Abre los ojos.

La vida es una de esas frases celebres del “perro” Bermúdez: “La tenía, era suya, y la dejó ir”. Al menos la mía puede ser comparada con semejante relato de frustración. No estoy siendo dramático ni quejumbroso, al contrario. Quién tenga esta percepción y experiencia de su propia historia debería tomarlo como el mejor camino que le pudo haber tocado.

Durante nuestra línea de vida estamos expuestos a millones de momentos que pudieron cambiar el rumbo; momentos que en su mayoría deseábamos que ocurrieran de otra forma pero que no fue así. ¿Te has preguntado que estarías haciendo ahorita mismo si uno, tan sólo uno de esos momentos hubieran sido como tu querías? Probablemente no estarías haciendo lo que estás haciendo ahora.

En mi caso, tal vez no estaría escribiendo mi primer intento como pseudoescritor. Tal vez estaría en alguna tienda de auto servicio llenando el carrito que podría considerarse el motivo por el que la semana de una familia se termina oficialmente. Tal vez estaría en una plataforma de petróleo, aislado de la sociedad porque un momento de los miles que me han pasado me llevó a tener un trabajo que no me gusta pero que necesito. O tal vez estaría en medio de una disputa legal tratando de conservar el poco patrimonio que he logrado.

Lo cierto es que ninguna de los anteriores es algo que me gustaría vivir y no es algo que me encuentre viviendo; en realidad, me encuentro en el punto exacto de la línea de vida en el que había querido estar: preocupado, estresado, ocupado, aprendiendo, experimentando, sufriendo, disfrutando, frustrándome, fracasando y volviéndolo a intentar.

Esa etapa en la que todos los momentos que has pasado y que en su mayoría quisiste que ocurrieran de otra forma, te han llevado a seguir en la misma línea en donde empezaste. Esa etapa en la que volteas a ver a todos lados y ves que a tu círculo de amistades un momento de los antes mencionados les cambió radicalmente la vida, para bien o para mal, pero tuvieron que dar un giro a sus sueños y preocuparse por sus necesidades. Esa etapa en la que mis necesidades fortalecen cada día más mis sueños y piso más firme la línea donde comencé y me sigo aferrando a ella. Esa etapa en donde pienso y recuerdo todo lo que tenía, era mío y lo deje ir y doy gracias porque así fue.

Cualquiera de esos miles de momentos que en su tiempo quise tomaran otro rumbo pudo haberme cambiado de historia, pudo haberme movido de esa línea.

En la vida, tú debes decidir en que momento moverte de tu línea para cambiarte a la que mejore tu camino pero que te siga llevando a la montaña de tus sueños. Un momento de los miles que vives día a día, semana a semana, mes con mes, año con año no debe tener ese poder de cambiarlo todo, no debes dejar que lo tenga.

Si tú, quien sea que estés leyendo esto, sientes que eres parte de esa comunidad frustrada y guiada por el absurdo sentimiento de que todo se te ha escapado de las manos, siéntete orgulloso de que así sea. Siéntete orgulloso de que gracias a esos momentos de “fracaso” tomaste decisiones que por el coraje de la frustración lograste concretar y te han llevado a donde estás: aún en la persecución de tus sueños.

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