Papá, ¿cómo seguís consintiendo esto?

Raúl Magallón
Jul 10, 2017 · 3 min read

Reseña (de)constructiva del libro de Joaquín Estefanía

Joaquín Estefanía, ex Director de El País entre 1988 y 1993 y autor de libros como Hij@, ¿qué es la globalización? o La Economía del Miedo acaba de publicar Abuelo, ¿cómo habéis consentido esto?.

En este libro, Estefanía inicia un diálogo con sus nietas para explicarles lo ocurrido desde que estalló la crisis de 2007, una conversación diacrónica en la que el economista y periodista confiesa que “hay pocos descubrimientos: son mis obsesiones traducidas al lenguaje más asequible del que soy capaz, pretendiendo establecer complicidades no paternalistas con vosotras”.

Efectivamente, el libro de Joaquín Estefanía -director durante 21 años de la Escuela de Periodismo de la UAM/El País- pertenece a ese género de análisis que ganan solidez con el tiempo -en la medida en que son capaces de dibujar el mapa conceptual de una época-, pero que se muestran ineficaces para describir las redes y comunicaciones que se ramificaron por todo el territorio social a raíz de esta crisis sistémica.

La crítica principal hacia este tipo de propuestas es que siguen intentando describir lo ocurrido durante los últimos diez años con muchas de las categorías sociales, políticas y económicas que de forma acertada pudieron funcionar en décadas pasadas pero que no dan respuestas convincentes en la actualidad. Si el autor pretendía hacer una narración de lo ocurrido en los últimos 10 años, es probable que el libro haya sido escrito varios años antes; si lo que pretendía es hacer un análisis de las causas y consecuencias de la crisis, entonces llega varios años tarde.

En este sentido, metodológicamente la obra carece de un análisis profundo y atractivo sobre la influencia de las migraciones en el nuevo sistema de protección social que demanda este nuevo escenario, pero también del papel que tiene la economía disruptiva tanto en los procesos de gentrificación como del derecho a la vivienda, factores claves a la hora de agitar cualquier bandera política del miedo. Su tercer déficit metodológico se localiza en la falta de un análisis riguroso sobre el papel de la tecnología en la recesión económica de esta última década. La cuarta omisión narrativa –y reseñable por el oficio del autor- es explicar el cambio de paradigma mediático.

Desde el punto de vista local, la observación propuesta sobre el papel de las mareas en nuestro país a la hora de establecer mecanismos de respuesta a la crisis parece quedar difuminada por un individualismo cronológico poco prospectivo, aunque quizá lo más significativo es que a pesar de unirse al “imaginario colectivo” consecuencia del 15-m el autor no presenta las preguntas que este acontecimiento generacional introdujo.

En cualquier caso, la narración cuenta con el valor añadido de permitir al lector hacerse preguntas pertinentes sobre el momento actual. Como por ejemplo, ¿en qué medida la alternativa que plantean los defensores del capitalismo como único sistema compatible con la democracia es simplemente encontrar una palabra o un concepto que pueda sustituir al de capitalismo — marcado ideológicamente- para seguir desarrollándose sin intención de progresar socialmente? ¿Por qué se sigue defendiendo una Europa que no plantea –como sí ocurría en 1985- un horizonte de expectativas y esperanza generacional, colectivo e identitario? ¿Por qué la ruptura del bipartidismo puede tener beneficios más a medio y largo plazo que en el corto plazo? Son algunas de las muchas preguntas que el libro permite plantearnos.

    Raúl Magallón

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