A veces, simplemente no queremos darnos cuenta.

A veces no nos damos cuenta, otros hacemos que no nos damos, y en el peor de los casos, no queremos darnos cuenta, por el simple hecho que existe el miedo y la esperanza, y eso dependerá de muchos factores, de historias jamás contadas, momentos de ira, tristeza, hasta una decepción.


Factores que, de alguna u otra manera te harán sentir ese pequeño miedo sobre ellos, aquellos espectros que controlan cada movimiento como si de un juego de ajedrez se tratara, donde nosotros formamos parte del juego como simples piezas, cuando nosotros deberíamos ser quienes controlemos nuestras jugadas, movimientos y sacrificios para llegar a un fin, una meta, un objetivo, tu razón de vivir, tu ascensión.

Existe un universo, inmenso e infinito hasta donde sabemos; muchas galaxias, constelaciones, sistemas, soles, planetas, satélites, lugares inhóspitos que pasan desapercibidos, o simplemente no nos damos cuenta que existen o, sabemos que están, pero no nos tomamos el tiempo para buscarlo.

Lo mismo pasa aquí, en este pequeño mundo, con más de siete mil millones de habitantes, cinco continentes, y uno en especial, con grandes riquezas que pareciera estar dividido en tres, y en esa tercera parte, en el cinturón de ese maravilloso continente, me encuentro yo, en un pequeño país a los ojos del mundo, reprimido por un gobierno corrupto, pero grande en el interior, en espera de que alguien, no los despierte, sino que les quite la venda de los ojos.

Lo mismo pasa aquí, en este país, con infinidad de matices, culturas, tribus, vibras, miles y miles de kilómetros de vida, y entre esos lugares, aún existe gente que no se da cuenta, miedos, y personas que por más se lo demuestres no querrán darse cuenta.

Pero, ahí estoy yo, haciendo mi camino, unas veces rápido, otras, disfrutando el paisaje que nos rodea; una nube, puede bastar para detenerme y admirar su belleza, su forma y color. Pero, siempre mirando sonriente hacia adelante, buscando, ¡buscándote!, haciendo miles de señales, intentando atravesar el gentío que nos rodea.

Pero, volvemos a lo mismo, muchas veces no nos damos cuenta, no te das cuenta, no quieres darte cuenta, queremos que esto deje de pasar, tratamos de evadirlo, cuando al parecer, podemos sentir lo mismo, los latidos llegan a sincronizarse, las risas y sonrisas nos dan pistas, respuestas a preguntas de nuestro subconsciente, porque una sonrisa, vale más que mil kilómetros de monotonía, una sonrisa, puede provocar un revoloteo dentro de nuestro universo, puede cambiar nuestro camino, puede ser la mariposa perfecta, que se encargará de que nos una en un futuro.

El problema, es que aún están esos espectros controlándonos, haciendo nuestros movimientos, fijando una ruta de evasión, cuando, podríamos tomar nuestras cadenas, romperlas, y salir de ese tablero de monotonía donde solo es blanco y negro, cuando afuera, se encuentra un país, un continente, un planeta, una galaxia, un universo por descubrir, un lugar mágico por vivir, una vida, que podríamos vivir realmente, ¡juntos!, palma con palma, jugando con los dedos, dedo con dedo, entrelazándolos uno a uno, mirada al frente, sonreír y no decir ninguna palabra, porque es nuestra respuesta, nos dimos cuenta, quisimos darnos cuenta, de este hermoso amanecer, este nuevo caminar, porque ya no hay quién nos controle, ningún miedo, depresión, decepción, ¡nada!, solo nosotros y un universo por descubrir.

Pero sigo aquí, haciendo miles de señales, intentando atravesar este gentío, esperando una sonrisa, la respuesta, para seguir, vivir y seguir sonriendo.

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