CASI ADULTA

Señoras y señores estoy a punto de cumplir mis treinta. A mi edad ya mi abuela tenía tres hijos, mi mamá tenía un doctorado y Paul McCartney había escrito “Yesterday”. Estoy en una edad en que el mundo me considera una adulta pero yo me siento más como dice el clásico de Britney Spears: “I’m not a girl, not yet a woman”. A mi al rededor todo el mundo parece estar armando sus vidas y tomando desiciones responsables: mi primo acaba de comprar una casa, mi hermana se va a viajar el mundo con su novio y uno de mis mejores amigos se va a casar. Mientras ellos hacen planes para el futuro, yo no sé ni donde voy a estar el mes que viene. Mientras ellos hablan de bonos, propiedades, inversiones, bodas e hijos, yo paso horas discutiendo con mi banda si los Cheetos Puffs son mejores que los Cheetos clásicos (#CheetosPuffsFoLife). ¿Ven lo que les digo? Cada día me siento más como la niña que juega con su i-pad mientras los adultos hablan de cosas serias.

Vamos a sacar cuenta. Vivo sola, pago renta, lavo ropa, voy a reuniones, pago impuestos, sé cocinar, me despierto temprano y llego dos horas antes a los vuelos. Boom. Adulta. Por otro lado, no tengo un 401K, veo muñequitos, le tengo miedo a los rayos, duermo con mis perros en la cama, no me combino las medias y vivo con una resaca eterna. Yo diría que estoy como a un 70/30 entre ser una mujer y una niña, pero los dejo a ustedes que decidan.

From Becky Barnicoat

Yo pensaba que a los treinta años tendría mi vida bajo control, pero la verdad es que todo me parece más confuso que nunca. En mi defensa, tengo varios factores trabajando en mi contra. Para empezar, mi condición de músico atrasa mi desarrollo exponencialmente. Los músicos somos como Peter Pan- nunca queremos ser grandes. Encima de eso, las estadísticas dicen que mi generación se está casando y comprando casas más tarde que las generaciones anteriores. Esto es dado al receso económico, a que las mujeres estamos estudiando más y alcanzando posiciones más altas en nuestros trabajos (hell yea!) y también en parte, a que ya no compartimos exactamente los mismos valores de nuestros papás. Sea cual sea la razón, parece que no soy la única casi-treintona titubeando entre la madurez y el desorden.

La otra noche salí a janguear y la mañana siguiente, hice un pequeño análisis de mi comportamiento. Bebí sólo vino (adulta), fueron como cinco copas (no adulta). Llegué viva a mi casa (adulta) pero no me queda muy claro cómo llegué (no adulta). Puse un vaso de agua al lado de la cama antes de acostarme (adulta) pero no puse el celular a cargar (no adulta). Cuando me desperté al otro día, me alivié de encontrar mi billetera adentro de mi bolso negro (adulta) pero me di cuenta que me faltaba la tarjeta de crédito (no adulta). Resultó que mi tarjeta estaba adentro del bolsillo de mi pantalón (ufff casi la cago, pero sigo siendo adulta) que estaba tirado en el piso, frente a la puerta de entrada con el resto de mi ropa y todas mis pertenencias (no adulta).

Ya pueden ver que yo me baño en el río de la adultez, pero no termino de sumergir la cabeza. Cada vez que trato de comportarme como una mujer de casi treinta años, me resbalo, me equivoco o me pierdo. Lo más increíble de todo, es que yo soy feliz así. Mentira. Yo soy MUY feliz así. La organización y la estabilidad son chéveres, pero la espontaneidad y la frescura también lo son. Quiero darle a mi niño interior tenga una vida larga. Quiero que esta libertad que siento ahora mismo dure todo lo posible. Tengo el resto de mi vida para ser una adulta, ¿para qué acelerar el proceso?

From Reddit via Buzzfeed