Salud Publica, un trago de Candombe y una carcajada
Toda via hay fundos con payasas donde pongo mis sueños. Son 7 payasas — un universo a la parte de todo que se puede imaginar en registros. Me pusieron en una comitiva (caravana, muchedumbre carnavalesca), pero todas sen narices rojos. Estaba frío de invierno.

El Candombe forma un cortejo por Caballo, en la capital del Departamento y ladra que muchas veces la tierra no puede decir; con tres tipos de tambores de cueros. No hay mujeres tocando, pero bailan a frente del bloque de hombres que tocan. Hay una muchedumbre bailando, bebiendo y calentando los cuerpos. Los niños abren alas, con un futebol infantil, después las bailarinas con ritmo para calentar los ombligos y jugar con quien mira. No se escucha nada cuando la marcha pasa;- radio, novela, televisión — solo el ritmo de los tambores.

El único negro es un señor viejo, que toda via esta solo a bailar entre las muchachas. Las únicas que no tienen una coreografía cierta son las payasas que hacen de la calle lo mejor escenario para sentir que la tierra no para tocar, con un canto encantador de miradas sen idiomas.
