La villa de Quintanaopio

Panorámica de la localidad, flanqueada por los montes Castilviejo (izq.) y El Mazo (dcha.)

La villa de Quintanopio se sitúa al norte de la provincia de Burgos, en el centro del valle de Las Caderechas y englobada dentro la comarca de La Bureba. Dista 30 kilómetros de Briviesca, 60 kilómetros de la capital provincial y 110 kilómetros de Bilbao. La altitud es de 656 metros sobre el nivel del mar.

El origen de su nombre resulta controvertido y existen distintas teorías que hipotetizan al respecto. Lo que no presenta dudas es la gran extensión de su territorio (8,81 kilómetros²) y el buen número de montes que abarca bajo su titularidad.

Emplazamiento

Ubicada físicamente entre el río Vadillo (conformado por las aguas provenientes de Padrones y de Hozabejas) y el arroyo de Ojeda. Modestas corrientes ambas que confluyen en su término para formar a partir de aquí el (conocido como) río Caderechano, afluente del Homino y tributario del Ebro.

El término ocupa una lugar central en el entorno geográfico de ‘Las Caderechas’ y su alargado caserío se distingue por su posición elevada sobre un promontorio que domina la amplia vega, dedicada a huerta y frutales.
Entorno físico y situación de Quintanaopio (Burgos).

Tras de sí, a modo de cerro testigo, se halla el siempre icónico El Mazo (1035 metros) que con su forma piramidal da la bienvenida a todos aquellos que se adentran en el valle o tiene como destino la villa de Quintanaopio. Su cumbre es fácilmente accesible a pie mediante una ruta señalizada que se inicia en el mismo pueblo y que tiene por meta la antigua caseta forestal que corona su cima.

El Castilviejo, al sur de la localidad (aquí más nombrado como “Castirviejo”), y la cumbre de la Sierra de Tablones, situada al noreste (máxima elevación del valle), son los otros grandes hitos montañosos que se encuentran en su accidentado término y que ofrecen desde sus cumbres perspectivas inmejorables de todo el entorno.

Panorámica de la localidad de Quintanaopio, desde la vega.

Comunicación

En Quintanaopio se encuentran también los cruces de vías que comunican (entre sí) gran parte de las localidades del valle. Es precisamente a lo largo de éstas por donde su caserío se ha ido extendiendo, de manera bastante compacta, a modo de pueblo-camino; mientras queda a su vez dividido en dos barrios que aquí denominan: ‘de arriba’ y ‘de abajo’.

La localidad obtuvo la consideración de “Villa”, incluida dentro de la antigua ‘cuadrilla de Caderechas’ (Merindad de Bureba), con jurisdicción de realengo y regidor pedáneo.

Estas vías enlazan desde aquí con Cantabrana, Bentretea, Terminón y Oña (a través de la BU-V-5024); con Río-Quintanilla, Aguas Cándidas, Padrones y Salas de Bureba (mediante la BU-V-5025); con Herrera, Madrid de las Caderechas y Huéspeda (siguiendo la estela de la bien señalizada como ‘Ruta de los Cerezos’); y -finalmente- con Ojeda, Rucandio y Hozabejas (por la también, BU-V-5024).

Economía y administración

En lo económico -como en el resto de Las Caderechas- se ha vivido también aquí tradicionalmente de la agricultura de subsistencia, combinada con algo de ganadería y -de modo muy especial- de la reputada fruta de sus campos y de los variados aprovechamientos de los montes.

Escudo de la villa (fuente: Wikimedia Commons)

Aunque se desconocen los detalles de su fundación temprana, se sabe que quedó ya integrada administrativa (desde finales del siglo IX) dentro del ‘Alfoz de Poza’ y, a partir del siglo XII, pasó a formar parte de la ‘Meridad de Bureba’. A la caída del Antiguo Régimen (primera mitad del siglo XIX) la villa quedó constituida en Ayuntamiento propio del mismo nombre, en el ‘Partido de Briviesca’ y la región de ‘Castilla la Vieja’. Poco después del año 1850, se integra definitivamente en el municipio de ‘Aguas Cándidas’, como entidad local menor (hasta la actualidad).

Quintanaopio desempeñó un papel protagonista en la fundación del monasterio de Oña en el año 1011, por parte del conde castellano ‘Sancho García’ quien hasta entonces disponía de los derechos señoriales sobre la villa.

Sus moradores, conocidos popularmente con el sobrenombre de “chamurraos” (por los pueblos vecinos), se contaban por 63 habitantes en el en el censo de 1842 y, según el Diccionario de Madoz publicado pocos años después, disponía la villa entonces de: escuela, molino harinero, iglesia parroquial dedicada a Santa María y una ermita cercana bajo la advocación de San Roque… (entre otras dotaciones).

Lugares señalados

La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción destaca por su fábrica gótica (siglos XIV-XV), compuesta de una única nave dividida en dos cuerpos -coronados por sendas bóvedas de crucería- y coro alto. Así mimo presenta una sencilla y grácil portada florida (finales del siglo XV) y un destacado campanario, añadido posteriormente y dispuesto a modo de espadaña neoclásica.

Vista exterior de la iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción de Quintanaopio (Burgos).

Hay que mencionar -también en la iglesia parroquial- alguna pieza singular de su imaginería y especialmente el retablo mayor, de estilo ‘plateresco’, datado en 1544 y atribuido a Juan Díaz de Salas. En esta áurea y magnífica pieza de altar se funden características propias de las escuelas burgalesas de Felipe Bigarny y de Diego de Siloé.

Se conservan (aún en pie) dos antiguos ‘molinos harineros’, uno -aguas arriba- que aprovechaba las aguas provenientes de Río-Quintanilla y otro que lo hacía en la vega próxima a la localidad de Cantabrana.

La ermita de San Roque se encuentra actualmente en estado ruinoso, aunque resiste parcialmente en pie con su campanario -en forma de espadaña, rematada con un frontón clásico-, al margen de la carretera que comunica con la vecina localidad de Río-Quintanilla.

Ermita de San Roque, a las afueras de la localidad.

Muy próximos a la ermita, se observan los restos fantasmagóricos de la central eléctrica (su canal y salto de agua) con los que -a partir de los años 50 del siglo pasado- la compañía vallisoletana ‘Hidroeléctrica Arranz’ suministró de corriente eléctrica a todos los pueblos del valle.

Festividades

Las fiestas de la localidad se celebran el 15 de agosto en la festividad de ‘Nuestra Señora de la Asunción’ y suponen el principal momento de encuentro de sus vecinos, hijos de la localidad, descendientes y amigos…

El patrón oficial de la villa es ‘San Antonio de Pádua’, el cual se homenajea el 13 de junio. Antiguamente, era en esta fecha cuando se realizaba la fiesta mayor de la localidad, trasladándose posteriormente al mes de agosto.

Conjuntamente con otros pueblos del valle de Las Caderechas, es tradición el 26 de agosto celebrar la festividad de ‘San Vitores’ desplazándose hasta su ermita, en una acontecimiento comarcal que reúne -todos los años- en su explanada a multitud de personas venidas desde diferentes localidades.

En relación: “El valle de Las Caderechas”.

Texto e imágenes: Jorge Plaza Bárcena