Costumbre al dolor.

Doce del mediodía. El odio ha ganado la batalla esta vez. En su cabeza, las dos partes de su mente divididas. Una ama y la otra odia. Y a veces gana una. Y a veces, otra.

No se necesita nada para ello, más que levantarse con el pie izquierdo. De la nada, algo se tuerce dentro de él, és un veneno; y no sabe como reaccionar más que sacando y clavándote los dientes.

Y la víctima llora. Y se ríe a la vez. Porque no es la primera vez que esto sucede. Ya sabe como funciona. Pero eso no quita que no duela igual. Al fin y al cabo, le ha mordido, le ha clavado los dientes. Es una pequeña marca más; aunque después de tantas cicatrices ya no se siente igual. Porque sabe qué cuando ese veneno se haya disuelto, será él quien vuelva a besar sus heridas.

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