Sobre la equidad de género

Viviana Quiroga
Feb 26, 2018 · 3 min read

En la serie televisiva Riverdale, ambientada a mediados del siglo pasado, hay un personaje adolescente, Polly, que es llevada lejos de su casa y recluida en una institución regenteada por monjas, cuando sus padres se enteran de que está embarazada. Hoy sería poco menos que impensable una situación similar. La realidad histórica, social y familiar ha cambiado radicalmente, al menos en el mundo occidental, y aunque al interior de las instituciones se conserven todavía muchos rasgos de machismo y precarización del rol femenino, lo cierto es que la mujer ha obtenido importantes logros en lo que atañe a sus relaciones conyugales , filiales y laborales.

La expansión del movimiento feminista es, sin duda, uno de los cambios más profundos y transformadores de nuestra época. Valga como ejemplo el reciente y poderoso movimiento #MeToo, nacido en el ámbito del espectáculo, al que diariamente se suman mujeres víctimas de acoso, maltrato o violación para denunciar a líderes o referentes de industrias gobernadas mayoritariamente por hombres.

Sin embargo, aún estamos lejos de la equidad de género. Muchos medios de comunicación, por ejemplo, cultivan todavía la imagen de la mujer como objeto sexual. La artista Lala Pasquarelli, a través de su proyecto Mujeres que no fueron tapa, muestra que las mujeres son presentadas semidesnudas y en poses sexualizadas, hablando del amor de pareja o de la crianza de los hijos; mientras que los hombres aparecen vestidos, en poses naturales y hablando de su trabajo. Estos estereotipos siguen incidiendo de forma poderosa en el imaginario colectivo.

En el ámbito laboral, la situación no es mejor. Son pocas las mujeres que detentan un sitio de poder real. En la Argentina, sólo el 15% de los cargos directivos en empresas son ocupados por mujeres, según una encuesta de 2017. En la Ciencia, el porcentaje de mujeres investigadoras superiores se calcula en un 25 %, según datos publicados por el Conicet en diciembre de 2016. Uno de los principales factores de desigualdad es la maternidad. De hecho, hay una meseta en la carrera de las mujeres que coincide con el período reproductivo, entre los 25 y los 35 años. Esto explicaría que en la década del 90, el 75% de las investigadoras superiores eran solteras, situación que no se daba para los varones, quienes no debían renunciar a una familia para dedicarse a la ciencia. Además, la mujer debe enfrentarse a una condición histórica según la cual, las características como la razón, la inteligencia y la objetividad son vistas como masculinas. La figura de la científica no está instalada en el imaginario social como lo está la del varón.

¿Qué hacer frente a esta situación?

El primer paso es hacer visible la desigualdad de género a través de la difusión de datos o estadísticas. Agostina Mileo (30), comunicadora científica y doctoranda en Historia y Epistemología de la Ciencia, propone desde la organización Economía Femini(s)ta , trabajar en un cambio de imagen de la mujer, promover nuevos modelos de roles femeninos e incluir autoras en las bibliografías de todas las disciplinas de la educación formal. Valeria Edelstein(35), Doctora en Química y diplomada en Enseñanza de las Ciencias, creó el proyecto (recientemente publicado como libro) Contemos Historias, que recopila trabajos de mujeres científicas de todo el mundo. Su objetivo es divulgar los aportes femeninos a la cultura y derribar estereotipos. Y en tren de proponer, no puede soslayarse la titánica pero imprescindible tarea de sumar a los hombres a los reclamos de equidad. Sin su participación, muchas iniciativas valiosas perderán fuerza y eficacia, o terminarán dibujando una imagen social de banalidad que no podemos permitirnos. La legislación, las medidas y conquistas equitativas y beneficiosas para las mujeres deberían ser respaldadas con igual fuerza y convicción por el género masculino. No por ser femeninas. Fundamentalmente, porque son justas y porque hacen justicia. Y porque atañen, además, al mejoramiento de la sociedad en su conjunto y de todo el género humano.

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