En estas navidades, turrón y ¿elecciones?

256 días llevamos sin gobierno y, a este paso, la cifra va a alcanzar las tres centenas. Tras el primer intento fallido de investidura de Mariano Rajoy, las tan temidas terceras elecciones podrían estar a punto de convertirse en realidad. A no ser que Pablo le diga a Sánchez. ¿O no?

Durante el debate de investidura de ayer, Pablo Iglesias volvió a tenderle la mano al Partido Socialista, siempre y cuando Ciudadanos no forme parte de esa coalición de izquierdas que se postula como la panacea. Pero de lo que el secretario general de Podemos todavía no se ha dado cuenta es de la imposibilidad ideológica que se plantea. Y esto sucede por dos razones.

En primer lugar, el caso catalán. En el Congreso encontramos dos partidos de naturaleza catalana: Esquerra (ERC) y Convergència (CDC). Si tenemos en cuenta, por un lado, que el PSOE es uno de los abanderados en impedir la convocatoria de un referéndum para la autodeterminación de Cataluña y, por el otro, que los propios políticos socialistas afirman que “CDC ha llevado a cabo recortes sociales que chocan con [sus] principios” (Palabras de Carmona en Al rojo vivo), el apoyo de estas dos formaciones quedaría descartado. 
Y en segundo y último lugar, el caso vasco. Es de todos conocido que EH Bildu es un partido ligado en muchos aspectos a ETA, y el PSOE condena rotundamente el terrorismo e, incluso, clama a favor de la inhabilitación de Otegi para presentarse como lehendakari. Además, tirando de hemeroteca, la propia dirección del PSOE vetó pactar con el partido vasco. Y la ideología conservadora del PNV choca con el “socialismo” del PSOE. Por todo ello, el apoyo de los vascos quedaría también descartado.

Pero todo esto es en la teoría, porque en la práctica todo puede cambiar para que nuestro querido Pedro siente su culo en La Moncloa. Aunque ello conlleve aceptar la convocatoria de un referéndum en Cataluña, traicionar sus principios socialistas o pasarse por el arco del triunfo lo que su partido decide. Y sería en este caso cuando la mano de Pablo Iglesias serviría para algo.


La realidad, sin embargo, está bastante lejos. Porque si ya es difícil que dos formaciones políticas se pongan de acuerdo, que lo hagan seis es casi una utopía. Y mucho menos si entre esas formaciones se encuentran dos nacionalistas.

Así que, ¿qué nos queda? Que Pedro Sánchez abandone antes de que en su partido se le haga una caza de brujas para lograr la abstención que muchos de los barones desean. Que Rajoy marche a Galicia a reflexionar y otro u otra popular tome el mando para que el PSOE se abstenga. Que una revuelta en Unidos Podemos consiga echar a Pablo Iglesias de la secretaría general para un gobierno PSOE-UP-Cs, alternativo al PP. O que haya terceras elecciones y el PP siga ganando apoyos, tal y como muestra una reciente encuesta de “eldiario.es”.

Y todo parece indicar que el 25 de diciembre nos vemos de nuevo en las urnas, anclados a una situación de bloqueo político de la que no saldremos nunca. O sí: cuando once diputados del PSOE, en un inesperado giro de los acontecimientos, este viernes se abstengan y no haya nuevas elecciones, sino un gran cisma en la vieja izquierda y una nueva etapa de la centro-derecha, en la que no sabemos dónde quedó el centro.

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