El orgullo de ser mujer

El verdadero soporte de la familia es el hogar. El hogar es un templo donde la familia debe de reunirse para desarrollar todas las virtudes que nos demanda la vida. Desde esta perspectiva, el hogar es necesario para el bebé, para el adolescente, para la madre, para la abuela, para el padre, el abuelo, etc.

Ese hogar, hoy en día, parece cada vez más influido que nunca por intereses que buscan, en la demolición de ese templo, iniciar la conquista ideológica de ese grupo de personas que integran una familia.

En ese sentido, el desempeño de la madre es crucial para evitar que se pierda la batalla. Ella tiene que defender con todos su recursos, fuerzas, empeño y dedicación; la preciada joya que el hogar representa para el desarrollo de todos los integrantes de la familia y en eso, créanme que algunos hombres somos bastante malos, somos más egoístas y cómodos en nuestro desempeño y lo más importante somos bastante torpes para utilizar el arma más poderosa que la humanidad ha tenido siempre para atender este tipo de enemigos: el Amor.

Algunas veces he pensado que los villanos como el guasón, el pingüino y algunos otros que salían en las películas de la infancia en realidad existen. De esta manera los grupos que buscan una forma para entrar y destruir hogares (súper villanos que en algunos casos hasta se pintarrajean como en las películas) han encontrado a veces en las mismas madres sus más grandes aliados y a veces sin querer. Por ejemplo, nos han hecho creer que la mujer guapa es una mujer que se aleja de la figura que al menos yo, como hijo, vi en mi madre y que espero ver en mi esposa como compañera madura ante los golpes de la vida.

De esta forma, la mujer gasta tiempo arreglándose, en gimnasios, dietas, costureras y peinadoras que es un contento, para acabar tan cansada y agotada que no permite que su pareja disfrute todos esos arreglos y lo más importante, que no permite que sus hijos admiren esa cara con ese gesto de amor y tranquilidad como el que todos los de nuestra generación recordamos en nuestras madres y abuelas.

Yo no creo que el que la mujer trabaje sea un problema inminente para la familia, de hecho creo que se puede convertir en la más grande fortaleza de las familias al perder al esposo por la muerte, la enfermedad o, la más frecuente de todas: la separación de pareja.

Si me dejan hacer una recomendación, diría que el secreto para el éxito de la mujer ante todos los enemigos existentes en la vida moderna es que amen, disfruten y cansen (no encontré como ponerle pero ustedes entienden como cansarlo a uno) a su parejas. Que nos enseñen su valor estén gordas, flacas, altas o chaparras. Que nos hagan sentir que todos nuestros problemas son más pequeños gracias a que siempre nos apoyan, corrigen y de ser necesario hasta controlan cuando atentamos contra los intereses del hogar y la familia. Que nos hagan ver que aunque existan otras mujeres en la tierra la decisión que tomamos, de escogerlas a ustedes, es la mejor decisión de nuestra vida y que queremos cumplir nuestra promesa de que se termine hasta el momento en que esta vida se extinga.

En relación a los hijos lo que creo que necesitan es una verdadera madre, pero no una a la que le puedan faltar al respeto, gritar, mandar, exigir y hasta golpear (como a veces pasa) sino una madre que por el hecho de tener más experiencia en la vida y por contar con el soporte amoroso de su pareja, los enfrente a las realidades de manera honesta, firme y sincera pero cariñosa, Una guía moral y espiritual que lo mismo los enseñe a rezar que a preparar los platillos que han sido tradición en nuestra familia, que no los consiente, ni alcahuetea, ni les teme, que les cuida, regaña y corrige pero que sobretodo y sobretodos los AMA.

SIGAN TRABAJANDO EN LA EMPRESA, EN CASA O AMBAS, HOY, MAÑANA Y SIEMPRE. USTEDES PUEDEN HACERLO, PARA ESO SON GRANDES, PARA ESO: SON MUJERES.