#SinConciencia de la #ciencia
Al igual que muchos de mis colegas y amigos, me parece preocupante el recorte a la — ya bastante pequeña — tajada del pastel que le corresponde a la ciencia en el presupuesto nacional para el próximo año 2018. La precaria situación no es nueva (el presupuesto para ciencia ha sido por años el más bajo de la región), pero se acentúa y genera reacción con una medida como la publicada recientemente. Para completar, la situación no es mejor con otros eslabones de la cadena que sostienen la innovación y el desarrollo en cualquier país: la educación y la tecnología. Poco se ha hablado de esto.
Quiero empezar por reconocer los grandes avances en acceso a tecnología, mejoras en la infraestructura e impulso de proyectos de desarrollo de software liderados por el anterior ministro del MinTIC, Diego Molano Vega. Contar con los recursos es un primer paso, pero si algo sabemos los que estamos en el desarrollo de tecnologías es que estos proyectos no se hacen solos y requieren de personal capacitado para crearlos y también de usuarios críticos que las utilicen para explotar todas sus ventajas. En contraste, tenemos una educación aún muy deficiente que sufre cada año con paros de maestros, cambios curriculares, reducción de presupuesto, entre otros. Pregunta: ¿cómo desarrollar un país con ciencia sin personas correctamente educadas que sepan aprovechar las tecnologías disponibles?
Expandamos un poco el espectro pensando en la sociedad colombiana y su contacto con la ciencia en un ejercicio de autocrítica nacional. El Observatorio Nacional de Ciencia y Tecnología publicó el 2014 un estudio completo y riguroso sobre la apreciación de la ciencia en Colombia. Las conclusiones no son sorprendentes y muestran un país que no entiende qué significa “ciencia”, qué significa ser un científico, cuál es el papel de la ciencia en la sociedad. Pensemos entonces por un momento en la generación que toma actualmente las decisiones en nuestro país. Esta generación ha visto pasar millonarias sumas de dinero (fácil) que la corrupción, el narcotráfico, pirámides, “malicia indigena” o como se le quiera llamar, han dejado en personas sin necesidad de ir a estudiar más allá de lo justo y necesario. Al mismo tiempo, han escuchado mencionar contados proyectos para el impulso de la ciencia -gente con años y años de educación- quedarse en el cajón de los recuerdos: los objetivos de la Misión de Sabios del 94, la Red Caldas, las regalías para la ciencia, el programa Es Hora de Volver, … Esto sumado al desfile de directores de Colciencias, reconocidos científicos colombianos de los que pocos conocen sus aportes a la humanidad, problemas en la ejecución de recursos para la ciencia en las regiones… Para completar, se vuelve paradójico pensar que la reducción del presupuesto en ciencia no moviliza fuertemente al sistema educativo o al sistema productivo del país como generalmente sucede en países que entienden que son verdaderos eslabones de la misma cadena y no actúan por separado. Entonces, algo está mal aquí, ¿para quién es realmente importante la ciencia? ¿Cómo convencer a un país en este contexto que la ciencia es el motor para el cambio? Es imposible construir un país con ciencia sin un mínimo entendimiento del impacto en la compresión, desarrollo y avance de la sociedad y su entorno.
Colombia no está preparado para la ciencia. Por el contrario, el futuro del país requiere ahora mismo un enorme esfuerzo, interés y energía en la educación científica y capacitación tecnológica. Explicarle al niño, al político, al industrial, a los padres de familia, a los periodistas, a los actores de televisión, a los maestros de escuela, a toda la comunidad: Qué es verdaderamente la ciencia. Sus retos, procesos, inconvenientes, ventajas, costos, retornos, casos de éxito, casos fallidos. Es por esto que mi reclamación para el momento actual del país ante todo es por la educación. Está claro que es un proceso de implicación clara del gobierno, pero es igual de importante la movilización de los grupos de investigación, de los científicos mismos, de las diásporas científicas, del sector privado, de las universidades, de las organizaciones sin ánimo de lucro y de los proyectos que apoyan la innovación y el emprendimiento tecnológico en el país.
Creo que la situación tiene espacio para mejoras, pero hay que asumir la situación como es y empezar por entender que el país no logrará salir de sus eternos desafíos con una baja calidad de la educación, un pobre entendimiento de las ventajas que ofrece la tecnología y #sinconciencia de la #ciencia y sus aportes a la sociedad. Será un proceso largo, pero próximas generaciones lo agradecerán.
