a un camino de paz y de amor.
Regresando a la historia de las hermanas Marta y María, podemos ver cómo actuó cada una ante la visita de Jesús a su casa.
Por lo general, acostumbramos atender al máximo a las visitas que lleguen a nuestra casa. Procuramos que estén cómodos, felices y les sea de agrado visitar nuestro hogar.
Ciertamente Marta pensó igual. El día en que Jesús pasaba por Betania, ella lo invita a su casa, donde estaban sus dos hermanos Lázaro y María. Cuando Jesús entra Marta se apresura en preparar la comida, mientras que María toma el rol de atender a su invitado.
Para ambas, su posición era la correcta:
1) Servir a Jesús (Marta)
2) Escuchar las palabras de Jesús (María)
Sin embargo, Jesús destacó quién realmente estaba haciendo lo correcto: María. Ella decidió escuchar, mirar a Jesús, invertir tiempo en Él.
A veces creemos que es suficiente servir, ofrendar, orar en la mañana al despertar, etc. Pero hay un mejor método para agradar y conocer a Dios:
VER A DIOS
Cuando comenzamos a ver a Dios como nuestro Padre, podremos comprender que realmente la relación trata de Él y nosotros. No trata de Él y las acciones que realizamos para agradarle.
Si bien es cierto, servirle a Dios es un privilegio que se nos es dado y es bueno aprovecharlo. Honrar a Dios con nuestro dinero, trabajo, familia, amigos, tiempo, etc. Pero no debemos olvidar para quién hacemos todo esto.
Porque es normal creer que lo que le entregamos como honra es suficiente y nos enfocamos tanto en que darle cuando estamos olvidando lo primero: recibir de Él.
Pero no me refiero a recibir soluciones, sanidad, bendiciones…me refiero a conocer quién es Dios realmente: “¡Quién es Dios para mi!”
Por lo que no debemos olvidar la adoración, pues por medio de ella conocemos a Dios y construimos una relación Padre — Hijo. Porque somos sus hijos, gracias a la Gracia dada por Jesús, al dar su vida por la nuestra.
La relación que tenemos con Dios como Padre nuestro es la base de una vida sana, una vida buena y santa
Por lo tanto,
