Quintanaopio y la fundación del monasterio de Oña

Panorámica de la villa de Oña y del monasterio de San Salvador.

El Monasterio de San Salvador de Oña fue fundado en el año 1011 por el conde de Castilla Sancho García (“el de los buenos fueros”) y su esposa Doña Urraca (Gómez), en cuyo panteón moran sepultura sus cuerpos junto con los de otros condes y reyes hispanos.

En su origen fue concebido como monasterio dúplice, con monjes y monjas procedentes de los cercanos monasterios de San Juan de la Hoz (en Cillaperlata), de Santa María de Loberuela (próximo a Terminón) y de San Pedro de Tejada (en el valle de Valdivielso).

En el año 1033, por orden del rey Sancho III (“el Mayor”) de Navarra y su esposa Doña Munia (hija del conde castellano fundador), el monasterio pasó a depender de la orden francesa de Cluny y a conformarse exclusivamente por monjes benedictinos, hasta su definitiva marcha a lo largo de la primera mitad del siglo XIX.

En el momento de mayor desarrollo, el monasterio llegó a tener bajo su jurisdicción más de 70 monasterios e iglesias repartidos por el norte de Burgos, Cantabria y este de Palencia. Siendo así, uno de los cenobios más importantes del entonces incipiente condado y posteriormente pujante reino de Castilla.
Escudo del condado de Castilla (autoría desconocida).

Villa de Oña

El deseo del conde fundador Sancho García y su esposa, Doña Urraca, era posiblemente el de encontrar un lugar apropiado para su enterramiento acorde al más alto rango de poder que ostentaban dentro del -para entonces ya independiente- condado de Castilla, en los márgenes de los todopoderosos reinos asturleonés y de Pamplona-Nájera.

Vista de la localidad con la sierra de Oña a sus espaldas.

Con este fin, pusieron sus ojos los condes castellanos en la preexistente villa de Oña que destacaba -y sigue haciéndolo- por lo particular de su emplazamiento, a la salida del ‘desfiladero del Oca’ y a los pies de la sierra que lleva su nombre (precisamente ‘oina’ es un término que todavía se usa en Euskera y se traduce al castellano por ‘pie’).

Además de la vistosidad paisajística del enclave, habría que añadirle la gran abundancia de agua que de forma natural continua manando a raudales de las entrañas de la sierra de Oña. Condición ésta indispensable y primordial, a buen seguro, para su elección.

No menos importante que los anteriores, un factor que pudo influir en su designación para albergar la nueva fundación monástica -bajo el patrocinio condal- fue la tradición de retiro espiritual existente y el gran número de eremitorios que proliferaban en el entorno más próximo durante la Alta Edad Media (Las Caderechas, desfiladero del Oca, valle de Valdivielso, desfiladero de la Horadada, etc.) y que posteriormente dieron lugar a nuevas poblaciones y a pequeños monasterios.

Villa de Quintanaopio

A comienzos del siglo XI la villa de Quintanaopio, junto con sus tierras de labor y montes circundantes, formaban parte del patrimonio de los condes de Castilla. Mientras, por contra, la villa de Oña -con sus casas y pobladores- rendían vasallaje al noble Gómez Díaz (hijo de Fronilde Fernández, sobrino y miembro de la corte del anterior conde, García Fernández).

Vista de la villa de Quintanaopio, en el valle de Las Caderechas.

Así pues, para la fundación del monasterio de San Salvador de Oña por parte de los entonces condes titulares de Castilla -Sancho García y Doña Urraca- fue previamente necesario realizar una compraventa de la propiedad o, mejor dicho, una “permuta” de la misma con sus legítimos propietarios, el noble Gómez Díaz y su esposa Doña Ostrucia.

Mediante acuerdo, el noble ‘Gómez Díaz’, entregaba al conde ‘Sancho García’ la villa de Oña a cambio de las heredades del conde que conformaban la villa de Quintanaopio y su territorio

Se conserva de este hecho testimonio documentado, mediante copia de ambas partes (comprador y vendedor) de la cuales una se realizó en latín y la otra copia en latín y castellano. Esta segunda copia obró en poder del ayuntamiento de Quintanaopio -de lo que hay repetido testimonio-, así como de sucesivas transcripciones que de ella se hicieron para su memoria y preservación en 1381 y durante el siglo XVIII.

El acuerdo de intercambio

En la copia del acuerdo que se conservó en el concejo de la villa de Quintanaopio, el documento se expresaba y encabezaba de la siguiente forma:

“En el nombre de Dios. Yo, Don Sancho, Conde en uno con mi muger, Doña Urraca la Condesa, damos a tí Gomez Díaz e Doña Ostrucia, tu muger, en precia e en cambio por la villa de Oña, con sus Casas e con los pobladores, que hi moran por todos sus términos, estas heredades que se siguen: […].”

Mientras que a continuación se hacía una descripción de las propiedades entregadas a cambio, entre las que la propia villa de Quintanaopio se incluía en el acuerdo de permuta de esta manera:

“ […] Esta villa, que es en termino de Cadrejías, que llaman Quintana de Opio, con todos los vezinos, e moradores del dicho lugar, con todas sus entradas e salidas, e con toda su tierra, e con todo el manzanal, que es cerca de el Río, que desciende, de Cadrejas e con su fuero escogido, conviene saber: que non paguen homicillo, nin otro tributo, nin fonsadera, nin tema a Merino nin poder del Rey, nin de Conde, nin de otro Señor de la tierra. E con tal fuero, e costumbre escogido Vos lo robro e confirmo. […].”
Imagen del documento de intercambio original (material: pergamino; dimensiones: 45x15 cm; letra: carolina, con tendencia gótica).

El resto de propiedades circundantes que conformaban el lote con el que el conde Sancho García, y su esposa Doña Urraca, compensaban la adquisición de la villa de Oña (con sus casas y pobladores) a sus anteriores propietarios para la fundación allí del monasterio de San Salvador de Oña, se describían sus límites de esta forma en el mismo documento:

“ […] El comienzo del termino a la pressa vieja de Cantabrana, las erias de Esidre a Soma Loma de tordos, a la ferrumbre en medio el camino a la Peña Cugujadilla, a fuente de la familia, a Peña pardiella, a Somo Sierra, a Santa Christinna e recude a la pressa vieja sobredicha, a fuente padierna e al Cuerno de teyedo, a la Peña del Cuerbo e al portiel dalar el Somo adelante, a fon Padre, e dende a Somo Valdetarrienzo el Val a iusso, a los angostielIos, e dende a los Corrillos, dende a la Cabaña Vieja de somo Valdemorgado, entra al molino de medio, al congostiello a la tajadura de la peña, dende a peña Redonda, dende al quadron, dende alla es de Abbad de Oño, dende acá es de Quintana opio, dende a cueto de Gómez, a Somo Sierra en Santa Christina. […].”

Para finalizar, el conde Sancho García resolvía y ratificaba el acuerdo de intercambio de las villas de Oña y de Quintanaopio en los siguientes términos, en fecha 7 de febrero del año 1011 (año 1049, según el cómputo de la Era hispánica):

“ […] Si por ventura alguno de mi generazion, o de otra generazion se esforzase en alguna Cossa a benir contra lo que de susso escripto es, la ira de Dios benga sobre él, e pague por ello al Rey de la tierra quinientas Libras de oro. Fecha fué esta Carta de Cambio Martes, a veinte y siete días de el mes de Febrero, en la Era de mill e quarenta e nuebe años. E al tiempo que regnaba el Rey Don Alfonso en Leon, e el Rey Don Sancho en Pamplona. E Yo el Conde Don Sancho, e mi muger Doña Urraca, e Yo Gómez Díaz, e mi muger Doña Ostrucia, mandamos fazer esta escriptura, e vimos al escribano leerla, e los signos, e el roboramiento.”

En relación: “San Vitores en Las Caderechas”.

Texto e imágenes: Jorge Plaza Bárcena

Fuente: Huidobro Serna, L., ‘Boletín Institución Fernán González’.