El libro de los amores

Un amor se convierte en ridículo cuando lo risible de las situaciones se desbordan como grasa en un cuerpo adiposo. Ridículo porque no hay salida y lo único que se tiene es la nada, espacio donde interactúas con el otro, espejo donde encuentras insatisfacción, pero de vez en cuando placer y risas. El encuentro entre flujos opuestos, el choque de los cuerpos, la sencilla razón de las sospechas, hacen que los amores caigan irremediablemente en la ridiculez. Encuentro en estas palabras una introducción simple y sin sentido a la luz de: “El libro de los amores ridículos”, relatos del excepcional escritor checo, Milan Kundera, quien nos propone una ilustración cómica sobre el amor, la pasión y sus efectos.

Son varios relatos los que me gustaron, pero existe específicamente una escena, en la séptima parte del libro (Eduard y Dios), la cual me dejó fascinado. En esta imagen encontramos a una mujer desnuda, rezando un padre nuestro de rodillas. Frente a ella un hombre le ordena que no se detenga, que siga rezando mientras él observa, excitado. Esta imagen podría ser omitida si no es porque la mujer es directora de un colegio comunista, y el comunismo, como bien saben queridos lectores, no traga religión. “Hemos de recordar (para aquellos a quienes se les escapen las circunstancias históricas del relato) que, si bien a la gente no le estaba prohibido ir a la iglesia, la visita no estaba exenta de cierto peligro”.

“-¡Reza!
Como permanecía en silencio, gritó:
-¡Y en voz alta!
Y en efecto: aquella señora arrodillada, flaca, desnuda, empezó a recitar:
-Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga nosotros tu reino”…

Este libro, a la par de las experiencias eróticas, contiene reflexiones sobre la naturaleza de las relaciones, sobre la razón, la ética y moral. Todo esto cargado a personajes que muestran lo importante de la libertad, pero sobre todo la inteligencia, que es la base para una buena elección.

El relato, “Que los muertos viejos dejen sitio a los muertos jóvenes” es una historia que trata de la edad, de la confusión que atrapa a hombres y mujeres cuando se ven atados al tiempo, al cuerpo que se deteriora. Esta narración cuenta que cierto día un hombre se encuentra con una mujer en el pueblo de su infancia, la mujer regresa a ese sitio y se topa con un hombre con el que tuvo que ver en algún momento de su vida. Él la invita a su departamento, conversan y recuerdan, se hacen de palabras, urden un montón mentiras sobre su pasado mientras una telaraña se va apoderando de sus pasiones. Esta narración es sublime, diáfana y sorprendente por los efectos que provoca.

Estos relatos dan cuenta que estamos ante un libro que proporciona placer intelectual porque se adquiere conocimiento, y sobre todo, nos regala humor y frescura, que permea la prosa de Milan Kundera, escritor excepcional en el panorama de la literatura universal.