Maus, las vivencias dibujadas de la guerra

Por: Dahiana Rodríguez

De diferentes maneras el ser humano busca la forma de expresarse; expresar el dolor, la tristeza, la alegría, la vida y la muerte. El arte (en cualquiera de sus manifestaciones) es la herramienta en la que nosotros como seres, con la capacidad de crear logramos exteriorizar nuestras emociones.

Desde pequeña siempre me llamó la atención todo lo relacionado con la Segunda Guerra Mundial. Más allá de lo que pude aprender en el colegio buscaba toda la información que podía. Leí libros, vi documentales, películas, escuché canciones, admiré cuadros pero solo hasta hace poco tuve la oportunidad de tener en mis manos un cómic que contaba esta historia.

Se llama Maus, una novela gráfica publicada en 1991 por Art Spiegelman que cuenta la experiencia de un sobreviviente del holocausto Nazi. Sus personajes interpretados por ratones (judíos) y gatos (nazis) reviven los aterradores momentos que se vivieron en el campo de concentración de Auschwitz.

En Maus encontré reflejada la vida de miles de familias que vivieron de manera única el nazismo, ese constante y profundo miedo que sintieron en todo lo que representó la entrada del Tercer Reich al poder. Pero también, logré reafirmar lo poderoso que puede ser el amor, que por más cliché que suene, representó la fuerza de quienes pudieron sobrevivir y salvaguardar la memoria de aquellos que ayudaron a preservar la vida en medio de la muerte, con visiones tan distintas pero tan cercanas que confirman que sin tener un motivo para amar no sería posible vivir.

Hace poco veía un documental donde personas que fueron parte de esta pesadilla hablaban sobre la importancia de no dejar en el olvido lo que había pasado en esta época. Y precisamente por eso es tan valioso cada elemento que nos permite recordar la historia. Tener claro que así como el ser humano puede causar mucho daño, también tiene la asombrosa capacidad para superar las peores situaciones.

Hay que leer “Maus”. Hay que redescubrir la historia por medio de opciones no comunes para hacerlo. Hay que sorprendernos con lo que ya creíamos sabido. Hay que reflexionar sobre nuestro papel como espectadores para no dejar morir en el silencio lo que no se debe olvidar.

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