Diciembre miente

(An)

Podría ser que por casualidades sencillas que rechazamos adivinar por saneamiento psicológico el último día de un año el cielo hoy esté nublado. A lo mejor estos últimos días grises dejan en evidencia el drástico cambio de clima por problemas en la capa de ozono, recientes catástrofes terrenales o vientos típicos de la época desde la cumbre del entero cono sur. Ahora, si el cielo tuviera razones propias, es decir, pudiese elegir tornarse gris o azul brillante, quizás elija la primera opción solo para recordarnos algo. Quizás mienta al decir que me importa, porque uno ha sonreído y olvidado con maldad para un bien propio de extinguir lo que duele y da trancazos al pecho, hablo de todo, todo lo que se ignora y el último día del año se sigue ignorando pero con la diferencia que se cree sepultar cuando en verdad solo se almacena en algún frasco transparente. Y para quiénes en verdad hoy el día es negro. No importa. Bastará mirarlo, al menos desde aquí, Caracas. Vaya día negro que se aproxima, con él se cierra un año supuestamente para dar cabida a otro. ¿Supuestamente? Me pregunto. Pero, dejaré de preguntarme para hacerle saber a alguien que lea esto, cómo es que diciembre miente.

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Solíamos hacer la bienvenida de brazos abiertos, bien vestidos, reunidos, me acuerdo, acompañados de comida hasta el techo, bueno quizás exagero un poco, no hasta el techo pero sí lo suficiente como para inflar literalmente el estómago, calentar la piel como si se tuviese fiebre, repudiar todo lo comestible por las próximas setenta y dos horas y media, y sentarse adolorido en el sofá, probablemente escuchando un cd de aguinaldos con gaitas y el mismo grupo (los más cercanos) conversando sobre sus teorías personales de cómo llegará para ellos el siguiente año, sus metas, sus deseos estúpidos que a ti no te interesan, sus bendiciones por compromiso con el dogma inculcado y la posición de, como he dicho, el mismo supuesto grupo de los más cercanos. Suelo formar dramas existenciales cuando me levanto y encuentro a R formando peo como de costumbre, aunque debo decir que no sé por qué ni qué fuerza bidimensional actúa sobre ella para amargarle todo el tiempo el último día del año. Pasa lo mismo en navidad, pero, eso sí, con mucha menos intensidad. Me despierta sin más con su griterío madrugador tan aturdidor como su voz. Si nunca jamás ha respetado el sueño ajeno de nadie, ni siquiera tendría por qué respetarme el mío. Se pone a barrer, es decir, levantar todo el polvo del suelo y echármelo en la cara, justo cuando empiezo a desayunar. No soporta verme acostado viendo la televisión en la sala, así que exige con voz seca y fuerte el silencio hacia la máquina, como amenaza hacia mi integridad. Parece que algo le molestara, no sé si su propia soledad, o al menos la que según ella dice padecer. No creo que en este punto de su vida ella esté sola. Estar solo, con uno mismo, implica complicidades interiores, implica aislamiento, rechazo hacia cualquier agente externo, para ser más específicos, cualquier persona que intentase romper ese círculo magnético con sus energías, puede ser para bien o puede ser para mal, pero se romperá y, entonces, se dejará de estar solo. Qué te pasa, vieja, no te arreches que es año nuevo y los viejos no se arrechan en año nuevo ni arrechan a los demás. Lo que pasa es que tengo cosas que botar, de aquí, de adentro, cosas que me hacen mal y por eso tengo que hacerle mal a los demás amargándoles su existencia, como a ti y a tu mamá.

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Apuesto que ninguno sabe cuántos años está cumpliendo hoy la tierra. Hay una canción que me gusta poner en estos días, desde que me levanto la voy escuchando hasta el baño para mear con ella de fondo, en la ducha, luego ya en la noche antes de dar el feliz año, la pongo, me gusta porque se llama año nuevo y entonces cae perfecto con la ocasión a celebrar, y entonces, me pregunto cómo se supone que se debe celebrar un año más. H trajo dos botellas de vodka y un limón podrido. Para por lo menos tener algo con qué pasar el rato, un trago ahí, bah, y luego, después de estar pegado al televisor como un enfermo de mierda, me iré a dormir, cállate que no me dejas escuchar, hablas mucho, cállate, ah, sí, iré a dormir y no quiero que me molesten. No me gusta tomar, ,me digo a mi mismo, no quiero, no me apetece, por qué se ha de tener en la cabeza ese concepto de celebración erróneo del alcohol como compañía para poder hablar mejor con los demás. Acaso hablar cuesta tanto y por ello se necesitan sustancias químicas que aniquilen cada vez más al cuerpo y este se seduzco y se deje llevar por el cansancio, la sintonía de la televisión de fondo, y así, poder mantener una simple conversación básica. Sí, porque eso es lo que ha deparado diciembre, básico en su más puro estado, básico, y lo que era antes ya no importa porque crecí, porque soy demasiado manganzón, adulto. Por eso tengo que taparme los oídos, para evitar que sangren, para imaginarme lejos de aquí, en donde ya no esté más solo, en donde alguien comparta conmigo lo que hoy no puedo compartir en este cuarto, en esta sala, en esta casa, en este criadero, para seguir estando con R, mi mamá, también ella está en mis planes, lejos de todo eso que me perturba, de las lenguas que hablan solas y las llagas que nos desprecian. Por eso, el otro año, a partir de mañana, espero que diciembre no vuelva a más a mentirme.

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