Una tarde, mi padre, después del almuerzo, nos dio la noticia. Había aceptado una apuesta para la jugada de gallos en san Andrés el 28 de julio. No había podido evitarlo.

Nosotros recibimos la noticia con un profundo dolor. El carmelo iría a un combate y a luchar a muerte, cuerpo a cuerpo. Con un gallo mas fuerte y mas joven… ¿Por que aquella crueldad de hacerlo pelear?

Echamos a llorar. Fuimos en busca de mi madre, y ya no la vimos mas. Sombría fue la comida aquella noche. Mi madre no dijo ni una sola palabra y, bajo la luz amarillenta del lamparín todos nos miramos en silencio. Al día siguiente, en el alba, en la agonía de las sombras nocturnas, no se oyó su canto alegre.

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