El valle de Las Caderechas

quintanAopio
Feb 6, 2018 · 6 min read

El territorio de Las Caderechas se localiza al norte de la provincia de Burgos (Castilla y León, España); en el extremo más noroccidental de la comarca de La Bureba, de la cual se distingue por su relieve abrupto y por una economía basada principalmente en el cultivo de frutales.

Separado por importantes barreras físicas, queda configurado el medio geográfico de Las Caderechas como un espacio, suma de distintos valles, caracterizado por un frondoso y llamativo paisaje donde el monte y el bosque se muestran aquí omnipresentes.

Se trata éste de un espacio con personalidad propia e identidad colectiva, situado en el límite de tres grandes unidades geomorfológicas: el Páramo de Masa (al Oeste), el Valle del Ebro (al Norte) y la llanura de La Bureba (al Sur y Este); de manera que el territorio de Las Caderechas se extiende por una superficie aproximada de 100 kilómetros².

Medio natural

Las especies vegetales dominantes en este territorio son (principalmente) el pino, roble y encina. Comparten éstas su protagonismo con la explotación de frutales (especialmente cerezos y manzanos) y con pequeños huertos de tipo familiar, situados en las vegas de ríos y arroyos.

El territorio de Las Caderechas se encuentra en su mayor parte incluido dentro de la red de espacios ‘Natura 2000’ por el destacado valor del medio natural que alberga. En él se dan un gran número de aves y rapaces, como: buitre leonado, águila real, halcón peregrino y mochuelo; así como de especies terrestres, tales como: corzo, jabalí, zorro y ardilla (entre otras).

La repoblación con ‘pino resinero’ o negral (Pinus pinaster), llevada a cabo durante el siglo XX en los montes públicos, ha marcado definitivamente la fisonomía de su paisaje, convirtiéndose así en la especie arbórea dominante.

Patrimonio

Aunque ocupado probablemente desde época prehistórica, su poblamiento se ha mantenido ininterrumpido (al menos) desde hace más de 1.000 años. En este tiempo, las localidades y parajes del valle de Las Caderechas han acumulado un amplio patrimonio artístico, arquitectónico, cultural y etnográfico.

Muchas son las muestras de arte mueble e inmueble (desde el estilo ‘románico’, pasando por el ‘gótico’, ‘renacentista’, ‘barroco’ y ‘neoclásico’) repartidas entre sus numerosas iglesias y ermitas; así como cuantiosos los testimonios de arquitectura militar e ingeniería civil, entre otros: torreones medievales, casas blasonadas, puentes, calzadas, canales y acueductos.

La ermita de ‘San Vitores recibe (el 26 de agosto) el homenaje anual de los vecinos de los pueblos de Las Caderechas y de la localidad de Oña, en una tradición de ámbito comarcal cuyo origen se pierde en el tiempo.

No debemos de olvidar tampoco las muestras de arquitectura popular y su patrimonio pre-industrial (molinos, hornos, potros, lavaderos, lagares, minas, etc.); así como eremitorios rupestres, conjuntos urbanos singulares y necrópolis medievales que aún se conservan.

Poblamiento

Se trata de una comarca geográfica de inconfundibles y acentuados rasgos rurales que acoge pequeñas localidades escasamente habitadas durante la mayor parte del año, con un tipo de poblamiento en cascos urbanos de morfología bastante compacta.

Llama la atención del visitante la especial nomenclatura de los pueblos de Las Caderechas y los topónimos de algunos sus parajes. Así, se encuentran aquí poblaciones que reciben los peculiares nombres de: Quintanaopio, Ojeda, Cantabrana, Rucandio, Bentretea, Terminón, Hozabejas, etc.

La denominadaCuadrilla de Caderechasfue una subdivisión administrativa que tuvo vigencia en el norte de la provincia de Burgos hasta principios del siglo XIX. Estaba ésta compuesta por 14 villas, un coto redondo y un despoblado.

Todos los pueblos de la antigua ‘Cuadrilla de Caderechas’ (incluidos, a su vez, dentro de la ‘Merindad de Bureba’) tuvieron la consideración y ostentan -aún hoy- el título honorífico de “villas”. Por el contrario, las localidades de Huéspeda, Madrid y Herrera (aunque geográficamente ubicadas en el mismo valle) dependían administrativamente de la ‘Merindad de Valdivielso’ y tenían únicamente la consideración de “lugares”.

Esta peculiar distinción administrativa entre núcleos de población cercanos, con un ámbito geográfico común, pudo (quizá) tener que ver con momentos de fundación diferentes o, bien, con la utilización en ellos de modelos de (re-)poblamiento distintos, durante la Alta Edad Media.

Hoy en día, la población censada en las 15 localidades que (de manera convencional) conforman Las Caderechas, no supera los 500 habitantes: 215 hombres y 169 mujeres (datos del INE, año 2016); viéndose multiplicada en varias veces su número en ciertas épocas del año, muy especial y significativamente durante el verano.

Los pequeños núcleos de población del valle y sus escasos moradores (la mayoría, por debajo de los 50 habitantes) se agrupan en corporaciones municipales y se distribuyen entre los ayuntamientos de: Aguas Cándidas, Rucandio, Cantabrana, Padrones, Salas de Bureba y Oña.

Economía

El modelo de la zona se ha basado tradicionalmente en la combinación de diferentes recursos, destacando especialmente la explotación agrícola de: frutales, productos de huerta , viña y algo de cereal; así como de la explotación ganadera, principalmente caprina y bobina.

Otros importantes recursos son los obtenidos secularmente de los bosques de la zona (con abundancia de frutos y plantas silvestres y utilizados también para pastos), así como de los aprovechamientos forestales de sus numerosos montes públicos, supliendo éstos de resina, madera y leña.

Vital importancia para la subsistencia económica de estos pueblos adquiere -hoy en día- la actividad cinegética, la cual supone un aporte fundamental a sus limitados presupuestos locales. Ésta se realiza mediante la modalidad de subasta de los ‘cotos’ a promotores privados, para su explotación.

En otro tiempo Las Caderechas fue tierra de ‘arrieros’, con especial incidencia en ciertas localidades del valle. Por ejemplo, Cantabrana llegó a tener un 50% de los hogares dedicados al oficio de la arriería. Se especializaban aquí en el transporte entre la costa (pescado y hierro) y Tierra de Campos (vino y cereal).

No obstante, la principal fuente de riqueza la sigue constituyendo -tanto entonces como ahora- el cultivo de los frutales, de lo que existe en la zona una larga tradición; con una mención explícita documentada ya en el siglo XI.

Entre los numerosos y variados cultivos frutícolas que aquí se dan (pera, ciruela, melocotón y avellana, entre otros…), los más destacados son sin duda los de la manzana y la cereza, con sus diferentes variedades y características particulares.

Con el fin de difundir el valor de estos productos se vienen realizando durante los últimos años dos ferias anuales, una en el mes de julio y otra a lo largo del mes de octubre. La primera gira entorno a la cereza y sus diversas variedades, mientras que el segundo evento se reserva en exclusiva a la manzana ‘reineta’.

Desde el año 2004, por iniciativa de la ‘Asociación de Productores y Comerciantes de Las Caderechas’, la cereza y la manzana reineta disponen de sendas ‘Marcas de Garantía’, reconocidas por la Junta de Castilla y León.

Las dos ferias, junto con la esperada floración primaveral de los frutales, suponen las grandes citas anuales en el valle de Las Caderechas, despertando gran interés entre sus habitantes y atrayendo cada vez mayor número de visitantes.


Texto e imágenes: Jorge Plaza Bárcena

Fuente: Población del Padrón Continuo por Unidad Poblacional, INE (web).

Fuente: “Catastro del Marqués de la Ensenada”, 1750–1754, MCD (web).

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Espacio dedicado a la localidad burgalesa de Quintanaopio y su entorno (by, QMM).

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