¿Nos estamos tomando demasiado en serio las películas de Hollywood? En busca del mártir millenial.

kalopsia.
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Nov 7 · 8 min read

La generación desesperanzada, desubicada, narcisista, que ha crecido entre smartphones y discursos apocalípticos que vaticinan la destrucción del planeta en 2050, está buscando sus propios referentes. En un mundo donde los partidos políticos e instituciones tradicionales -un 48% de jóvenes españoles entre 15 y 29 años califica el funcionamiento de la democracia con una nota media de 4,18 sobre 10, y 3 de cada 10 de los encuestados considera no estar representado por ningún partido político [1]-, o la nacionalidad ya no tienen por qué constituir los pilares fundamentales de la identidad, se necesitan héroes, o mártires, que encarnen los miedos y ambiciones de una generación que, aparentemente, se encuentra perdida. Y es de esperar que, en la era Netflix, en la que las principales fuentes de consumo son los contenidos audiovisuales, ese representante generacional se busque en el cine o en las series. Los mártires y héroes contemporáneos ya no se encuentran en los retablos de las iglesias; se han trasladado a la pequeña y a la gran pantalla para encarnarse en Tyler Durden, Walter White o, en este caso, en Arthur Fleck, más conocido como Joker.

Quizá por eso parece haber tanto empeño en convertir al Joker de Todd Phillips, interpretado por Joaquin Phoenix, en el mártir del 2019, la víctima preferente de un capitalismo mordaz que lo expulsa, ya no sólo del sistema económico, sino también de la sociedad debido a su condición de enfermo mental. Por no hablar de la dictadura del placer a la que estamos continuamente sometidos y que parece obligarnos a ser felices 24/7; Joker es una alusión con patas a esta crítica.


Hago aquí un paréntesis porque no quiero quedarme sin decir que, en cuanto al tema de la salud mental y su tratamiento en el sistema sanitario, creo que retrata bastante bien la situación a la que se ve expuesta una persona considerada enferma cuando disminuyen los ya de por sí escasos recursos que se destinan a los tratamientos psiquiátricos, además de denunciar el trato que se da por parte de muchos profesionales a los pacientes. Éste es otro tema del que otras personas están mucho más capacitadas que yo para escribir sobre ello, y que desde luego daría para libros enteros, así que me veo en la obligación a pasarlo por encima y dejaros de manera gratuita una cita de Foucault que viene un poco al hilo del asunto: “(…) tratar de definir la enfermedad a partir de una distinción de lo normal y lo anormal es invertir los términos del problema: es hacer una condición de una consecuencia, con la finalidad, sin duda implícita, de ocultar la alienación como verdadera condición de la enfermedad.” [2]

Retomando el cuento que venía yo a contaros, que tiene más que ver con cómo los discursos y movimientos sociopolíticos buscan sus representantes, quizá de manera un poco precipitada, en la ficción hollywoodiense y en otros productos culturales, formulo de nuevo la pregunta que aparece en el título: ¿nos estamos tomando demasiado en serio las películas de Hollywood? ¿Estamos dándole un valor excesivo a productos que son, al fin y al cabo, bienes de consumo? ¿Estamos dejando que las interpretaciones descontextualizadas de una historia de ficción se sitúen por encima de las realidades en las que vivimos? ¿Se está convirtiendo Joker en un monstruo de Frankenstein?

Cuando una película se convierte en un símbolo representativo -y digo se convierte porque no creo que siempre nazca con el objetivo de serlo- de una cultura, es porque una sociedad le ha otorgado esa legitimidad. En este caso, las películas estadounidenses, con su óptica y discurso universalizantes, han adquirido una posición hegemónica como referentes culturales. De este modo, Hollywood ha conseguido que identifiquemos la Navidad con nieve y pavo relleno para cenar, cuando desde la ventana de mi casa en diciembre sólo se ve niebla y en mi vida he visto un pavo en el horno de mis padres. Al final, las cosmovisiones que crean las películas influyen en nosotros, y es precisamente por eso por lo que no debemos olvidar desde qué posición y bajo qué óptica se enuncian dichos imaginarios.

En el caso concreto de Joker, conviene recordar que su protagonista proviene del mundo de los superhéroes, donde los mundos en los que se desarrollan las tramas son lugares distorsionados, reflejos esperpénticos de la realidad. Gotham, aunque funcione como una metáfora de la corrupción y el caos a los que nos conduce el neoliberalismo, no es una ciudad real. Ni siquiera el Nueva York que aparece en Los Vengadores, aunque se llame Nueva York, existe de verdad. Son microcosmos creados específicamente para que unos personajes se desarrollen -y se peguen palizas- dentro de ellos. Y como son de mentira, pueden permitirse una serie de licencias, como que un montón de gente vestida de payaso acabe prendiendo fuego a la ciudad o pegando tiros a los ricos, porque todo esto forma parte de la narrativa que envuelve el universo de Batman. Si todo estuviese bajo control, si la policía conservase su autoridad, Gotham no necesitaría al murciélago. Se necesita una excusa para que existan los superhéroes, y esa excusa es la que encarnan los villanos. Por esta razón creo que es un error sacar Joker de la narrativa y el contexto de las historias de superhéroes, aunque esta película sea más seria que otras a las que estábamos acostumbradas.

Además, hay una idea que se repite a lo largo de la película que hace pensar que Joker es a Todd Phillips lo que el monstruo al doctor Frankenstein, en el sentido de que la creación ha cobrado vida propia y se ha independizado de su creador. Al igual que, como se muestra en la película, Fleck es convertido por la sociedad en un símbolo de la lucha de clases, incluso cuando él mismo llega a declarar que no tiene nada que ver con la política, a la obra de Phillips puede dársele una lectura errónea, en mi opinión, si se la interpreta como un panfleto político en contra del neoliberalismo más brutal. Joker no representa al sujeto político que la revolución necesita, sino que es, más bien, una representación del nihilismo más (auto)destructivo, tal y como argumenta Žižek [3].

Pero esto de sacar las cosas de contexto y darle demasiada seriedad a algo no es nuevo. El propio Joker ya lo dijo en El Caballero Oscuro con su famosa frase: “Why so serious?”.

Esto, por un lado.

Esta reflexión que Arthur Fleck anota en su cuaderno nos remite directamente a la observación de Bauman sobre la figura del héroe/mártir.

Por otra parte, está la razón por la cual Arthur Fleck parece el candidato perfecto para convertirse en un mártir contemporáneo. Dice Bauman sobre esta figura que se sacrifica por toda una generación que “el propósito de la muerte debe ofrecerle al héroe más valor que todas las alegrías que seguir viviendo en este mundo le pueda reportar” [4]. Fleck refleja esta idea en una de las notas de su cuaderno -del que se podrían sacar muchas reflexiones sobre el mundo actual y las implicaciones de la modernidad líquida que no caben ni en una sola película, ni mucho menos en esta insignificante publicación-, transmitiendo así su pesimismo y desencanto con su situación vital. No es que se vea a sí mismo como un mártir, pero se lo pone fácil a la sociedad para que se lo identifique como tal. Al fin y al cabo, sufre en sus propias carnes la degradación a la que puede conducir a los individuos el capitalismo neoliberal. Es la antítesis de lo que aspiramos a convertirnos los millenial, pero también algo a lo que parece que nos vemos cada día más expuestos.

Sin embargo, hay que tener presente que una cosa es Arthur Fleck, y otra bien distinta, el Joker. Mientras que el primero puede ser una víctima del sistema, un mártir que no llega a morir, el segundo es todo lo contrario a un héroe. En el momento en el que se convierte en el que más tarde será la némesis de Batman, toma las riendas de su vida. Él, y no el sistema o su enfermedad, es el verdadero responsable de todo lo que hace. Pensar que él no es responsable de sus acciones, justificar su violencia alegando que es el mundo lo que le ha hecho así, me parece simplista y, sobre todo, pesimista. Igual nuestras sociedades no son idílicas, y obviamente tienen mucho por mejorar, pero no creo que a nadie le gustase vivir en la Gotham que se nos presenta al final de la película.

Puede que nos encontremos en plena crisis de identidades, y que los pilares sobre los que las sociedades modernas occidentales se han asentado hasta ahora se estén tambaleando -o los estamos haciendo tambalear, más bien-. Pero eso no quiere decir que vayamos a dejar que un personaje que tiene más de disfraz de Halloween que de líder político y generacional se convierta en nuestro sujeto revolucionario. Quiero pensar que tenemos criterio suficiente como para dejar que eso pase.

Ni todos los referentes tienen por qué buscarse en películas, ni tienen por qué ser mártires de la sociedad. Igual es hora de empezar a situar el foco en las luchas cotidianas y empezar a tomar ejemplo de las personas que nos rodean. ¿No queríais realidad? Pues ahí la tenéis.

En resumen, creo que todos aquellos que ven en Joker una incitación a la violencia y al descontrol no deberían preocuparse tanto. Esto sólo va a durar un rato, como pasó con la tontería de La Naranja Mecánica o El Club de la Lucha. Mañana encontraremos otra película que amenace a la inocencia de los jóvenes o sea un desafío a la moralidad mayoritariamente aceptada. Lo que sí va a seguir ahí a no ser que movamos el culo por cosas verdaderamente importantes es la desigualdad, la pobreza, la discriminación racial, sexual y de clase. Así que igual es hora de dejar de preocuparse tanto por una película de ficción que en el fondo no es más que eso: una película de ficción.

REFERENCIAS

[1] INJUVE (2017). Jóvenes, Participación y Cultura Política. pp.19, 33. Disponible en: http://www.injuve.es/observatorio/valores-actitudes-y-participacion/jovenes-participacion-y-cultura-politica-0 [Acceso: 7 de noviembre de 2019]

[2] Foucault, M. (1984). Enfermedad Mental y Personalidad. Barcelona: Paidós, pp.117, 118.

[3] Žižek, S. (2019). ‘System deadlock’: Joker artistically diagnoses modern world’s ills. [online] Russia Today. Disponible en: https://www.rt.com/news/472541-joker-movie-horror-violence-zizek/ [Acceso: 7 de noviembre de 2019]

[4] Bauman, Z. (2005). Vida Líquida. Barcelona: Austral, p.61.

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kalopsia.

Aromática y amarga. A veces me enfado por cosas, aunque también hay otras que me ponen muy contenta. Depende del día y de lo que desayune.

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