El Criadero: Los Otros-AT (II)

Antiguo Testamento

(N)

¡Upa! ¡Papá upa! Ahora te toca a ti RA. HA, vente, ¡upa! Vénganse, los dos. Dejen de rebotar contra mi panza. Que me duele. Que me duele. ¡Me duele! ¡Abue! Mira, pri. Va a sacar la cartera. Con cinco boli nos compramos dos helados para cada uno. Gracias, abue. ¡Y a rebotar de nuevo encima de tu panza!

No eructes. Mal educado. No hables. No digas nada. Eres atorrante. Tómate un buche e clavo. No respires. ¿Te la das de sabelotodo? Tú y tu mamá, se tendrán que acostumbrar. Esa casa no es de ustedes. Es de R. No es de ustedes. O se lo aguantan. O se vienen a vivir para acá. Ah, bueno, entonces no le mortifiques más la vida a R. Tú y tu mamá, la viven atormentando. ¿Qué no entiendes que eructar es malo? No vuelvas a eructar, chamo, falta de respeto, aprende a respetar, ah, sí es verdad que tu mamá no te enseña nada, no te enseña a respetar. Pero, yo te digo, delante de mí no vuelvas a eructar jamás. No hables. Cállate. Falta de respeto. ¿Vas a volver a eructar? Abusador. No respires. Que por tu culpa ahora separaste a la familia. Porque sí, porque lo digo yo, y lo dice R. También RM apoyada por J Sin Miedo y hasta la misma O, aunque no lo creas. Lo corrobora NA. Detrás sé que lo piensa RD, en sintonía con F, haciéndole coro, ya me lo han dicho, que estás pasado, que eres incorregible, y que todo es culpa tuya. Todos. Lo dicen todos, RA. Mira lo que has hecho. Separaste a la familia. Tú. Tú. La culpa la tienes tú. Toma cien boli. Y piérdete. Déjennos en paz. Tu mamá, y tú.

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(RM)

Tiene sus arranques. En diciembre se revela, se le cae la careta. El día de la resurrección de Cristo, también, solo que en vez de resucitar él, resucitan los delirios en su alma. Das los besos sin sonido. Los besos del silencio, en el silencio. Uno de los cuentos que me echabas era yo a los tres años y medio (no sé si es verdad porque no me acuerdo) me metía en tu cuarto (bueno, en el cuarto que compartías con RD) y me gustaba agarrar todas tus medias y tus sostenes y tus pantaletas, sentirme dueño de ellas, y regarlas por todo el pasillo; era como una ley, jurabas, que yo fuera a tocarte la puerta para divertirme con tus prendas íntimas (quizá haya despertado en mí en ese momento el morbo estéril); solo que la Tata, en vez de regañarme, ella decía, déjalo qué no ves que es un niño, está chiquito, vente para acá, mi niño, vente, no vuelvas a ir pa allá, déjala, que ya se va. Me acostumbré tanto que, por cosas de la vida, cuando terminaba de acariciar a Halcón, bañaba en talco a Sandy, recogía los mamones de la matica, me daba dentera, lanzaba las muñecas de O mientras lloraba pegada a la almohada y salía con su mal aliento, me daban ganas de llorar cuando no iba a tu casa y, por fin, ahora a ver televisión toda la tarde, pero salías del baño, desnuda, y te agarré los senos, luego me empujaste hacia la cama, me pegaste un grito de odio, lo vi en tus ojos, era odio, y no quisiste que O se acercara más a mí. Estuve días sin ir después de eso, recuerdo, aburrido en la casa con mi Tata. Venías una temporada porque O practicaba ballet en mi colegio. Hacíamos la tarea juntos, a veces, y me sentía niño grande porque las tareas que le mandaban a O me las sabía de memoria, excepto los números, nunca fui bueno para los números. La Tata no estaba. Desde ese incidente no viniste más, y era que le dije a O: mira, tu mamá está loca. Loca. En parte porque nos habíamos peleado ella y yo, y en parte porque te metías con mi mamá y conmigo, diciéndome que dejáramos en paz a la Tata, mi Tata, que yo ya la tenía cansada, que un día de estos le daría un infarto, e iba a ser mi culpa, por mi culpa, y me señalabas alejándome con asco de ti y de tu hija. Me volvías a mirar con odio, sacudiéndome por la camiseta de fútbol que tenía puesta porque era jueves y tenía práctica. Le dijiste a O que se encerrara contigo a esperar que llegara mi Tata. Se lo contaste. Empezó. Así como habías sido tú la primera en ponerme el apodo que odié toda mi vida (chino) eras tú, desde ese momento, quien creó la primera semilla de odio entre mi Tata y yo. Semilla que germinó en un árbol. Árbol que engendró frutos con veneno que debíamos comer mi Madre y yo para no pasar hambre desde ese entonces. Tú. Lo iniciaste. Y se fueron sumando, como animales, como bárbaros, cual cadáveres que se alimentan de resentimiento y envidia, queriéndose chupar todo signo, por minúsculo que fuese, de felicidad.

Volvía a Buena Vista menos intranquilo; aparecías tú, después de regañarme y prohibirme entrar al cuarto por hacer llorar a O, y decirme, te voy a mandar para El Mar… ah bueno, ya sabes, voy a llamar a tu Mamá. Y entonces me la pasabas. Ella, en cambio, decía. Eso no se hace, compórtate RA, compórtate y respeta a tu tía, a tu prima, a los perros de tu tía; pero si yo no les hice nada; bueno, cuando llegue hablamos; vente temprano, ven a buscarme ya; no puedo, a las cuatro estoy allá, a las cuatro, quédate sentado en el mueble, ignóralos, deja de llorar, qué es lo que te pasa, chico, deja de llorar; ¿qué vas a almorzar?, lávate las manos, no vuelvas a tocar a Mini, no te restriegues los ojos, no te pases las manos por la cara, sácate los dedos de la boca, ¿Te estás jorungando la piel? Déjate esa costra. ¿Qué te he dicho? Anda, anda a jugar con tu primita y quédate tranquilo, (pero…), dime, ¿qué pasa, RA? Dime, que estoy trabajando, chico, dime. Mamá, que ahora se están burlando de mí, de ti, Mamá, de nosotros, se están metiendo con nosotros. Llegó N, papá upa, y él también se está metiendo conmigo, contigo, con nosotros, con los dos, pensé que no era capaz, pero sí, y cuando saluda a O, Mamá. Le dice. Mi niña. Mi niñita. Mi O querida del alma, dios me la bendiga y me la favorezca y me la libre de todo mal. Y a mí solo me dice, a veces, cuando se da cuenta de que estoy ahí, me dice: qué fue Pelo Pincho. Pídeme la bendición. No te oigo. ¿Y la bendición? Ah, bueno. Dios te bendiga (y eso porque no le queda más remedio). Más nada. Encendieron el televisor, como siempre para el almuerzo, están diciéndome llorón, y a ti te están diciendo que no eres de aquí, que eres una gordinflona, chismosa, entrometida, fastidiosa, se burlan, y con ellos también RM, no puedo comer así, Mamá, no puedo. Solo respondía dos cosas: me dicen colombiana, hijo, de cariño. No les prestes atención. Entonces quédate sentado en el mueble. ¿Para qué me dices que te lleve? No vas a volver a ir para esa casa. Se acabó. Juega con la máquina portátil. Quédate ahí. Espérame. Que a las cuatro te busco. Te quiero, hijo mío. Te adoro. Te amo, ¿lo sabes?

Ah, pero y qué hay de J. Cuando cuentas siempre cómo lo conociste. Me lo sé de memoria. Ibas a vender el kiosco. Tenías veinte. Apareció una vieja canaria. Leía las cartas. Tú tienes cara de preocupada. No se lo digas a nadie. Ya yo me dejé de eso. Pero, voy a ser flexible, una excepción contigo, porque mira que la necesitas. Tócame la puerta. Yo abro enseguida. Y te leyó las manos, los ojos con las cartas, el corazón, los labios. Te leyó. Y te dijo que ibas a conocer a un hombrecito calvo. Enano. Enanísimo. Estúpido. Pero, te sacará del calvario en donde estás metida. Tendrás una sola hija. Sí, el calvario. Porque me lo revelaste. Para ti, R, mi Tata, Doña R, es un calvario, y ha sido siempre un calvario contigo, con todos, de alguna forma, toda la vida. Quieres salir de ahí. Agarrar aunque sea fallo. Por eso fue más temprano que tarde. Ese día en donde los chinos. Le diste el número. Por intenso lo dejabas esperando en la línea. RD contestaba. ¿Qué le digo? Me llamo Margarita, Margarita. Caíste. Porque después le atendías. Llegas a su casa. Miras a los alojados. Miras cómo los trata. Es una mierda. Es un hombrecito de mierda. Pero, te dejaste. RM, te dejaste poner sus sucias, robustas, tontas manos encima de tus senos, tu cuerpo, abierto. En una sola vez. No más, porque este hombre me da asco, dices. Me repugna. No me gusta el sexo y él hace que ahora odie más el sexo, dices. El placer para mí es desde lejos. Soy fría. Como el hielo en el vaso de whisky en su mesa, porque el hombrecito, el enano, enanísimo, también es alcohólico. Sabías que ya era O adentro. Dando patadas. Te extirpó la hernia por comer frío en los trabajos de vendedora. Vomitas sangre. Por eso te quedaste con un solo diente amarillo, entre todos, el colmillo izquierdo. No lo amas. Lo aprecias por ser el padre de tu hija, pero hasta ahí. No lo amas. Me lo confesaste. Y ahora yo te confieso, RM, que él no es solo todo lo que ya conoces. Es un violador. Un violador pasivo. En psicología a eso lo catalogan como psicópata nivel uno. ¿Por qué crees que yo de niño lloraba cuando se me acercaba? De niño. Él. Tu marido. Papá de O. JSin Miedo. Enano, enanísimo. J. Me tocó los testículos. Y en casa de Doña R, para rematar. Así nos revelamos. Sin debernos nada.

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(NA)

Me tienes envidia. Lo sé. No solo lo intuí yo, sino también RM. Me lo dijo. Quizá por ver mis tan escasos pero certeros logros, al fondo de tu pecho, detrás de tus pulmones negros, manchados de tanto fumar desde los trece años afuera del liceo, tirándotela de malo, de macho, que jode a todo el mundo; a golpes se resuelve todo, y quizá, solo por eso, y por lo de la frente (porque nunca nadie te había tocado siquiera la cara) que no has superado ni superarás nunca, sea que, tú, NA, me tienes envidia, algo de rabia, aunque sea mínima, y sí, rencor en su más puro estado, recién salido del horno de los malos sentimientos que caracteriza a esta familia a la que mi madre y yo no pertenecemos. Así me lo hicieron entender, y así lo entenderé. Debo alejarme. Buscar horizontes nuevos en refugios para gente sin familia y/o con familias de mierda, valga la redundancia. No te acuso yo de mal padre porque HA fue quien me lo dijo, me lo reveló una tarde de lluvia en el parque de las residencias; mal hermano porque con frecuencia insultaba a mi Mamá y la has denigrado cada vez que te dio la gana, incluso hasta yo siendo adolescente; ciego ante la realidad, la niegas, jamás le dijiste un gracias a mi Madre por haberse encargado en buena parte de D (hermano de HA, mi pimo, sin la erre porque así él me decía cuando era más pequeño) de cuidarlo, limpiarle el culo, bañarlo, preocuparse por su educación, por su salud, hacer, pues, las veces de algo (como bien lo había hecho ya con HA) que nunca pudo cumplir la biológica (a la que tu llamas loca delante de ellos): la maternidad por mera vocación enraizada en el amor, y no cualquier amor, para ser más específico, el ágape, del que ella carece; con todo y eso mi Madre insiste en que te valore, en que te reconozca porque pasaste trabajo siendo camionero, viajando por todo el país y durmiendo en las carreteras desoladas; mal hijo por haber golpeado a tu padre; mal estudiante por no haber sacado una carrera universitaria (al igual que RM) y por terminar el bachillerato en un parasistema (ojo, que no tiene nada de malo, ¿eh?). Es lo que he escuchado. Yo solo repito. Y lo repito no para ser como tú, rencoroso, criticón, sacarle a los demás todo a la cara, no. Sino para tener en cuenta, luego de haberte estudiado (al igual que al resto de los otros) lo muy vampiro que eres, como ellos (todos son vampiros) que, sin duda, debo mantener lejos de mí. No tengo nada en tu contra. Para muestra, estos párrafos que dedico a tu memoria.

Fue en la reunión cuando me di cuenta.

— Párate, que llegó N. (RM)

— Mi niña, dios me la bendiga, me la favorezca y me la libre de todo mal. (N)

— Te quiero, abue. (O)

Así había llegado N. Saludando a todos y volviéndome a ignorar a mi. Solo que yo no fui a saludarlo. ¿Por qué? La norma dice que el que llega es el que, por cortesía, debe saludar, si no a todos, por lo menos de lejos, echar un gran ademán fraternal. No lo hizo. Terminamos de comer. Todos callados. Empezó.

— Tengo la barriga llena, ¿a quién jodemos? J, ven, y lléname el vaso. Apúrate.

— Sí, Doctor N, ya voy, mi Doctorsito, ahí voy, espéreme. Podemos joder a RA, como siempre, Doc.

— ¡Claro! ¿Qué opina, NA?

— Yo de acuerdo con todo lo que mi papi diga. Vamos, papito, a joder a RA con toda nuestra fuerza, porque se lo merece, porque no te pidió la bendición.

— Tienes razón, el muy tarado no me pide la bendición.

— Y le dice viejo a todo el mundo, a ti, a usted Doctor N, a RM, a todos, así como con sorna, porque eso es lo que es él, un prende la mecha, falta de respeto, abusador; ah, pero déjalo, si es que llega a viejo, a ver cómo va a terminar el pobre.

— ¡Ja! Tienes toda la razón, J. Por él se separó la familia. ¡La separaste! Niño, estúpido.

— Yo sé que tú me tienes rabia, RA. Pero, a mi papá, a N, le estás revirando, le estás faltando el respeto, y encima no le pides la bendición, eructas, ¿quién te crees tú? ¿Qué coño es lo que te pasa? Tranquilo, yo no sería capaz de ponerte una mano encima. ¿Ves a ese señor que está allá sentado? Bueno, ese señor, no es más que El Padrote, para que sepas. Ahora, ven acá, háblame de tu religión.

— Soy agnóstico.

— ¿Qué significa eso?

— No me mortifico por ser el que halle la verdad, a diferencia de ustedes. Solo vivo. Nada más.

— Sí, pero es mi papá. Y se respeta, porque tú, tú estás revirando, tú grosero de mierda… (NA)

— Estás revirando, coño, malcriado, malagradecido, estúpido, imbécil (J)

— Niño, ¿de dónde saliste tú así tan del diablo? Y encima, grosero, asqueroso, cochino, marrano. Vente para acá, O, esas malas juntas, qué va con esas malas juntas, mi amor. (RM)

— Sí, me ofendo. Me ofendo. ¡Es como si me dijese maricón! ¡Me dijo maricón! (N)

— ¿Cómo ofendes a mi abue así? ¿Quién te crees? (O)

— ¡TODOS CONTRA ÉL! ¡HEREJE! ¡TRAIDOR! (NA, N, RM, J, O)

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(RD)

Doña R fue a cagar y salió ella. ¡Es que son tan parecidas! Hablo del físico. Y del carácter también. Pero, sobre todo del físico. Susanita. De niña leía historias cortas porque se copiaba de H (el lector voraz por naturaleza), su hermanito. Miraba caricaturas en la televisión, era la menor. También tiene un pasado gris. Digo Susanita porque desde niña siempre se hizo películas de lo políticamente correcto en una sociedad. Casarse. Comprar una casa enorme. Tener hijitos. La mascota. Y ser la familia más feliz del mundo entero y más educada y más unida. Esto no solo lo puedo asegurar porque me lo contaron sus dos hermanas, sino también porque una tarde entera, HA y yo descubrimos en la casa, siendo niños, su diario secreto, sin que Doña R se diese cuenta. Allí contaba todo. Todo. En serio. Desde lo que había comido ese día en el desayuno, hasta la confesión de que siempre estuvo enamorada de un niño que nunca le había prestado atención: JD. Descubrimos el porqué este niño no le hacía caso a sus greñas y a sus dientes torcidos. Era homosexual. Solo que RD se enteró tarde. Y cuando lo supo ya era una muchacha desarrollada, virgen todavía. Se enamoró de otro. Se imaginaba en su mente las películas. Lloraba a escondidas. Probó el cigarro en tercero de bachillerato, cuando salía de fiestas con sus infinitos amigos de la calle, al igual que NA. Se empezaba a vestir como los demás para ser aceptada. Tenía vergüenza de sus greñas. Se las aplastaba con una gorra de Radio Caracas Televisión. Casi que se iba a hacer una permanente, como la que se había hecho NA antes de que lo mandaran al internado militar de donde salió después de un año porque los coroneles se hartaron de sus vaciles y de la corrupción que armaba para empezar a tener su propio dinero vendiendo pan con Diablito y mantequilla en la noche cuando los mandaban a dormir; se los traía Doña R los domingos de visita, y se iba llorando por hacerle esa maldad a su propio hijo.

Iba a estudiar Comunicación Social. Pero, no quedó. La rechazaron por su puntuación. Y como la rechazaron ella rechazó a la carrera. De modo que eligió Educación. Conoció a MA. Se la presentó a H. Al principio no se llevaban bien, pero luego se fueron enamorando. La recuerdo porque fue la única mujer que, para mí, H amó en serio (aunque él me lo niegue). De todos los hermanos, para RD, H siempre fue, es, y seguirá siendo el confidente. El favorito. El que mejor trata. El clase aparte. Si en algo nos parecemos ella y yo, es en eso. Aún recuerdo el día en que me fue a buscar al colegio. Paquita, la profesora que me pegaba con el bolígrafo, me zumbaba los diarios por la cabeza al tiempo que, batuqueándome contra el piso, me hacía pasar pena frente a todos los demás niños; me llamó y pensé que me iba a mandar a dirección, otra vez. Pero no. Era porque mi tía RD, me vino a buscar así de repente, sin aviso. No entendía nada. Confusión. Apúrate que ya nos vamos. Apúrate, RA, ¿recogiste todo? Vámonos. ¿A dónde? A la casa. A la casa. ¿De mi Tata? No. A mi casa. A mi casa. Se murió el tío Mario, en paz descanse, el tío, Mario. En el camino ella me iba distrayendo preguntándome cosas. ¿Y las notas? ¿La boleta, cuándo te la dan? Quiero ver esa boleta. ¿Le sigues quitando los juguetes a los demás? Mira que eso no se hace, RA, está mal, eso es robar. Devuélvelo. ¿A quién se lo quitaste? ¿Alejandro? Yo conozco a la mamá. La voy a llamar. Mire, qué pena, ¿es usted la mamá de Alejandro?Mucho gusto, yo soy la tía de RA, un compañerito que estudia con su hijo, y que es un mal compañerito porque le quitó a Ale una cuerda eléctrica para saltar. Se la devuelve el lunes. Él lo promete. Él no es así. No sé qué le pasó. Pido disculpas. ¿El fútbol? ¿Cuándo juegas? ¿Este sábado? Mira que este sábado me caso, RA, me caso con F, ¿sabes? Juegas. Y después la boda. ¿Estás emocionado, verdad? ¡Yo sé que sí! No dejes mal a tu tío, H. Mete aunque sea un gol a su nombre. Sí, pero él prefiere a O. También defiende mucho a HA. Él a mí no me quiere. Nada. Nadita. No me quiere, mi tío, H. ¡No digas eso! No lo vuelvas a repetir, RA. Ven, sécate las lágrimas con mi manga, no con la franela, que es blanca, que la usas todos los días. ¿Quieres que te diga un secreto? Pero, shh, aquí entre nos, RA, ven. ¿Sabes algo? Tú, RA, tú. Solo tú. Eres el favorito de tu tío, H. ¿No ves que solo por el hecho de jugar fútbol como él ya tienes todo el terreno ganado? Te emocionas como él antes de un partido. Miran la camiseta guindada en la batea, esperando que se seque. Duermen con el uniforme puesto. Hasta con las canilleras. Sacuden los tacos en la cama, llenos de tierra. Los dos tienen piernas de futbolista. ¿Sabes cómo son? Párate enfrente, derecho, erguido. Mírate las rodillas. Están separadas. ¡Piernas de futbolista, mi amor! Eres su único ahijado, tú, sí, RA. Te pareces a él. Así era tu tío, H, de pequeño. Así, como tú eres. Él te quiere más a ti. Eres, además, el hijo que nunca va a tener. Es como tu papá, RA, el papá que nunca vas a tener.

Ven, vamos a hacer la tarea. Eso sí. Te cepillas los dientes después del almuerzo, a mí no me hables con la boca fea. Termina la caligrafía, o aquí te quedas. Te perderás la práctica.

Tendrás una primita. Se llamará, MI.

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