La Vaca

Lenina tomó un sorbo de su vaso de leche tibia y lo depositó sobre la mesa, después estiró el brazo para alcanzar el diario que se encontraba en el otro extremo. Lo abrió, ojeo los titulares y lo dejó, esta vez junto al vaso de leche. Nunca lo leía detenidamente, las noticias eran algo que rara vez lograban captar su atención, a veces veía el noticiero pero últimamente estos programas se dedicaban a transmitir información poco importante. No era una desinteresada, solo que al vivir en un lugar tan alejado le costaba muchísimo poder conectarse con los acontecimientos que sucedían en otros lugares. Por ejemplo, Lenina no conocía lo que era la inseguridad, el pueblo en el que vivía tenía tan solo un poco más de mil habitantes. Ahí todos se conocían, los amigos que tenía ella eran los hijos de los amigos de sus padres, había un solo supermercado y también un solo centro médico. Que llegara el diario hasta allí era prácticamente un milagro y estos días la mayoría prefería utilizar internet para informarse. Si, el internet existía en ese pequeño pueblo. Entonces ella nunca tenía que atar con candado la bicicleta, o preocuparse de que alguien que pasaba en moto le arrancara el bolso en la esquina de un semáforo. Nadie había muerto en ese pueblo a causa de un robo y si había un accidente de tránsito, el mayor daño era una óptica rota. Por eso Lenina no leía las noticias de las grandes ciudades, no pensaba abandonar su pueblo ¿Porque le interesaria ir a vivir a un lugar en el que pasaban esas cosas? Ella estaba muy a gusto allí, con su familia que abarcaba la totalidad del pueblo.

Sintió la puerta de entrada de la casa abrirse y luego cerrarse bruscamente, seguido se escucharon pasos alterados y su madre apareció en la entrada del comedor. Tenía un aspecto extraño, estaba agitada, sus mejillas rojas y el pelo revuelto. Sus ojos estaban como perdidos, la miraban a ella pero al mismo tiempo no miraban nada, como vacíos. Se pasó la mano por la frente para secarse el sudor, respiro hondo y se sentó en la silla que estaba frente a Lenina.

-Vengo de la casa de los Funes, no sabes lo que pasó- Volvió a respirar hondo, Lenina se quedó callada esperando a que su madre continuara- ¿Viste que la vaca que ellos tenían parió el otro día?- Lenina asintió, era muy cercana a esa familia y había ido a ver al animal recién nacido- Bueno, hoy la encontraron muerta- Clarisa agarró el vaso de leche y tomó dos grandes tragos.

Lenina no entendía porque su mamá estaba tan alterada. Muchas vacas morían en el pueblo, a veces hasta varias en un mismo día, a causa de enfermedades o por heridas. Más común era aún la muerte de un animal si había dado a luz recientemente. Era algo bastante normal y si bien causaba dolor porque todos apreciaban a sus animales, era algo a lo que ya estaban bastante acostumbrados.

Clarisa respiraba entrecortadamente, Lenina estiró los brazos y tomó en sus manos las manos de su madre, luego le dijo:

-Mamá cálmate, es solo una vaca que murió, además ayer parió así que ya hay un animalito para ocupar su lugar. Ya pasamos por esto muchas veces- Clarisa movió la cabeza negando, soltó a Lenina y se terminó la leche que estaba en el vaso de un solo trago.

-No hija ya se, pero esto es diferente, no se como describir lo que le sucedió a este pobre animal, es desagradable y horroroso- Respiro hondo- Lenina no quiero que te acerques al campo de los Funes, al menos hasta que saquen de ahí a la vaca- Sin decir nada más, Clarisa se levantó y fue hasta el living, tomó el teléfono y se encerró en la cocina. Lenina podía escuchar a su mama hablar con alguien, no sonaba muy calmada y parecía que no dejaba que la otra persona hablara.

Ahora ella se encontraba muy confundida, ¿Que le había pasado a la vaca de los Funes? Seguramente había sido una cosa de nada, alguien que había realizado una maldad, y como en el pueblo nunca pasaba nada todos habían reaccionado histéricamente, su mamá incluida. Por supuesto que Lenina iba a ir a ver el animal, ella no se iba a quedar afuera de todo esto, era una joven muy curiosa y le gustaba estar al tanto acerca de cada cosa que sucedía en el pueblo.

Apoyo la oreja sobre la puerta de la cocina y descubrió que su madre seguía hablando, descolgó su abrigo del perchero de la entrada, se lo puso y salió camino a la casa de los Funes. Ella los conocía por supuesto, asi que aparecer allí como si nada no significaba problema alguno. Metió las manos en los bolsillos de su saco, era una tarde de julio muy fría y el sol ya casi estaba oculto en el horizonte. Cuando se acercó a la tranquera de la familia vio a Marta, la señora Funes, charlando con el despensero del pueblo. Los saludó y preguntó si podía ver la vaca.

-Lenina- Dijo Marta- ¿Estás segura de que querés verla? Es bastante desagradable y no quiero que te asustes, además no estoy segura de que tu mamá esté de acuerdo con esto.

Con su suave voz Lenina se limitó a decir: -Soy muy dificil de impresionar, no tenes nada de qué preocuparte.

Marta asintió, le dijo que el animal se encontraba detrás del galpón grande y que ni se ocurriera decirle a su mamá que ella le había permitido hacer esto.

El galpón grande era una estructura bastante simple, estaba hecha con chapas y algunas maderas y el mismo señor Funes la había construido hace un par de años atrás. A medida que se acercaba a la parte trasera podía sentir el olor repugnante propio de un cadáver en proceso de descomposición, aroma que ya había sentido en otras ocasiones. Para su sorpresa el lugar estaba completamente vacío, ni un alma andaba por allí, al parecer ya todos habían visto el animal y saciado su curiosidad, Lenina no.

Cuando se encontró frente a frente con el animal, el sol ya había desaparecido por completo y apenas lograba distinguir la vaga forma de la vaca recostada en el suelo. Escuchaba con claridad en el inmenso silencio del campo, el zumbido de las moscas alimentándose de los restos, pero no lograba ver con claridad aquel horror del que su madre había hablado unos minutos antes. Se lamento no haber llevado siquiera el teléfono como para poder alumbrar con eso e ir a pedirle una linterna a Marta no contaba como opción ya que seguramente terminaría convenciendola de volver a su casa.

Se encendió una luz blanca e intensa detrás de Lenina, tan intensa que se reflejaba con furia en las chapas del galpón. Ella se giró, no podía ver nada, solo veía una luz cegadora y escuchaba un suave zumbido que era muy diferente al de las moscas. Entrecerró los ojos, pero no ayudo en nada ¿Había la señora Funes encendido un reflector para que ella pudiera ver al animal?

La respuesta a su pregunta fue una negación cuando la luz comenzó a acercarse muy lentamente hacia ella. Lenina sin entender qué estaba pasando y cada vez más asustada, comenzó a correr hacía donde ella creía, estaba la casa de los Funes. Una vez que se chocó con la pared del altísimo maizal, ya casi listo para la cosecha, se dió cuenta de que estaba equivocada. La luz seguía detrás de ella, ahora iluminando el infinito mar de maíz. Sin saber que hacer y prácticamente paralizada por el miedo, decidió adentrarse en el campo.

A medida que avanzaba corriendo y respirando con dificultad, los maíces altos, con hojas delgadas y filosas, le cortaban las manos y el rostro. No sabía dónde terminaría si seguía por ese camino, cada vez estaba más cansada y se le hacía más difícil poner un pie delante del otro. Apenas podía ver que delante suyo sólo había mas y mas plantas de maíz, no lograba ver donde acababan. Detrás de ella, la luz se acercaba, intensa y zumbando suavemente, tan suavemente que era difícil escucharla a causa de sus jadeos, poco a poco empezaba a sentirla quemandole la espalda.

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