Crisis de identidad

El 9 de Agosto de 2016, el candidato republicano para las próximas votaciones presidenciales en Estados Unidos, Donald Trump, presentó un largo discurso en la pequeña ciudad de Fayetteville, Arkansas, como parte de la promoción de su campaña. En verdad no me llamó la atención su discurso y el tono del mismo que ya todo el mundo lo conoce. Por el contrario, captaron mi interés dos artistas teloneras, un par de mujeres de ascendencia afro exponiendo su expresivo apoyo y amor por el candidato. Es difícil entender que, luego de los claros mensajes xenófobos de Trump, se presenten ellas, descendientes de historias difíciles y sangrientas de esclavitud, odio, intolerancia, apoyando la continuidad de una visión retrograda y llena de dolor.

Además, aparece la Segunda Enmienda como centro del debate y la conveniencia para cada ciudadano de tener en sus manos un arma, no solo como medio de defensa ante cualquier amenaza, sino como parte de la identidad estadounidense, tal como al parecer lo dicta la historia desde días lejanos. Un tema que sobrepasa los eventos ocurridos en los años más recientes donde múltiples balaceras han cargado con la vida de decenas de personas.

Por otra parte, en un continente distinto ha venido creciendo un grupo con una aparente ideología religiosa, el Estado Islámico. Asesinatos y fundamentalismo van conquistando pueblos sembrando la duda de los principios del Islam. En qué creemos? Cuáles son nuestros principios morales? Hasta qué punto nuestras creencias religiosas sobrepasan (si es que deberían sobrepasar) la condición de ser humano miembro de una sociedad? Y estas mismas preguntas se repiten una y otra vez ante el miedo y las dudas existenciales.

El día 10 de Agosto de 2016, una multitudinaria marcha ocurrió en Colombia como acto de protesta por los documentos indicativos del Ministerio de Educación Nacional sobre la orientación sexual en colegios. Bajo la idea de la búsqueda de la protección de la familia, grupos principalmente religiosos y políticos se expresaron principalmente ante el miedo de aceptar la inclusión de nuevas ideas (el homosexualismo es nuevo?) en la educación en los colegios. Ante las dudas, la respuesta de numerosas personas fue de insistir en la exclusión del tema evitando un debate muy importante, justificado y muy complejo que ni siquiera países con una mayor cantidad de expertos en el tema han podido concluir.

Al parecer, la modernidad nos está tomando por sorpresa. La posibilidad de tener el mundo en nuestras manos gracias a la globalización extendida y el poder de Internet y las redes sociales, nos ha llevado a un punto en el que no nos podemos identificar con nada. Estamos en épocas de crisis: crisis económica, crisis social, crisis religiosa, crisis política, y la más clara: una profunda crisis de identidad. Recurrimos a nuestros pasados, por más anacrónico y retrógrado que parezca. No importa si son razonables los argumentos. El miedo es el combustible que nos deja a la deriva en un mundo nuevo que nos sobrepasa, extrayendo sentimientos políticos y religiosos apasionados que calan principalmente en quienes, por decisión propia o por condiciones construidas en este mundo sumido en la desigualdad, viven en una ignorancia aumentada por la desinformación y/o la tergiversación.

Nota: No se debe tener miedo a debatir. No toda sugerencia o espacio para discutir significa un conflicto. Todo debate debe ser constructivo, no destructivo. Ante todo la tolerancia debe primar, la comprensión y la búsqueda de puntos en común. Será que el mal manejo de un tema complejo en MinEdu y una mala aceptación del mismo por la sociedad, nos dejará un poco de respeto y tolerancia para debatir siendo tolerantes, comprendiendo los puntos de todos y llegando a un fin común? Por la Paz y el postconflicto, espero que sea así … esto es tan solo el comienzo.