Scorsese: Traducido

Nota: Esta es una traducción del artículo de opinión Martin Scorsese: I Said Marvel Movies Aren’t Cinema. Let Me Explain, publicado por The New York Times el 4 de Noviembre. No encontré ninguna traducción oficial online, así que decidí hacer una propia.
Pueden encontrar el artículo original por acá: https://www.nytimes.com/2019/11/04/opinion/martin-scorsese-marvel.html
Dije que las películas de Marvel no son cine. Déjenme explicar
por Martin Scorsese (Traducción de Raúl Cabrera)
En Octubre pasado, estando en Inglaterra, le concedí una entrevista a la revista Empire. En la misma me hicieron una pregunta sobre las películas de Marvel, la cual respondí. Dije que había intentado ver algunas, pero que no eran para mí, además dije que estaban más cerca de asemejarse a parques temáticos que a películas, por lo menos desde la concepción que he tenido del cine, la cual he atesorado por la mayor parte de mi vida.
Finalmente, dije que no creo que las películas de Marvel se puedan considerar como cine.
Algunas personas, aparentemente, han tomado la última parte de mi respuesta como un insulto, o como evidencia de que le tengo algún tipo de odio a Marvel. Si alguien está ceñido en caracterizar mis palabras de esa manera, no hay nada que yo pueda hacer para impedirlo.
Muchas películas de franquicia son hechas por personas con mucho talento y oficio. Se nota en la pantalla. El hecho de que las películas no me interesen, como tales, habla de mi gusto personal y mi naturaleza. Nada más.
Tengo muy claro que si fuera más joven, o si hubiese crecido en otra época, posiblemente estaría emocionado de ver estas películas; incluso llegando al punto de querer hacer una de ellas. Pero no, crecí cuando crecí y desarrollé un sentido del cine, de lo que era y lo que podía ser, que está tan lejos del universo Marvel como nuestro planeta está de Alfa Centauri.

Para mí, para los cineastas cuya obra llegué a amar y para mis amigos que empezaron a hacer cine al mismo tiempo que yo, el cine era sobre revelaciones; tanto estéticas, como emocionales y hasta espirituales.
Era sobre personajes, la complejidad de las personas y su naturaleza contradictoria y paradójica, sobre la manera en que pueden herirse, luego amarse y de repente confrontarse unos a los otros al respecto.
Era sobre confrontar lo inesperado en la pantalla y en la vida que dramatizaba e interpretaba, además de expandir la concepción de lo que era posible en el arte.
Y ese era el elemento clave para nosotros: era un arte. Existía cierto debate al respecto, así que tuvimos que hacernos escuchar para que el cine fuera equiparado con la literatura, la música y la danza. Logramos hacer que la gente entienda que el arte se puede encontrar en muchos lugares y en muchas más formas.

Se encuentra en The Steel Helmet de Sam Fuller, así como en Persona de Ingmar Bergman. Está en It’s Always Fair Weather de Gene Kelly y Stanley Donen, así como en Scorpio Rising de Kenneth Anger. También en Vivre Sa Vie de Jean Luc Godard y en The Killers de Don Siegel.
O, también, se encuentra en el cine de Alfred Hitchcock, aunque supongo que podríamos decir que Hitchcock era prácticamente su propia franquicia. O por lo menos era nuestra franquicia.
Cada estreno de Hitchcock era un evento. Estar en un cine viejo, lleno, viendo Rear Window era una experiencia extraordinaria: Era un evento creado por la química entre el público y la película, algo electrizante.
De cierto modo, algunas películas de Hitchcock eran como parques temáticos. Pienso en Strangers on a Train, cuyo clímax transcurre en un carrusel, situado en un literal parque temático. Así como en Psycho, la cual vi en el estreno de medianoche y fue una experiencia que nunca olvidaré. Las personas fueron a sorprenderse y a emocionarse. No salieron decepcionadas.
Hasta el día de hoy, casi un siglo después, seguimos viendo esas películas y emocionándonos. Pero ¿es por las emociones del momento que seguimos regresando a este cine?
No lo creo, las escenas de acción en North by Northwest son impresionantes, pero no serían nada más que una composición visual elegante sin las emociones centrales de la trama, o el absoluto desahucio emocional del personaje de Cary Grant.
El clímax de Strangers on a Train es admirable; pero lo que hace a la película resonar al día de hoy es el juego entre los dos personajes y la actuación tan perturbadora de Robert Walker.
Algunos dicen que el cine de Hitchcock era muy parecido entre si, tal vez tenían razón (el mismo Hitchcock hablaba sobre eso).
Pero lo uniforme de las películas de franquicia actuales supera cualquier cosa antes vista. Muchos de los elementos que definen al cine, por lo menos desde mi concepción, están en las películas de Marvel. Lo que falta son revelaciones, misterios o algún tipo de tensión dramática genuina.
En estas películas no hay riesgo de ningún tipo, son hechas para satisfacer una lista específica de demandas y son diseñadas como variaciones de un número muy reducido de temas. Son secuelas con espíritu de remake y todo en ellas debe estar revisado y certificado, porque no existe otra manera de hacerlas.
Esa es la naturaleza de las franquicias modernas: investigaciones de mercado, pruebas de audiencia, revisar, valorar, volver a revisar y modificar hasta que estén listas para consumirse.
Para ponerlo de otro modo, las franquicias hoy hacen todo lo que no hacen directores como Paul Thomas Anderson, Claire Denis, Spike Lee, Ari Aster, Kathryn Bigelow o Wes Anderson. Cuando yo veo una película de alguno de ellos, sé que voy a ver algo nuevo y que me va a sobrellevar lo inesperado.
Mi concepción de lo que es posible contando historias con imagenes y sonidos se expande cuando veo una película de algún director o directora como ellos.
Se preguntarán cuál es mi problema.
¿Por qué no puedo dejar que las películas de superhéroes y de franquicia existan y ya? La razón es muy simple. En muchas partes de este país (Estados Unidos) y del resto del mundo, las películas de franquicia son la opción mayoritaria cuando se quiere ver algo en la gran pantalla.
Es una época muy peligrosa para la distribución cinematográfica, la ecuación se volteó y ahora el streaming es el sistema dominante; sin embargo, no conozco a un solo cineasta que no quiera hacer películas para la pantalla grande, para que se proyecten en salas ante grandes audiencias.

Eso me incluye, con todo y el hecho de que acabo de terminar una película para Netflix. El hecho de realizarla (The Irishman, sale el 27/11) con ellos fue lo que logró que se hiciera como la concebimos, así que siempre voy a estar agradecido por eso.
Tenemos una ventana de exhibición cinematográfica, lo cual es genial.
¿Me gustaría que se viera en más salas, por más tiempo?
Claro que sí. Pero no importa con quien hagas tu película, el punto es que la mayor cantidad de salas siempre se van a ir para las películas de franquicia.
Y si me van a decir que es un simple asunto de oferta y demanda y que los estudios “le dan a la gente lo que quiere”, pues estoy en desacuerdo.
Es un asunto como el del “huevo y la gallina”; si al público se le da solo una cosa (películas de franquicia), preparada y servida de la misma manera, por supuesto que lo único que van a querer es esa cosa preparada y servida de la misma manera.
¿Acaso la gente no puede ir a la casa y ver lo que quieran en Netflix, iTunes o Hulu? Claro…en todo lado menos en la gran pantalla, que es donde cualquier cineasta quiere que su película se vea.
Todos hemos visto como el cine ha cambiado, de todas formas, en los últimos veinte años. Pero el cambio más drástico ha pasado de manera sigilosa y prácticamente debajo de nuestras narices: la eliminación gradual del riesgo.
Muchas películas actuales son productos perfectamente manufacturados para consumo inmediato. Y aunque muchos son hechos por equipos muy talentosos, les falta un elemento esencial del cine: la visión unificadora de un solo artista. Pero, por supuesto, ese artista sería el eslabón más riesgoso de toda la cadena de producción.
No digo que el cine deba de ser un arte subsidiado, de por si nunca lo ha sido. Cuando el famoso Studio System de Hollywood estaba vivo, la tensión entre los artistas y los ejecutivos era constante, pero era una tensión productiva que nos dio algunas de las mejores películas de la historia.
Hoy, esa tensión no existe.
Lo que es peor, hay muchos en la industria con total indiferencia a la sola idea del arte y con una actitud hacia la historia del cine que solo se podría considerar como desdeñosa y de propiedad…una combinación fatal.
La situación actual, tristemente, es que tenemos dos campos separados: Entretenimiento Audiovisual Mundial y Cine. Algunas veces se traslapan, pero cada vez es algo más raro de ver. Y lo que más temo es que el dominio financiero de uno haga que al otro se le excluya, o incluso que se amenace su existencia.
Para alguien que sueña con hacer cine, o que está empezando, la situación es brutal y muy hostil para el arte. Y solo el hecho de escribir esto me llena de una tristeza inconmensurable.
FIN
