Porqué ser ateo.

¿Por qué ser ateo?

Una pregunta con tremendas implicancias filosóficas, culturales y científicas. Donde su acepción debe ser holística en esos tres rubros, o solo fuertemente fundamentada en uno o dos de ellos.

Nací en una familia de tradición católica, por lo que hacer la comunión y la confirmación, o casarse por iglesia, era un mandato absoluto e indiscutible. Es así porque Dios lo dijo a alguien. Y uno acepta ese temor de nuestros ignorantes padres o abuelos, o amigos. O toda la comunidad que te rodea.

Siempre fui un rebelde filosófico. Tuve mil teorías a temprana edad relacionadas a la existencia de fuerzas, diferentes a lo desprendido desde la religión, sean extraterrestres o esotéricas. Simplemente porque la religión y lo que profesaba nunca me cerró completamente como concepto universalista.

Mi pasión por la ciencia, la ciencia ficción y la filosofía de las culturas orientales me abrieron el campo de percepción a ideas que no cuadraban en ese precepto del Occidental como pueblo elegido por Dios.

¿Por qué no es el mismo dios para los chinos, los tailandeses, etc?

Simple. Porque no hay.

No hay dios.

No hay dioses. No hay fuerzas o energías conscientes que dictaminen el destino completo de todos y cada uno de los seres vivientes, o no, de todo el universo.

Esa conclusión explotó en mi cabeza cuando, después de muchos procesamientos mentales y la recopilación durante años de datos técnicos, científicos y espirituales, sobre la materia, la energía, la biología o simplemente la existencia, formaron esa plataforma asombrosamente simple.

No existen dioses creadores y protectores, solo existe nuestro miedo al azar, al no saber qué nos depara el futuro, o a simplemente sentirnos solos y desprotegidos.

Deux ex machina.

Imagínese hace 20.000 años atrás.

Usted, desnudo, solo o en grupos. Buscando proveerse de alimentos, refugio. Sobrevivir.

El mundo repleto de eventos inexplicables. Un rayo que revienta en los cielos y el estruendo aturdiendo sus ignorantes oídos. El sol saliendo a diario y muriendo a diario.

Animales que se comen a sus amigos o familiares imprevistamente.

Sequías. Incendios. Enfermedades. Muerte.

Usted necesita comprender, pero no sabe como ni donde empezar. Es todo tan vasto y usted no sabe siquiera escribir. Su mundo llega tan lejos como el horizonte que se presenta ante sus ojos. Quizá sabe prender el fuego golpeando piedras, o pulir algunas en forma de cuña para usarlas como punta de lanza.

Si eso no es incertidumbre, yo no sé qué lo es más. Usted necesita un dios para que ese mundo lleno de incógnitas tenga sentido. O varios.

Acepta poderes sobrenaturales sobre la naturaleza no comprendida. Al aceptar esos poderes, usted se siente mejor, protegido. Sabe que algo es así, porque la deidad lo quiere. Tiene sentido.

Y lo comunica a su comunidad. Los convence. Y empiezan a respetarlo. Es una excelente teoría, y lo posiciona a usted como un elegido, un ser con superioridad sobre ellos, brutos que no sabían. A usted le gusta eso. le da poder. Lo posiciona por sobre el resto. acuden a usted, y lo que no sabe, lo improvisa. Una, cien, mil veces. Y un día todas esas explicaciones forman una sabiduría cultural transmitida de boca en boca, hasta convertirse en un dogma inexpugnable, del que no hay posibilidades de refutación y sí castigos despiadados, sean estos inflingidos por los dioses, o la mano del hombre en su representación.

Y el poder se usa para mantener ese poder, ese status quo que da beneficio al que sabe o protege el dogma, se comunica con los dioses o es en sí, un dios en la tierra.

Este resumido modus operandi es copiado en diversas partes del planeta, ya que independientemente de que tengan contacto unas con otras, como seres biológicos estuvimos con las mismas inquietudes y necesidades. A la larga era natural desarrollar ese tipo de teoría comunitaria.

De esta forma los que entendieron que el manejo del poder requería control sobre las masas, notaron la maravillosa ecuación: Poder militar y unificación religiosa. La religión como conjunto de dogmas mitológicos y filosóficos. Los filosóficos para ofrecer reglas comunitarias válidas en la sociedad de la época, y que por ósmosis conceptual, validaran los conceptos mitológicos. Esos que hacían temerosos a los seres. No fuera cosa de que alguien decidiera pensar y convencer a otros que podían cuestionar al poder. Debían obedecer, ¿y qué mejor que el miedo para eso? El poder militar a veces necesita esa ayuda, una idea omnipotente. Recuerde esta palabra: Idea.

No fue planeado así, pero así resultó ser en todos lados. No importa cuál religión. No importa en qué punto del planeta.

Las sociedades patriarcales, misóginas, esclavistas, sanguinarias, o civilizadas, no importa el adjetivo ni el momento, si fue en la antigüedad o en la actualidad, todas ellas tenían intereses muy específicos. Y las religiones adoptadas eran en función a satisfacer esos intereses precisos de la sociedad. Las guerras se dan por intereses geopolíticos y económicos siempre. Más territorio. Más poder económico. Ideología. Pero si están envueltas en dogmas religiosos que son comunes a miles de individuos, es más fácil unificar sus voluntades para defender los intereses de quienes entraron en el conflicto.

Vuelvo a la pregunta del título. ¿Por qué ser ateo?

Porque evolucionamos.

Porque nuestro intelecto evolucionó.

Porque la ciencia fue derribando los mitos fundacionales de cualquier religión uno a uno, a medida que logró comprobar el cómo, el cuándo y el por qué de la dinámica universal de la materia y la energía.

Porque ya no somos homínidos cazadores ni recolectores. Ni nómades ni seres sedentarios analfabetos. Porque nadie debería obligarnos a creer por encima de pensar.

La magia. La omnipotencia divina. Los milagros. El Misterio. La Fe. La Filosofía de conducta. Todos ellos, ingredientes de una construcción para dar sentido a la vida social, el comercio y la dominación uniforme de cientos de miles de personas que no pueden ser esclavizadas u obligadas todas a fuerza de espadas o balas. Para que funcione la conquista, la dominación, esas personas tienen que creer que son ellos quienes quieren hacerlo. ¿qué mejor que darles una religión para satisfacer esa inquietud, y un sentido de pertenencia que los identifica ante sus semejantes?

No voy a descartar la filosofía de conducta de ninguna religión, salvo excepciones fundamentalistas, porque son el manual que las comunidades necesitaron para organizarse y fluir con ética, supervivencia y respeto a lo largo de los siglos. Pero eso era universal. Lo que se necesitaba es que además, los dominados, o gobernados, tuvieran miedo a algo superior. Extraterrenal. Un DIOS.

Bueno. Ya no. Hoy somos testigos intelectuales del progreso de las sociedades a ritmos inmensamente veloces gracias a la ciencia, atropellando credos y mitos que hasta hace no más de 100 años, eran imposibles de esquivar.

Las neurociencias, la física, la química, la biología. Todo en el universo puede explicarse con teorías comprobadas - o a comprobar - que no necesitan la acción de dioses para ejecutarse o sostener su existencia en el tiempo. ¿no las sabe? Googlee. Averigüe. No crea que porque se lo dijeron, es. Desde como se forma la vida a la formación de las galaxias. Todo responde a principios físicos y químicos. Investigue, dude. Aprenda. Aprenda de videos o gifs animados con procesos esquemáticos o eventos químicos y físicos demostrados. No crea por creer. La información que ignora está a un click de distancia.

¿Qué sostiene hoy a las religiones y los dioses?

El temor que procede desde la ignorancia. La abundancia de mentes no cultivadas, no educadas, sometidas. Obligadas a creer. Obligadas a obedecer mandatos de deidades abstractas, en presencia de elegidos en la tierra con poder de dominación intelectual sobre las voluntades, y sus bolsillos.

La mente del ser humano es prodigiosa. Tan solo hace 120 años no imaginábamos que el hombre podría volar sin ayuda de poderes divinos. Hoy estoy a 10.260 Kms de distancia de mi hija (tomé un vuelo transoceánico de 14 horas) y sé al instante si rindió bien un examen de la escuela al llegar el mensaje a mi smartphone en segundos. ¿Cómo sé tan precisamente esa distancia?. Algo llamado Google respondió a la pregunta planteada semánticamente a un motor de búsqueda con logaritmos de programación que reconocen construcciones lingüísticas en idioma español, me dió la respuesta en kilómetros, con una línea roja uniendo en un mapa un punto en Córdoba, Argentina y Valencia en España.

Sin magia. Sin poderes sobrenaturales. Todo con recursos creados por el ser humano. Imaginados en alguna mente que empezó a negar los imposibles de los dogmas que las religiones aún hoy se empeñan en hacerle creer.

Porque es lo que necesitan. Que las personas prefieran creer cualquier cosa dictada por la mitología de una religión, a pensar si esa mitología es posible o no.

Quizá usted sea un ser especial, al que su dios le habló, o salvó a su familiar con un milagro, o simplemente, sabe de su presencia. La “siente”. Es energía que percibe.

Bueno. Lamento comunicarle que su percepción es muy subjetiva, mi amigo, o amiga. Su percepción está sujeta a lo que su cerebro traduce, interpreta de la información que le proveen sus sentidos, en un organismo biológico con sensores del entorno y un cerebro que NO SIEMPRE son infalibles para percibir la realidad circundante. ¿Escucha voces como Abraham, ese que iba a sacrificar a su hijo porque la voz de dios se lo pidió, y no lo hizo cuando una zarza empezó a arder de la nada, y le dijo una voz que no lo hiciera? Pero usted padece una condición llamada esquizofrenia. Diferente a Abraham, que escuchaba La Voz De Dios. No era esquizofrenia eso, no. Lo diría la biblia si hubiese sido así, ¿no?

Lo único que necesita usted para asignar un rótulo a un resultado de una percepción, es simplemente creerlo. Si usted prefiere creer que eso es un mensaje de dios y no un acto de inestabilidad mental, simple. Cree en el milagro. Rótulo: Milagro.

Creer. Un rótulo.

Usted puede esforzarse en su trabajo, sus capacidades o ser un gran aprovechador de oportunidades que la vida le presenta. Pero sigue creyendo que es un dios quien le otorga esas circunstancias en el camino. No usted fluyendo acertadamente, o equivocadamente, en la dinámica de la sociedad, la economía o la familia. Usted es un autoconvencido que está predestinado por alguien a quien jamás vió, palpó o escuchó. Solo le dijeron que existe, que hace todo, hizo todo, y sigue haciendo que las cosas pasen. No importa cuántas veces la ciencia pueda demostrar que la materia y la energía, así como la vida, tienen dinámicas que consecuentemente fluyen bajo reglas que cada vez se redefinen más, a medida que se van descubriendo nuevas propiedades a todo lo que existe.

Pero usted prefiere aún pensar: “Pero ¿quién creó ese big bang? ¿Quién es el autor de que la materia y la energía, los planetas, las estrellas, etc, exista?”.

Bien. No hay respuesta cierta a eso. Aún.

Hay teorías. Quizá no hubo un principio, sino que simplemente todo en el universo es un loop. Esto viene pasando desde siempre, sin inicio en algún momento. El tiempo es tan solo una variable que nosotros, como seres finitos, lo vemos como indoblegable, pero que a ojos del universo, no tenemos ni la importancia de una bacteria en el inodoro.

¿Esto le parece increíble?

¿Mas que ese mito de un dios moldeando de arcilla al primer humano varón, y luego arrancando una costilla de él, para crear a la mujer hace unos 8.000 años?

Acéptelo.

La ciencia no mató a dios.

Nadie lo mató, porque dios era una idea.

Una teoría que cerraba en los albores intelectuales de una humanidad ignorante. Daba orden social. También contención emocional a la incertidumbre ante el peligro de lo desconocido. Pero ya no es necesario. Ya no.

Esa idea llamada dios se ha desvanecido. Acéptelo. Fue un error de percepción dado a usted por sus padres y su entorno, desde hace milenios.

Siga adelante con su vida y disfrútela. No hay otra después. No hay premio ni castigo en vida o post mortem.

Su existencia dura solo una vida.

Raúl Vargas. (Un ateo más).

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