Todo Empezó con Julio Verne: sobre el futuro de los periódicos

Ra Pedrosa
Apr 19 · 6 min read

Cuando se trata de ejercer de futurista, ya lo decía Ray Bradbury, todos somos hijos de Julio Verne. Para mi, todo empezó con un texto de Julio (y dicen que Michel) Verne — En el siglo XXIX: un día de un periodista norteamericano en el año 2889 — que debí leer de manera inconsciente hace años, cuando comencé a estudiar periodismo. La tentación de predecir de qué manera va a ser el mundo en el futuro ha sido algo demasiado habitual en los últimos tres siglos, pero nadie puede culparnos por pretender imaginar escenarios mejores, donde el progreso lleve a los hombres a mayores cotas de felicidad o, al menos de comodidad.

En sus más de cincuenta novelas, escritas entre 1863 y 1904, Verne fantaseó y se imaginó las exploraciones submarinas, las conquistas de los polos, los viajes a la Luna. Todo el mundo ha leído, soñado e imaginado 20.000 leguas de viaje submarino y La vuelta al mundo en 80 días. Su trabajo ha marcado la forma en la que muchas generaciones han concebido el concepto de mañana. Y además de ello, como muchos de los gran- des escritores de Ciencia Ficción (como Arthur C. Clarke, Isaac Asimov o el propio Bradbury) Verne dedicó algo de su tiempo a imaginarse cómo sería la prensa del futuro.

Los periódicos han sido, desde hace al menos 150 años, un producto que muchos han visto amenazado. Amenazado por los cambios tecnológicos y por el interés cada vez menor por parte de los lectores de sumergirse en los papeles de noticias, diarios pequeños y grandes han desarrollado una impresionante capacidad de adaptarse al cambio. De ahí que, desde hace ya un siglo, la pregunta que surge no es tanto “¿cuándo morirán los periódicos?” sino “¿qué harán esta vez los periódicos para no morir?”. En el siglo y medio que ha pasado desde que el relato de William Howard Russell sobre la carga de la Brigada Ligera convirtiese a The London Times en el producto más imprescindible de la Inglaterra victoriana, el periódico ha sobrevivido al telégrafo, a la radio, a la televisión, al fax, al teletexto y estoy seguro de que también sobrevivirá a Internet.

Julio Verne, tan acertado analista de los cambios de su tiempo, no estaba tan de acuerdo. En el siglo XXIX: un día de un periodista norte- americano en el año 2889 es un relato que cuenta cómo vive el propietario de un gran periódico global en una jornada de trabajo cualquiera. En su fantasía, el escritor situó su texto en el año 2889, diez siglos después de la fecha en que lo escribió, pero seguramente le hubiera sido mejor situarlo en 1999, en apenas cien años. Pues Verne, al contar la historia de Francis Bennett, propietario del Earth Herald (digno sucesor del New York Herald y, suponemos que del International Herald Tribune, fundados por su ilustre antepasado James Gordon Bennett) imagina un mundo donde los periódicos ya no se publican en papel.

Lo que se lleva entonces es el periodismo telefónico. “Todas las mañanas, en vez de ser impreso, como en los tiempos antiguos, el Earth Herald es hablado; en una rápida conversación con un reportero, un político o un sabio es como los abonados se enteran de lo que les interesa o puede interesarles”, escribe Verne en los primeros párrafos del relato.

Para Verne no hay duda de que el diario va a sobrevivir incluso diez siglos. Y es que, para bien o para mal, la gente se enamora del mensajero y no puede dejar de vivir sin las historias de los Henry Stanley de cada una de las generaciones. ¿Qué diría mi amiga Lydia del Canto, directora de Levante-EMV, si le dijeran que su periódico va a sobrevivir, con toda seguridad, 1.000 años más?

Lo interesante es la forma en la que el padre de la Ciencia Ficción se imagina un periódico del futuro. Para Verne está claro que el periódico no va a seguir imprimiéndose en papel.

No porque sea una empresa demasiado costosa, sino porque la inmediatez de lo que se imaginaba como el futuro no da lugar para esos lujos. En el año 2889 lo que se lleva es el periodismo telefónico, en un modelo en el que los lectores interactúan directamente con los hacedores de noticias y los protagonistas de la in- formación.

La opción para los no abonados es conectarse al periódico “del día” a través de lo que describe como un “gabinete telefónico”. Estas innovaciones, en un mundo en el que se llega de Nueva York a París en un rato y donde existen colonias en otros planetas del Sistema Solar, han conseguido que el Earth Herald tenga 85 millones de suscriptores. Algo nada despreciable, incluso para los patrones de Rupert Murdoch.

Desde el primer momento, y teniendo en cuenta que el texto fue escrito hace 130 años, no deja de sorprenderme que el modelo de periódico que se imaginaba tenga tantas similitudes con el actual. Similitudes en tanto que los periódicos actuales, a través de sus ediciones en Internet, también hablan.

Y en ellos, a través de los foros de discusión, o a través de los encuentros digitales, los protagonistas de la información interactúan directamente con los lectores. La interactividad, precisamente, se ha con- vertido en la principal característica de la Web 2.0, si es que alguna vez ha habido una. Y Julio Verne ya pensó en ella.

Sin embargo, en plena imaginación verniana, el salto a lo digital ha sido superior a lo que ninguna mente del siglo XIX pudo haberse imaginado. Los mundos virtuales y los periódicos en línea no sirven en el marco de una concepción donde todo es físico y en tres dimensiones. Si hacen el esfuerzo de intentar imaginarse qué espacio físico ocuparía un portal web de noticias pueden llegar a análisis interesantes. Pongamos un ejemplo.

The New York Times (qué cosas, también sucesor simbólico del New York Herald en el que se basó el novelista para dibujar su Earth Herald) recibe diariamente decenas de millones de visitas y está entre las 30 webs más visitadas del mundo. ¿Dónde cabría toda esa gente? ¿Cuántos millones de copias habría que imprimir para llegar a todos esos lectores? ¿Cómo se transportarían? ¿Dónde se almacenarían?

En el relato, Verne se imagina un Earth Herald que ocupa un “colosal edificio de cuatro fachadas, que mide cada una más de tres kilómetros”. Algo así tendría que parecer el diario para recibir a toda su audiencia. Pero, maravillas de la ciencia y la tecnología, los periódicos son virtuales y es posible para un medio como el propio Times recibir a cientos de millones de lectores al día. Infinitamente más que a los que podría haber aspirado con el papel.

Esa es la realidad sobre el futuro de la prensa. Que los periódicos, en su capacidad de adaptación, fruto de siglos de experiencia vayan a encontrar su nuevo hogar en un espacio físico que no existe. En un mundo digital, y sin el desarrollo del periodismo ciudadano, el Earth Herald habría necesitado “1.500 reporteros, colocados ante un igual número de teléfonos”. Menos mal que los medios de comunicación son incapaces de financiar el costo de similar redacción.

Sin embargo, grandes o pequeños, pasados o futuros, los periódicos parecen continuar una tónica constante en lo que se refiere a su función social. En la obra, se ve a Bennet entrando en su despacho, donde los embajadores de grandes potencias europeas se disputan la distribución de mundo.

Y en el calor de la discusión, todos se vuelven a mirar al director del periódico para ver qué es lo que él opina. El periódico, en la fantasía del primero de los grandes futuristas, sigue siendo el gran pilar de una comunidad, aunque no se imprima en papel.

Aquí, En el siglo XXIX: la jornada de un periodista americano en el 2889, de Julio Verne.

Ra Pedrosa

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CEO of Bracken IR Financial. Former Asia Correspondent for EFE and NYT contributor.

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