Mentira (cuento)

La lluvia es constante y fría. Es notorio como ha disminuido el tráfico de automóviles en esa esquina del boulevard. (Parece que la noche está perdiendo romanticismo). Sólo que esta vez la esquina es testigo de un evento peculiar. No es muy común tener dos patrullas de la policía estacionadas. Menos en una zona residencial como esta. Ellos pagan su seguridad.

Entro al hall principal de la casa de Guido Testani y descubro una escena que para mí es familiar. Inés está tomándole declaración a una mujer hermosa, cubierta con una bata de seda. Con su descomunal maquinota de escribir, apoyada en una especie de mesita de acero y cristal que debe valer mucho más que Inés y su artefacto infernal. El piso es de mármol blanco y continúa en la línea de la ancha escalera que sube formando una suave y delicada elipsis. El único detalle descuidado en la composición es el patético hombrecito que llora silenciosamente, sentado en la escalera. Tiene puesta una brillante bata negra, que huye de las formas de su cuerpo. Con una enorme T blanca que identifico como similar a la del logo de la empresa Testani Textil. Curioso. El hombrecito que porta la bata no es el dueño de casa. Y pienso, malvadamente, que la T le queda demasiado grande.

En eso desciende por la escalera el forense, que al notar mi presencia se detiene y me invita con un gesto a subir. Tomo dos vasos con café caliente y subo… (Buen café).

- Hola Marcos, qué parece…- digo, mientras saludo con un gesto a todo el personal de investigaciones presente.

- Y… parece que alguien miente, Lopi…- responde mi forense preferido mientras le alcanzo el otro vaso con café y me indica con sus anchas cejas que observe dentro de la habitación.

Siempre dije que el dinero es una entidad con vida propia. Algo que existe de una manera egocéntrica y constantemente necesita demostrar que está allí. De alguna forma u otra. En esta oportunidad se manifestaba de una manera demasiado ostentosa. La cama era gigantesca. Con un escudo de armas dorado sobre la cabecera y grandes almohadones de pluma de ganso que se dejaban mostrar entre las sábanas de seda. El aparato de televisión debía tener todas las pulgadas que el dinero puede comprar en el ramo. Sobre la mesa de luz se veía un reloj de oro de un acabado muy simple, pero sofisticado. La puerta espejada escondía el cuarto de baño con jacuzzi. Y completaba la escena, el cuerpo inerte del empresario textil más prolífico de la región, extendido en el piso, a un costado de la cama.

- Tiene un balazo en la frente. Efectuado desde unos 15 centímetros, más o menos, y es el único disparo que se hizo en la habitación…- me indica alguien. “La ropa de cama desparramada sobre el suelo alfombrado indica una pequeña diferencia de opiniones entre dos o más personas” pienso mientras me miro en el espejo.

- La situación es extraña- agrega un oficial con cuaderno de notas en mano. — Al parecer Testani volvió antes de un viaje de negocios y encontró su lado de la cama más caliente de lo normal… Y a su esposa… más caliente de lo normal…- , aportó con una sonrisa cómplice que debió desaparecer ante mi mirada fulminante. Entendió el mensaje. Huyó silenciosamente de la habitación.

El forense retomó la posta y dijo: — Testani ha entrado a la habitación y se ha encontrado con la esposa y el amante dormidos. Calculo que puso el grito en el cielo pero lo escucharon aquí. Después de eso, pelea. Forcejeo. La mujer corre a llamar a la policía mientras que aquí dentro aparece un arma y pum… Testani es boleta. -

- ¿Qué declararon ellos? — pregunto.

- Ahí está el problema. Mientras ambos varones peleaban, Carolina hablaba con la policía… y de pronto, el disparo. Me confirmaron que está grabado.

- Y ella dijo: Dios, lo mató — , me comenta otro agente de pelo colorado. — Sin embargo él dice que el arma la sacó Testani, que forcejearon por ella en la cama y que, de repente, Testani se disparó a sí mismo. De no creer…

Me alcanzan una bolsa con el arma. Un calibre 38 de mango gastado y muy descuidado, que indican un uso continuo y despreocupado. El tambor con todas las balas, menos una.

Seguido a esto, alguien me indica que mire una vitrina enorme e iluminada dicroicas. Un escalofrío de envidia me recorrió la espalda. Un mosquete del siglo XVII pulido a nuevo y un sable de granadero español compartían el estante de privilegio por sobre las demás armas, más actuales. Una Luger nazi impecable. Una Kaiser 9 mm. Una ballesta de competición desarmada y sus flechas. Todo fanáticamente lustrado y brillante.

- Practicaba en un selecto polígono de tiro del country La Estancia. Dicen que no era brillante en su desempeño, sólo adoraba sus chiches y lo exclusivo que resultaban ser entre su grupito de amigos-, me informa el colorado agente. Salgo de la habitación.

Al llegar a la planta baja me informan que llegó el abogado de Testani . El hombre gordo y con lentes pequeños tiene aspecto de intelectual. Su estrechón de manos es breve, pero muy firme. — Soy el abogado de Guido -, aclara. — Acabo de recibir un llamado de la seccional y vine lo más rápido que pude… Es una verdadera pena… — agrega mirando desesperanzadamente el final de la suave escalera de mármol. Lo saludo y salimos a un patio interno donde le pregunto qué sucederá con el patrimonio económico de Testani. — Guido tenía cincuenta años y era muy previsor. Las finanzas le son… perdón, eran favorables y su capital debe andar cerca de ocho millones de pesos, aproximadamente. — Pero se apura a aclarar cuando nota que no es lo que me interesa saber. — La esposa no recibe nada, a lo sumo se queda con la casa y sus pertenencias, pues toda la movida económica está basada en testaferros… Carolina no tiene derecho a reclamar nada.- , agrega mientras apaga su cigarrillo.

Está todo sospechosamente simple. Un crimen pasional más, creo… en fin me voy a dormir.

7.30 de la mañana. Entro a mi oficina absolutamente malhumorado. La maldita lluvia no cesó de caer hasta ahora y, para colmo de males, reventé un neumático con el cordón de la vereda al estacionar. Sin embargo las nubes empiezan a despejarse paulatinamente y los rayos del sol comienzan a perder timidez a través de la persiana gris de mi ventana. Ya hay varios papeles en mi escritorio, (es algo que uno descubre sólo cuando lleva varios años en la fuerza… es excelente tener gente que haga el trabajo duro, mientras uno se limita a analizar los resúmenes). En fin, veamos…

El croquis del lugar del delito siempre me va a causar gracia, mi sobrino de siete años está seguro que puede hacerlo mejor. Descripción de la escena, datos técnicos. Declaraciones… suman cuatro. La esposa, el amante, el ama de llaves y el socio de Testani. Y una nota que indica que la mucama está de vacaciones hace dos semanas en una cabaña en Bariloche, propiedad del empresario textil… muy filántropo.

La situación es como demasiado clara. Guido Testani fue un empresario muy dedicado a su labor. Competitivo y con un gran sentido de responsabilidad. Ambicioso, bah. Su esposa tiene veinte años menos que él y un título como profesora de educación física. Notablemente hermosa. Se conoció con Testani en sus clases como personal trainning y el amor floreció como una rosa…

Pero tenemos una esposa joven que luego de cinco años no logra evitar que su marido la pase a un plano menos humillante que en el que se encuentra, junto con la colección de armas, los autos importados y los pastores ingleses de pedigree. Esto es molesto para cualquiera. Y “mi amigo” Rubén, del atelier de arte al que asisto “me entiende” tan bien que voy a iniciar un discreto affair.

Rubén es un individuo raro. Inició una carrera como Contador Público pero de alguna extraña manera decide abandonar su profesión y mira con nuevos ojos al arte… y a la esposa de Testani. Es divorciado y encuentra en Carolina un alma gemela en cosas del sentir. Pero no es todo tan rosa. El hombre no es divorciado porque se cansó de desplegar cornamentas vistosas. Tiene dos denuncias por maltrato familiar y una condena pendiente por ocasionar a su ex lesiones faciales de consideración… Temperamental el petiso. Treinta y cinco años.

El ama de llaves no escuchó al Sr. Testani cuando volvió a la casa y alega conocer la relación extramatrimonial de la señora desde hace tres meses. De Testani no indicó demasiada pena por la pérdida. Se ve que era un hombre chinchudo.

El socio no aporta nada fundamental. No había demasiada relación familiar fuera de la empresa y no tenía un contacto fluido con Carolina.

Dejo los papeles sobre el escritorio y enciendo el primer cigarrillo de la mañana. El fuego quema las hebras de una manera luminosa y contundente, como si la duda no fuera parte de su lenguaje. Como sabiendo de su presencia voraz y poco longeva.

¿Porqué la maldita duda ha decidido sentarse en mi oficina a insistir que no todo está dicho? ¿ Qué cabo suelto está sacudiéndose que no puedo simplemente firmar el expediente y dejar todo cerrado, como aparenta estar?

Es que este hombrecito Rubén solo me inspiró lástima. Tiene un temperamento fuerte… pero su personalidad es insegura. No ofrece la imagen del amante latino viril Es notoria la ceguera que un corazón roto provoca en una bella dama. O quizá es una especie de venganza. Testani era lo opuesto a este hombrecito débil. Era alto, ganador, machista, de presencia importante. Demandaba respeto. Carolina puede haber pretendido castigar su ego con un alfeñique humano que oficiaba de satisfacción sexual. Sí. Eso ya es bastante humillante.

Testani era viudo y sin hijos cuando conoció a Carolina. Aparentemente no quiso tener los porque “no podría atenderlos” con tanto trabajo en la empresa. Desarrolló una fortuna de la nada y a fuerza de testarudez. Sus orígenes eran humildes y al parecer nunca le entusiasmó continuar su vida con esa humildad familiar. Trabaja desde los catorce años y no ha cesado desde entonces.

Su círculo de amigos era bastante amplio. Todos de buen vivir. Es claro que disfrutaba exponer sus logros económicos o sentimentales ante ellos, pues no perdía oportunidad de festejarlos con pompa y mucho ruido. El ama de llaves agregó que el derroche de champán en cada reunión de ese estilo era impresionante. También comentó ( y esto lo rectificó el socio ) que era muy chinchudo. No soportaba la ineficiencia y la impuntualidad. Y era propenso a querer completar las cosas con sus propias manos, o supervisando directamente los detalles… ufff.

Estiro mis brazos hasta sentir la ventana detrás de mí. Sobreviene un sopor muy similar al cansancio que me obliga a incorporarme para buscar una taza de café y evitar el sueño que ya veo venir. Todo encaja bonito. Lo único que desentona, ingenuamente, por cierto, es la declaración del desdichado amante donde afirma que Testani se disparó a sí mismo. Antes del disparo, Carolina sólo oía el intercambio de insultos y los “te voy a matar” anónimos. Luego el estruendo.

En cierta forma es obvio. El infeliz no contaba con la aparición desprevenida de un esposo que debería estar en Buenos Aires, para volver recién el fin de semana a Córdoba. Y presentarle explicaciones del caso sobre su desnudez en su propia cama no activaba demasiada credibilidad en la mente del empresario. Él no fue a matar a Testani, pero no tuvo otra opción. El viejo era corpulento y podía acabarlo a golpes de puño simplemente. Puede calificarse como defensa propia.

Me llama mucho la atención el arma. Testani era muy pulcro en el mantenimiento de su colección. Si hasta las conserva en su propia habitación. Es lógico que su admiración por ella es muy personal y disfrutaba contemplarla en la privacidad de su dormitorio… Entonces ¿porqué esa pistola ordinaria y burda es la autora del crimen? ¿ qué es lo que decide que la colección de armas esté tan bien cuidada y no suceda lo mismo con la pistola de la mesa de luz..? Epa, ¿qué mesa de luz? Yo guardo una 38 en mi mesa de luz, pero este tipo no brinda el perfil de ser tan austero con su seguridad.

Salgo.

Estaciono un patrullero prestado en la entrada de vehículos del caserón de Testani. El ama de llaves viene también llegando por la vereda e ingresamos juntos a la casa. Los peritos han dejado un espectáculo lamentable… Cintas amarillas. Pintura de huellas digitales. Algunos pinceles, etc.

La mujer me señala que donde ella duerme (un departamento interno, cruzando el patio) no se escucha si abren la puerta de calle. Por eso no oyó cuando imprevistamente apareció Testani, a las dos y cuarto de la madrugada.

Empiezo a dar vueltas en la casa. Es realmente fastuosa. Ingreso al despacho personal del empresario. Es amplio. Con libros. Un escritorio enorme con un monitor de computadora muy finito y un teclado. Y un espectacular sillón móvil de color negro con apoya brazos cromados. No puedo evitarlo y me siento a mis anchas… Es completamente opuesto a lo que uso en mi oficina… y mi espalda es la primera en notarlo.

Inesperadamente el monitor de computadora se activa y muestra un mensaje que reza “ Personal Assistant”. Segundos después aparece un menú de opciones que permitiría, supongo, controlar movimientos financieros e información de la empresa. Con el mouse hago click en el ícono que tiene la familiar T de TESTANI TEXTIL. Claro… Me pide el password… Cancelo. Clickeo sobre “Fax & Phone Messages”. ¡Bien!, no pide password… (Voy a llamar a mi hijo luego para agradecerle las clases privadas de PC)…Pregunta qué día quiero chequear. Marco la fecha de ayer… Hay un solo mensaje a las 17:25 hs. Hago click en él y se escucha el audio de la comunicación telefónica…

— Hola Caro, se canceló el congreso del viernes y pude adelantar la reunión de mañana para hoy. Estaré volviendo esta noche… tarde… no me esperes… Chau. — Epa, pepa… qué detalle más interesante. Escucho los pasos del ama de llaves en la galería y la llamo.

– ¿Quién atiende el teléfono generalmente? — pregunto.

- Si no estoy yo atiende la mucama… Los señores no se molestan, a menos que no haya nadie que lo haga.-

- ¿Y quién estuvo en la casa ayer a la tarde, entre las 16.00 y las 19.00?- agrego.

- Creo que nadie, yo estuve a esa hora en el supermercado y la señora tiene ese curso de arte al que va ella. Si no me equivoco, empieza a las 17:45 todos los miércoles… La mucama está de vacaciones- contesta con calma la mujer, que me mira un tanto extrañada.

- ¿Carolina sabe operar esta cosa?- y señalo genéricamente el monitor finito.

- Por supuesto, aunque sólo cuando el señor se lo permite…- asegura desconcertada.

Vuelvo a la seccional. Ahora tengo un problema. Si Carolina o su partennaire han tenido acceso a esa grabación, ya no es creíble el factor sorpresa. Hay que ser pelotudo para acostarse como dios lo trajo al mundo en la cama de una persona que está por llegar… Y dormirse.

Cuando entro a mi oficina me ataja un agente con los primeros resultados de las pericias sobre el arma. Tiene huellas digitales del amoroso Rubén y de Testani. Pero fue declarada como robada hace dos años y medio en Jujuy. No está a nombre de Testani. Debió manejar un mejor mercado que el jujeño para adquirir su colección privada… Hay un móvil aparente.

Me quedo más tranquilo… Resulta aburrido cerrar casos tan rápidamente. Especialmente cuando el sujeto más sospechoso me parece patético y pollerudo. Es evidente que debieron planear todo rápidamente. El viejo llegaría a la madrugada y por su forma de ser, se iniciaría una disputa en la que aparecería un arma y habría que forcejear. Y en eso. Pum. Se escapa un desafortunado balazo… Desafortunado…

Lo que no comprendo es la estupidez de Rubén. ¿Con qué objeto declaró que durante la disputa por el arma, Testani se apuntó a la frente y disparó..? Es más coherente que se escape un disparo al pelear por la posesión de la pistola. Además no borraron el mensaje del contestador…

Suena el teléfono y atiendo de mala gana. — López habla…- Alguien me dice que la mucama llegó este mediodía y está en la casa de Testani.

Tengo todo casi controlado. Pero estoy conduciendo nuevamente el patrullero prestado hacia lo del empresario textil. La mucama no aportará nada nuevo… Sin embargo…

Cuando llego sale a recibirme la señora ama de llaves junto con una mujer delgada y pequeña de rasgos “aindiados”. — Ella es Dora, la mucama de la casa.- me informa inmediatamente la señora. Saludos formales e ingresamos al hall principal.

Mientras el ama de llaves prepara café, le pregunto a Dora cómo pasó sus vacaciones.

- Bien. El Señor me ofreció que me tomara un descanso y me invitó a que fuéramos con mi familia a unas cabañas que tiene ahí, en Bariloche.- responde, un poco descolocada por la naturaleza de la información.

¿ Ya le había sucedido antes una invitación de este tipo con el Sr. Testani?, interrogo.

No. Es la primera ve -

¿ Y por qué cree Ud. que lo hizo?

Lo que pasa es que… yo no soy de andar con la lengua suelta por ahí, ¿no?, pero… hace unos meses le comenté que la loca esa de la señora, Ud. discúlpeme, andaba mostrándose en el barrio con ese noviecito. Y no le importaba hacer quedar mal al señor Guido… — dijo en un tono de voz que me hizo sentirme el verdulero chismoso del barrio. — Y a mí me pareció injusto que esa reventada, perdone, le goce las comodidades que el señor se deslomó por conseguir y encima se burle… ¿A usté. le parece? ¡Qué descaro!-

- ¿Ud. se llevaba bien con la Sra. Carolina? Me da la sensación de que no…- agregué, mirando tranquilamente sus ojos.

- No. No muy bien. Ella siempre me jo… me llamaba la atención por alguna pavada… Que la cama no estaba bien tendida. Había polvo en los muebles… todo tonteras de ella para molestar…-

- ¿Era así?

- Noo, qué va. Es que me tenía rabia porque el Sr. Guido le había dado trabajo a mi esposo en la fábrica cuando perdió el empleo de antes.- afirmó con seguridad.

- ¿Y por qué lo de la rabia?

- No sé.- dijo con rostro pensativo.

Termino el café riquísimo que me sirvió el ama de llaves y doy por terminada la charla. Cuando me dirijo a la salida pregunto, como de casualidad, — ¿Saben quién se queda con todo esto? Y señalo con un movimiento circular. Las dos mujeres coinciden en una mirada cómplice y responde Dora: — Seguro que la Sra. Carolina no…- contesta con una sonrisa.

- Ajá. ¿Y por qué? –

Entonces el ama de llaves explica el pequeño secreto que guardaban. — Es que un día, mientras le llevaba café al Sr. Guido y a su abogado, escuché sin querer que estaban afinando detalles de la sucesión… Y el Sr Guido quería iniciar trámites de divorcio para evitar que la Sra. Carolina obtuviera algo en la herencia. Esto fue hace dos meses y medio, aproximadamente.-

A esa altura estaba al tanto del romance entre Carolina y Rubén…- afirmé esperando la aprobación de Dora.

- Si.-, dijo ella. — y habló algo de que el tiempo que faltaba no era mucho, que no iba a alcanzar.-

- Pero entonces, ¿antes la beneficiaria de todo era la esposa? , pregunto.

- ¡Seguro! — responden a coro.

Me despido de ambas mujeres y subo al auto. El tránsito se ha congestionado de tal forma que en lugar de dirigirme a la seccional, me desvío para el lado de Argüello. Detengo el motor en una calle tranquila. Donde la arboleda invita a descansar un instante, disfrutando un cigarrillo. Desciendo del patrullero.

Obviamente, la lluvia de nuevos datos ofrece muchas más alternativas que en un principio. El crimen podía ser, ahora, planeado. Es posible que Carolina se enterase de que Testani ya estaba al tanto de todo su affair y que organizase todo el complot. Para asegurar el futuro antes de que tuviera que conformarse con la pensión mensual de ex esposa… Pero este personaje Rubén no me encaja en nada. No le veo uñas de tigre como para apoyar un diseño de este tipo.

Continúo fumando el cigarrillo y observo las hebras encendidas. No tienen escapatoria. El calor avanza inexorablemente y nada importa ya su cuidado y conservación por parte de las tabacaleras, packaging y el posterior envasado. El destino final es siempre el mismo, y sin ningún tipo de honor. Serán una colilla aplastada en el piso.

En ese lapsus de filosofía suena mi celular. El display indica que me hablan de la seccional.

López.

¿Qué tal?, comandante. — saluda Inés, la agente que recibe mis mensajes. — Lo llamó el médico forense a cargo de la autopsia del empresario Guido Testani. Me indicó que le avisara que encontró rastros de un cáncer terminal. En una etapa muy avanzada…

¿Qué más?, pregunto mientras observo mi cigarrillo.

Dice que si bien necesita más análisis, es muy posible que el Sr. Testani no tuviera más de tres meses de vida.–

Cuelgo. Y un escalofrío se inyecta en mi maltratada columna vertebral. Testani sabía que iba a morir. Obviamente sólo su abogado conocía la información. Y a eso agrega la situación de infidelidad descarada de su mujer, que no acepta, pero no puede evitar. Inicia los trámites para el divorcio de Carolina pero la justicia requiere plazos demasiado extensos para estas operaciones. Plazos de un tiempo que Testani ya no tenía.

Mi cigarrillo sigue consumiéndose. No necesita que lo ayude, pues el calor bien concreta su labor por sí solo. Mi aporte hace que su existencia sea más breve.

Y es ahora cuando comprendo todo.

Rubén jamás podría efectuar la concreción de un plan tan arriesgado como el que pareció gestarse. Simplemente se habría paralizado ante la sola presencia furiosa de Guido Testani a un paso de él. Quizá Carolina tendría más valor pero le sería imposible hacerlo mientras hablaba por teléfono con la policía. Sólo una persona podía, y necesitaba, planear todo esto: Guido Testani.

Sus dados ya estaban lanzados. La confirmación del desarrollo del cáncer ya debería estar más que asegurada. Y a eso debía sumar la frustración de que todo sus años de trabajo no lo podía ayudar a recuperar lo único que no supo ahorrar… Tiempo de vida. No. Definitivamente era inaudito pensar que Carolina disfrute con un infeliz el fruto de su esfuerzo y de su sacrificio. Pero el ama de llaves escuchó. Ya no le alcanzaba el tiempo… para divorciarse legalmente.

Podía matarlos. Pero es un castigo demasiado simple que le traería muchos inconvenientes al resultar como único sospechoso. Y el tiempo restante no era extenso. Debía hacer las cosas bien. Rápido. Debía mandarlos a la cárcel. Debían ser ellos los humillados socialmente durante muchos años. Y no disfrutarían jamás de su herencia . No la merecían. Se aseguró que todos los dedos apunten a un individuo que no provoque pena mandar tras las rejas. La infiel no podría obtener apoyo social ni económico. De ninguna manera. Había cometido una falta grave contra toda una clase social que no es débil o tímida cuando debe dar la espalda y cerrar la puerta. Adquirió una pistola tosca y descuidada que sería difícil de asociar a su personalidad. La disparó en su contra.

Mi cigarrillo se ha apagado. Las cenizas se deslizan con la brisa suave del atardecer. Aún tengo la colilla en mi mano y un pensamiento poco optimista atraviesa mi mente. Testani descubrió tarde que su vida estaba llegando a la colilla. Todo el dinero que supo conseguir ya no le servía de nada, pues se consumía como las hebras del mejor de los cigarros. Pero aún así sintió que podía ser él quien pisara el cigarrillo antes de llegar a consumirse totalmente. Y lo hizo. Dio su lección de fortaleza y testarudez humana. E intentó limpiar su honor con el castigo… Creo que es admirable…

Me subo al coche, y mientras coloco las llaves para encender el motor decido qué voy a hacer. Puedo continuar el último deseo de Guido y permitir que la justicia se encamine sola por las pistas que ya existen. Donde es probable que los tórtolos pasen encerrados un buen rato. Me cae pésimo ese alfeñique de Rubén…

Por lo pronto lanzo por la ventanilla mi único paquete de cigarrillos… Esas cosas lo matan a uno.

— FIN —

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