El síndrome del miedo a la soltería

Pese a la creencia general, el miedo a la soltería no es únicamente propio de las mujeres. Puede afectar tanto a hombres como mujeres. Es cierto que ellas, debido a circunstancias sociales, padecen más este síndrome pero afecta a ambos géneros.

La cultura popular, y en particular el cine de comedia, ha popularizado este síndrome como algo únicamente reservado a las mujeres pero no deja de ser una tergiversación que no responde a la realidad.

¿Qué es el síndrome de miedo a la soltería?

Si buscar un chico o chica mediante el Chat, Whats App o redes sociales para llevarle al altar es para ti una obsesión que te quita al sueño y llena todo tu tiempo, quizá seas víctima del síndrome de miedo a la soltería. Su nombre técnico es “anuptafobia” y, aunque parezca un miedo propio de otras épocas, sigue vigente en pleno siglo XXI.

La persona que padece este mal vive angustiada por la perspectiva de la soledad sentimental y el miedo a no casarse es uno de sus mayores pánicos en la vida. Aunque pueda parecer propio de personas de mediana edad, afecta a hombres y mujeres mayores de edad de todas las franjas.

Afecta más a las mujeres porque, tradicionalmente, ellas han sido educadas para tener un compañero y, además, influye el deseo y la necesidad de ser madre. El conocido como “reloj biológico” puede ser un factor coadyuvante para padecer síndrome de miedo a la soltería y es normal que aparezca, en estos casos, a partir de los 30 años.

Si el miedo a la soltería no es regulado, racionalizado y controlado puede derivar en patológico y afectar seriamente a todas las esferas de la vida de la persona. Los síntomas más comunes de este síndrome son buscar de forma predominante y constante situaciones para que nos presenten a alguien, fijarse en parejas en la calle y pensar siempre cómo han conseguido formar esa relación, dejarse invadir por la tristeza y la ansiedad cada vez que pensamos en la posibilidad de la soltería e idealizar todas las relaciones de pareja.

¿Cómo combatir el síndrome del miedo a la soltería?

  • Hay que aceptarse a uno mismo con nuestras debilidades. Es inútil tratar de amoldarse a un modelo idealizado de perfección para convertirse en la pareja perfecta. Si no nos aceptamos como somos y valoramos, difícilmente lo hará otra persona y podrá convertirse en nuestra pareja.
  • El otro no es un trofeo. La pareja no es una cosa ni un premio y, de este modo, para llegar a tener una relación de pareja sana es necesario dejar paso a la espontaneidad y dejarse llevar por las situaciones y el progresivo conocimiento del otro.
  • La pareja no es una posesión. En línea con el punto anterior, hay que evitar tratar a la potencial pareja como una posesión a la que hay que conquistar. Es una persona con sus complejidades y potencialidades y, si se forja una relación de pareja, será basada en la afinidad y en los sentimientos.
  • Nuestro bienestar no depende del otro. La felicidad debemos buscarla nosotros mismos y no puede depender de una pareja ideal. El principal responsable de nuestra felicidad o infelicidad somos nosotros, no los demás.
  • Hay que ser tolerantes. La inflexibilidad sólo puede conducir a la insatisfacción y la infelicidad. A la hora de buscar pareja o hacer amigos debemos dejarnos sorprender y no guiarnos por criterios excesivamente rígidos y prefijados.
Like what you read? Give Roberto Muñoz a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.