Ésta mañana me desperté con un pensamiento añejo que deseo compartir, es sobre las lecciones y el ejemplo que me ha dado el tiempo:
El tiempo no es bueno ni es malo, sólo sigue su naturaleza, ¡Somos nosotros los que lo convertimos en nuestro amigo o en nuestro enemigo! Pero él sigue siendo el mismo, siempre avanza impasible y constante, no hay nadie que lo pueda detener porque su marcha es infinita. El tiempo lo abraza todo y no niega nada, lo da todo y no retiene nada y así se mantiene ligero para su viaje. El tiempo sólo avanza, siempre está en movimiento constante y nunca se detiene. A veces como seres humanos “sentimos” que se detiene pero al final de cuentas es solo una ilusión de nuestra memoria porque el tiempo ha continuado su marcha.
He aprendido del tiempo a ser constante.
He aprendido a seguir siempre adelante y no dejar de moverme.
He aprendido a aceptar y asimilar las situaciones de la vida.
He aprendido a viajar ligera, libre de rencores y resentimiento.
He aprendido a dar sin esperar nada a cambio, a no tener un apego a las cosa materiales, a armar y a amar y aceptar a las personas.
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