XXL

Por: Simona Sánchez

Hace unos días me causó bastante curiosidad la reacción de algunos amigos frente a una serie de fotos de mujeres que estaban circulando en Facebook. Estas mujeres protagonistas eran guapas, sexys y el detalle que llamaba la atención, y claramente las diferenciaba de cualquier modelo del común, es que no eran ganchos, ni extremadamente delgadas, mucho menos bulímicas, ni anoréxicas, ni talla ultra XS. No, ellas eran todo lo contrario. Guapas, llenas de curvas, de ‘rollitos’, con la carga social de no ser parte del común del estereotipo de belleza impuesto globalmente por la publicidad, imponentes, rellenas, repuestas, bien alimentadas o como quieran llamarles. Ellas eran talla XL o XXL, eran grandes, reales, eran gordas.

Su rostro denotaba el orgullo de su belleza, el largo camino que habían recorrido para sentirse hermosamente seguras de sí mismas. Brillaban en su interior después de haber pasado seguramente por una gran cantidad de adjetivos, señalamientos, dietas, gimnasios, rechazos y más de un programa Fit de moda. Seguramente las fotos venían con Photoshop y retoques, ¡no podemos pedir tanto! Lamentablemente aun queda mucho para que más de un fotógrafo, publicista y editor de moda se arriesgue a mostrar la cara real de la belleza femenina: unas estrías de más, celulitis, pezones imperfectos, colas caídas, vientres con historia… Todo, parte de una gran cantidad de detalles que nos hacen a las mujeres, más mujeres. Tatuajes que narran el paso de la vida, de nuestros amores y desamores, porque la vida en nosotras va marcada por las emociones y sentimientos que nos van dando forma.

La reacción ante tales fotos me alcanzó a sorprender. Pensé que estaba rodeada de hombres reales, justos, equitativos y conscientes que así como ellos son barrigones, jorobados, chiquitos, muy altos, lampiños, peludos, narizones, delgados, gordos y hermosamente imperfectos, así también son las mujeres que los rodean. Pero no, los comentarios (excepto algunos) eran fuertes, explícitos, sexuales y por qué no decirlo, denigrantes. Porque parece ser que resultó ser muy normal decirle gorda a una mujer para insultarla y no para alabarla (al contrario como sucedía antaño y en culturas milenarias), fue normal decir gorda, así como se dice feo, negro, indio, pobre y si les resulta más directo: latino. Porque sí, no debemos olvidar que en muchos lugares del mundo ser latino es casi un insulto. Y entonces me pregunto: ¿Por qué el maltrato siembra su semilla en la palabra? Algo que parece ser tan obvio y a su vez tan fantasmal ¿Por qué nadie le presta atención? Resulta que a través de las palabras nos construimos, reafirmamos e identificamos culturalmente. La palabra es magia, poder y respeto, y sólo a medida que vayamos cambiando nuestra forma de comunicarnos seguramente podremos crear puentes muchos más equitativos que nos lleven a un territorio más pacífico y rico culturalmente.

Todo esto me hizo recordar aquellas mujeres en el mundo de la música a las que su talla no las hizo menos guapas ni menos artistas. Aquí les dejo cinco que se me vinieron a la mente. ¿Cuáles proponen ustedes?

1. Aretha Franklin “La Dama del Soul”

2. Beth Ditto vocalista de Gossip

3. Maya Ford bajista de The Donnas

4. Adele

5. Missy Elliot

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