“Donkey” y Yo…

Una mirada personal y analítica sobre cómo uno de los más grande villanos creados por Shigeru Miyamoto, se convirtió en otro de los más grandiosos héroes de los videojuegos y de nuestras vidas.

Por: Iván Samudio

Hasta 1992 puedo decir que mis experiencias de entretenimiento hasta ese momento habían sido enmarcadas en un ámbito bastante tradicional. Pasatiempos como los deportes, la lotería, las figuras de acción y los juegos infantiles eran lo habitual. Una calurosa tarde de ese año, mientras jugaba cricket en el antejardín de mi casa, todo cambió, cuando por la entrada cruzó mi tío cargando una caja que decía “Family Enterteinment System”, sin comprender cuál era su contenido. Puedo decir que ese fue uno de los momentos que cambió mi historia.

El descubrimiento de poder controlar las imágenes en un televisor fue revelador para ese momento, empezando un camino por conocer en juegos primarios como Dig-Dug, Burger Time, Popeye, Gálaga y por supuesto Súper Mario Bros. Hubo uno que sobresalió sobre todos, por tener un argumento evidente acerca de un rapto y un villano llamativo, llámenlo como quieran, una conexión “natural” o inclusive amor a primera vista, cuando vi a “Donkey Kong” quedé impactado y se convirtió en el juego favorito de todos los tiempos.

Creado a inicios de los años 80, Shigeru Miyamoto lo concibió como el villano de un triangulo amoroso entre él, la dama peligro (Después conocida como Daisy o la princesa Peach) y el ‘hombre que salta’ (Luego bautizado como el fontanero italoamericano Mario Bros). Un argumento sencillo, pero efectivo, basado en el cuento de “La Bella y La Bestia” y por supuesto en la película “King Kong” de 1933 producida por RKO Radio Pictures, donde jugando con Mario se debe llegar a la cúspide de una estructura para salvar a la dama en peligro de las garras de este aterrador gorila, mientras se esquivan los barriles lanzados por este y todos los peligros ambulantes en el camino.

Fueron horas saltando y tomando “Power Up’s” para rescatar a la princesa, pero siempre tuve una fijación por el villano, porque dentro de todo no se veía tan siniestro y era hasta simpático. Algunas semanas más tarde y viviendo el furor de la tercera generación de consolas domesticas, mi tío, el mismo que les conté anteriormente, volvió a llegar a la casa pero en este caso con más cassettes mostrándome que luego del primer “Donkey Kong” había más y que la historia no concluía allí pues ahora los papeles estaban invertidos.

Así fue como conocí dos títulos posteriores “Donkey Kong Jr.” y “Donkey Kong 3” (juegos lanzados por Nintendo en 1982 y 1983 respectivamente). Con esto supe que a veces las segundas partes son aún mejores y que los villanos también pueden llegar a ser los buenos de la historia. Aquí la fórmula se repite y se potencia en parte gracias a un co-equipero de Miyamoto llamado Gunpei Yokoi. Ellos nos cuentan que el villano ahora es Mario y que tiene encerrado en una jaula a Donkey Kong. Su hijo conocido como “Junior” deberá cruzar un camino lleno de trampas y obstáculos para salvar a su padre, una inclusión de nuevos personajes con una dinámica similar, igualmente complicada y con un argumento fácil de entender.

En el caso de “Donkey Kong 3”, nuestro simio vuelve a ser el villano, pero la jugabilidad cambia al presentarnos un shooter (juego de disparos) donde se personifica a un jardinero llamado Stanley, quien deberá evitar que su jardín sea destruido.

Una trilogía estupenda, entretenida y considerada como un paquete de juegos seminales, no solamente en las videoconsolas sino también en la edad dorada de las maquinas de Arcade. Su relevancia los ha llevado a convertirse en un juegos de culto dentro de la historia de los gamers, tanto así que en 2007 se lanzó un documental llamado “The King Of Kong: A Fistfull Of Quarters”, producción dirigida por Seth Gordon, donde se muestra como este continúa siendo practicado en pleno siglo XXI, pero además cómo jugadores rivales de la talla de Steve Wiebe y Billy Mitchell siguen rompiendo puntajes en los charts mundiales.

Donkey Kong solo tendría esos tres títulos en la NES, aunque hizo apariciones esporádicas en algunos juegos posteriores y para consolas portátiles. Durante esos años confieso que disfruté de una consola que no era propiamente mía, hasta ese momento no había tenido una legítimamente propia, pero para la celebración de mi cumpleaños en 1995 tuve la fortuna de recibir lo que cualquier niño deseaba a mediados de aquella década, un aparato que era connotación de calidad y prestigio conocido como el Super Nintendo.

Los que llegaron a tener esta consola de cuarta generación entienden qué significó poseerla, puesto que en nuestro país fue una revolución por donde se le vea. Pese a que esta poseía un potencial gráfico inferior que su competidora, la Sega Génesis, sus juegos entraron a defender el terreno incorporando dispositivos internos que energizaban los juegos a niveles gráficamente superiores. Es por eso que títulos como “Donkey Kong Country” ayudaron a ganar dicha contienda que durante esos años fue bastante tensa.

La primera vez que vi este juego, lanzado oficialmente el 21 de noviembre de 1994, vi el futuro, ya que este es considerado como uno de los juegos más emblemáticos del estudio británico Rare. Allí participaron desarrolladores como Tim Stamper, Gregg Mayles y el maravilloso compositor musical David Wise. “Donkey Kong Country” fue dos pasos adelante con un argumento avanzado, luego de las tres historias presentadas en los años 80. Muchos creen que este personaje es el mismo solo que un poco modificado, pero resulta que no es así, ya que el juego va mas allá al entender que los años pasan y los legados se viven hasta dentro de los mismos.

Como lo explican dentro del desarrollo argumental de los juegos posteriores, este nuevo gorila que perdura como otra mascota de Nintendo, viene siendo el nieto de Cranky Kong, un anciano y sabio simio que es la gran guía de las aventuras. Todo ese conocimiento no es gratuito, porque él en su momento fue el Donkey Kong de los juegos de Maquina y NES, quien muchos años después, ya “retirado”, ayuda a todos sus nietos en las nuevas historias que nos iban a contar después… ¡Increíble pero cierto!

Ahora la familia Kong es la protagonista, son los buenos de la historia porque junto al nuevo Donkey aparecen otros primates como su sobrino Diddy, un digno ‘sidekick’ que lo acompañará en una travesía por recuperar su reserva de bananas, la cual fue robada por el rey K. Rool, líder de un grupo de cocodrilos piratas llamado los Kremlings. Allí aparecerán también otros simios como Funky Kong y Candy Kong, el mejor amigo y la novia de Donkey, en compañía de una pandilla de animales aliados conocidos como los “Animal Buddies”.

Luego de este título, mi tío, recurrente en la historia, me obsequió los dos juegos consecutivos en esta nueva saga, “Donkey Kong Country 2: Diddy’s Kong Quest” y “Donkey Kong Country 3: Dixie Kong’s Double Trouble!”. Siguiendo con la idea antecesora del simio capturado, Donkey Kong es secuestrado por dos encarnaciones de K. Rool y en su rescate irán otros Kong como Diddy, Dixie (Novia de Diddy) y Kiddy (primo de Diddy y Dixie).

Esta es una de las trilogías gráficas de plataformas en 2D (con aproximaciones al 3D), que es por excelencia obligatoria para entender muchas de las creaciones posteriores en la historia del ‘octavo arte’, los videojuegos.

Hacia 1997, los jóvenes gamers de aquel momento recibiríamos todo el furor del 3D con una nueva guerra desatada entre Nintendo y Sony, donde el Nintendo 64 presentaría una vez más las aventuras de su rey de la selva. El título conocido como “Donkey Kong 64” nos traería un juego completamente con gráficos en tercera dimensión, aunque para muchos no llegó a tener el mismo impacto, fue la última aparición de Rare como estudio encargado de trabajar en esta serie, un episodio igual de digno con una nueva amenaza de K. Rool y la aparición de nuevos miembros de la familia.

Confieso que para aquel momento en que disfrutaba de juegos como 007 Golden Eye, Clay Fighter 63 1/3 y Banjoo Kazooei, tuve la oportunidad de disfrutar de este juego gracias al alquiler de títulos que proporcionaban empresas desaparecidas en nuestro país como “Betatonio” y “Blockbuster”.

Además, revelo que años posteriores mis intereses se empezaron a volcarse en otros ámbitos juveniles, como practicar skateboarding. Casualmente después del Nintendo 64, Donkey también tuvo en un pseudo-hiato debido a que el 55% de Rare fue vendido a Microsoft, razón por la que Nintendo cesó actividades con ellos, dándole paso a otros estudios que realizaron algunos títulos secundarios en la saga, los cuales lograron acercamientos a los juegos musicales. Caso concreto con la trilogía de “Donkey Konga” desarrollada por Namco, donde con unas congas como accesorios se podía disfrutar de canciones al estilo “Guitar Hero”.

Durante esos años mi acercamiento a dichos juegos fue muy esporádico y resultó ser hasta casual, aunque logré disfrutar de Donkey Kong como personaje invitado en otros títulos de la talla de Mario Kart, Mario Party y Super Smash Bros.

Pasó el tiempo y con este llegan las reflexiones, donde se piensa de manera introspectiva qué se hizo, pero también qué se dejó de hacer por el camino. Así arribaría la segunda década del siglo XXI con nuevas ideas y propuestas, que dentro del mundo de los videojuegos resultarían en regresar a lo básico, en volver a contar historias al estilo clásico para reconectarse con el gamer ‘old school’, pero a la vez invitando al nuevo a vivir experiencia revitalizadoras y únicas.

De esta manera, en el año 2010, un estudio relativamente nuevo llamado Retro Studios, tuvo la bendición de Nintendo para lanzar un nuevo Donkey Kong, todo con el ánimo de revivir ese espíritu que muchos extrañaban de las plataformas, en dos dimensiones y aproximándose al 3D, enmarcado en una historia sencilla, pero que no quita el verdadero sentido de la aventura. El 21 de noviembre de 2010, la famosa pareja de tío y sobrino simios regresaron en un nuevo y desbordante juego conocido como “Donkey Kong Country: Returns”.

No solamente Cranky, Donkey y Diddy regresaron, yo también regresé para descubrir una nueva faceta donde este trío de abuelo y nietos, quienes viviendo plácidamente en su isla tropical deberán enfrentarse a una nueva amenaza llamada la tribu Tiki Tak, una raza viviente de máscaras Tiki que buscan hipnotizar a todos los animales para apoderarse de las bananas del territorio. Un espectacular título que ratifica la famosa frase de “Los clásicos han regresado”.

En pleno 2015 refrendo que he vuelto a jugar a Donkey Kong en todo su esplendor, tanto los clásicos de la manera original, como la segunda y más reciente parte de este regreso titulada “Donkey Kong Country: Tropical Freeze”, lanzada el 13 de febrero de 2014 para la consola Wii U.

Hoy por hoy puedo decir que la magia sigue viva, así como en aquella tarde calurosa de 1992, hace ya 23 años, cuando tuve el placer de conocer mi primera consola de videojuegos y de igual manera, la naciente aventura del abuelo Cranky en su bella juventud.

El próximo 9 de julio este aventurero selvático cumplirá 34 años de historia, paralelamente el 20 de noviembre títulos como “Donkey Kong Country 2: Diddy’s Kong Quest” celebrará su vigésimo aniversario. Después de todo este tiempo y todos estos procesos relatados, puedo decir que he vivido muy de cerca esta historia a tal punto que consideró que la vida de este simio hace parte de la mía de alguna manera.

Aunque el futuro sea impredecible, puedo asegurar que estas aventuras continuarán vivas, porque él es y seguirá siendo uno de los grandes héroes de los videojuegos y ténganlo por seguro, yo estaré ahí con la pantalla encendida y el control en la mano.

“A la memoria de Daniel, por ayudarme a tener mil vidas y centenares de aventuras”.

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