La educación emocional y su misteriosa desaparición en primaria.

Como personas, deberíamos hacer el gran esfuerzo de ponernos en contacto con nuestros sentimientos y emociones para poder ser conscientes de ellos y poder reconocerlos en los demás y así, actuar de manera empática.

Y de manera más concreta, como educadores y educadoras, tenemos que reconocerlos en los niños y niñas, para poder explicarles que lo que sienten es normal y está bien y poder ayudarles a ponerle nombre y saber reconocerlos en un futuro.

Los sentimientos y las emociones forman parte activa de los dos periodos de la educación infantil, donde se tienen en cuenta y se respetan. En las asambleas se les pregunta a los niños y niñas cómo están y por qué se sienten de esa manera.

Se les calma o se les alegra, se les consuela, se les aconseja, los educadores y educadoras intentamos que en todo momento se sientan seguros, tranquilos y queridos. Nos esforzamos para que su estabilidad emocional sea la adecuada y que así, el ambiente en el aula sea el idóneo para desarrollar toda su capacidad de aprendizaje.

Pero, ¿qué pasa con todo ese trabajo cuando los alumnos y alumnas llegan a primaria? ¿continúan teniendo en cuenta esas emociones? ¿se para la clase para consolar a un niño que se siente agobiado?

Lo ideal sería decir que sí, pero excepto algún aula con un maestro o maestra considerado, la realidad es bien distinta. ¿Será que no hay material para ello? Pues ese no es el problema, porque propuestas de educación emocional existen y muy buenas.

Entonces, ¿por qué esta consideración no va más allá de un ejercicio de relacionar expresiones faciales con su sentimiento correspondiente? ¿por qué no se presta atención a lo que realmente sienten los niños y niñas?

Bajo mi punto de vista, muchos adultos piensan que en el colegio, instituto y demás, a los niños y niñas se les prepara para la “vida real” y que en esa “vida real” nadie se va a parar a preguntarles cómo se sienten, tu superior no te va a decir que te vayas a casa cuando te sientes triste o ansioso, el mundo no funciona así, pero quizá no funciona así porque en su momento nadie tuvo en consideración los sentimientos de esas personas.

Si cuando somos niños y niñas tuvieran en cuenta nuestros sentimientos, ¿de adultos seríamos más tolerantes con los demás?, ¿estaríamos más equilibrados emocionalmente?, ¿seríamos más felices? Quizás.

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