El aprovechamiento múltiple de los montes en Las Caderechas

El monte de repoblación es el gran dominador del paisaje de Las Caderechas, en el extremo noroeste de la comarca burgalesa de La Bureba; destacando por encima de las manchas de bosque autóctono que permanece latente en las áreas más agrestes y resurge vital en las zonas más bajas de los valles.

En Las Caderechas -lo mismo que en otras áreas próximas- el bosque se ha visto acorralado por la repoblación masiva de ‘pino resinero’ o negral (Pinus pinaster) llevada a cabo a lo largo del siglo XX, con el fin de explotar los muchos aprovechamientos industriales de la ‘miera’ de resina y de su masa maderera.

Vista del valle, desde las proximidades de Huéspeda (Burgos).

La caída de la rentabilidad en la explotación de la resina de ‘pino’, sufrida en las últimas décadas del siglo pasado, hizo desaparecer completamente la actividad extractiva en la zona, dando la oportunidad a las especies autóctonas de recuperar parte del espacio perdido, en beneficio de la riqueza y equilibrio del ecosistema en su conjunto.

El bosque primario (de tipo ‘templado, mixto’) estaba compuesto en su estado natural por especies diversas de árboles y matorrales, como: ‘encina’, ‘quejigo’, ‘rebollo’, ‘roble albar’, ‘carrasca’, ‘pino silvestre’, ‘madroño’, ‘serbal’, ‘avellano’, …

Actividades forestales

Después de 4 décadas de abandono completo de la actividad, ha resurgido nuevamente el aprovechamiento de la resina de ‘pino’ (Pinus pinaster), dándose en estos últimos años nuevas adjudicaciones para su explotación.

La razón de esta recuperación la encontramos en el repunte en el valor de la resina, como consecuencia de las importantes fluctuaciones del precio del petróleo, de la inestabilidad de las importaciones y (sobre todo) del cambio de modelo productivo de países como China y Brasil hacia la exportación del producto ya procesado.

Zona de tala forestal programada en Las Caderechas (Quintanaopio, Burgos).
Algunos de los derivados que se obtienen de la resina vegetal son la ‘colofonia’, ‘aguarrás’ natural y ‘trementina’; siendo las industrias química, farmacéutica, alimentaria y papelera sus principales destinatarias.

Otro de los grandes recursos de la explotación forestal son los que se obtienen directamente de los aprovechamientos madereros. Así por un lado, se encuentran los suministros de materia noble -mediante la tala programada de ‘pino’- para diversos usos, como: muebles, láminas, vigas, tablero aglomerado, contrachapado, pasta de papel, pellet, etc.

Por otra parte, se encuentran los suministros que proveen de la biomasa resultante de los restos de las grandes talas forestales, de las piñas y de las limpias de especies de monte bajo. Éstos, además de entrañar un peligro real para la subsistencia del propio monte, permiten también obtener diversos aprovechamientos, tales como: leña, compostaje y generación eléctrica.

Recursos silvestres

La explotación de los recursos forestales -además de repercusión en lo económico- trae consigo también innumerables ventajas ambientales, como la prevención de incendios forestales, la generación de espacios de tránsito para la fauna y la proliferación de especies silvestres.

Entre los recursos silvestres disponibles en los montes y bosques de Las Caderechas, resulta familiar toparse con gran variedad de hongos y setas, como: negrilla, pardilla, galamperna, níscalo, cantarelus, colmenilla y (en menor medida, también) de cardo, pie azul y carrerilla.

Ejemplares de níscalo (Lactarius deliciosus) en pinares de Las Caderechas.

Por la gran extensión forestal, el protagonista sin discusión en esta zona es el ‘níscalo’ (Lactarius deliciosus), y no solamente por su alto valor culinario (dos tenedores); sino por la gran trascendencia económica que en otros tiempos éstos tuvieron en la economía local. Durante varias décadas del siglo pasado, por toneladas se median las cantidades que de esta preciada seta embarcaron anualmente camino de los mercados barceloneses, donde el ‘níscalo’ (o mejor dicho, el “robellón”) era una pieza altamente codiciada.

Además de los recursos micológicos, también está el aprovechamiento que se hace de diversos frutos silvestres, como por ejemplo: zarzamoras, endrinas, escaramujos, majuelas y enebrinas; de la misma forma que de un gran número de plantas aromáticas y medicinales, tales como: tomillo, orégano, brezo, espliego (o lavanda), brecina, manzanilla, té de roca, retama negra, cardo mariano, diente de León, etc.

Enclavado entre dos áreas bioclimáticas diferenciadas, el bosque de Las Caderechas es especialmente rico en frutos y plantas que son utilizadas con propósitos diversos: culinario, balsámico, aromático, espiritoso, etc.
De izqd. a dcha. y de arriba hacia abajo: endrinas (Prunus spinosa), moras (Rubus ulmifolius), jerbas (Sorbus acuparia), cornijuelos (Amelanchier ovalis), majuelas (Crataegus monogyma), escaramujos (Rosa canina).

Apicultura

Son las especies vegetales -de las que acabamos de hablar- las que proveen a las ‘abejas’ (Apis mellifera) del polen con el que elaboran diferentes tipos de miel natural, como: miel de brezo (o de calluna), miel de tomillo, miel de espliego, miel de bosque (o rocío de miel), miel de diente de león, etc.

Hasta no hace demasiadas décadas, era habitual encontrarse con colmenas (aquí llamadas “dujos”) alojadas en los lugares más insospechados y muy próximos al hombre. Normalmente se componía de un cajón de madera o del simple tronco hueco de un árbol, en el que se introducía un cesto de caña para su mejor manejo. Éste era finalmente empotrado en la fachada de algún edificio auxiliar (tipo cuadra o almacén) e, incluso, de la propia vivienda.

“Dujo” sobre fachada de edificio, en la localidad de Padrones de Bureba (Burgos)

Posterior y especialmente con la llegada de la varroasis (enfermedad producida por el ácaro de la varroa), se abandonaron las prácticas más tradicionales y se pasó a la cría en colmenas prefabricadas (de panales móviles), situadas ya fuera de las poblaciones, que mejoraban de forma muy sustancial la producción y recogida de la miel.

Se trata, en este caso, de un ejemplar aprovechamiento económico perfectamente armonioso y beneficioso para el medio natural, debido al importante papel polinizador que las abejas desempeñan.

Tanto más que como actividad económica complementaria, la apicultura tradicional supuso un suplemento más en la alimentación familiar en aquellos duros tiempos de subsistencia. Hoy en día, además de por el aprovechamiento económico directo que de ella pueda hacerse, esta práctica resulta un medio (sin igual) de conservación de la diversidad biológica en provecho del mantenimiento del ecosistema de la zona y (por ende) del resto de actividades económicas que de él penden.

Campo con colmenas en una de las localidades del valle de Las Caderechas.

Caza y pesca

Los recursos cinegéticos se gestionan en Las Caderechas mediante ‘cotos’ públicos, los cuales son adjudicados por la administración local -mediante ‘oferta’- a promotores privados que se encargan de su gestión y explotación.

En estos ‘cotos’ se cobran principalmente piezas de caza mayor, como el corzo (Capreolus capreolus) y el jabalí (Sus scrofa); así como también se recurre a la caza menor de paloma torcaz (Columba palumbus) y la tórtola común (Streptopelia turtur).

Panorámica del río Vadillo a su paso por el paraje de “los riscos” (Quintanaopio, Burgos).

La pesca en esta zona -especialmente prolífica en surgencias y corrientes de agua- se encuentra prácticamente vedada en su totalidad y autorizada únicamente en tramos libres de los ríos Oca y Homino. En ellos se encuentran abundantes truchas (Salmo trutta o trucha común) y cangrejos, tanto rojo (Procambarus clarkii) como de señal (Procambarus leniusculus).

Pastos

Siempre en relación con la ganadería extensiva, están los aprovechamientos de los montes de titularidad pública para pastos de ganado. Su composición vegetal, basada principalmente en especies de ‘monte bajo’, les ha hecho tradicionalmente apropiados para cabañas de ganado bobino y caprino; como se recogía en el “Diccionario de Madoz”, a mediados del siglo XIX.

Aunque en franco retroceso, el mantenimiento de esta modalidad ayuda a conservar limpios los montes de la zona, evitando su degradación y previniendo de posibles incendios forestales. No es extraño, al caminar por los caminos y senderos, encontrar postes y alambradas que delimitan los espacios reservados (aún hoy) para esta finalidad.

Monte de Utilidad Pública, en el término de Cantabrana (Burgos).

En otro tiempo, la ganadería suponía una actividad complementaria de la economía familiar de los habitantes de Las Caderechas de trascendental importancia, junto con la agricultura de subsistencia, los aprovechamientos de los montes y el cultivo de frutales.

Las ‘vacas’ y ‘bueyes’ aportaban -por entonces- la fuerza necesaria para el trabajo de los campos, mientras las ‘cabras’ cubrían necesidades alimenticias de leche y -llegado el momento- también de carne.

Es por ello que los concejos costeaban directamente la contratación de pastores (junto con sus inseparable chivos) para que -con la primera luz del alba- recogiesen puntualmente el ganado de los vecinos y los llevasen juntos por las veredas (conformando rebaños), a pastar y sestear cada jornada a un monte público diferente.

En relación: “El medio físico y natural de Las Caderechas”.

Texto e imágenes: Jorge Plaza Bárcena