El nefando iceberg

‘Nefando’ | Mónica Ojeda | Candaya, 2016

Una imagen con capas para una novela narrada a capas

Sabadell, hace cinco días. Presentación de ‘Nefando’, la última novela publicada por Editorial Candaya. Pocos de los que estamos allí hemos leído ya el libro, así que las palabras y los conceptos que se lanzan flotan sobre nosotros, tratando de impregnarnos de lo que va esta novela.

Dicen: la novela es una mirada bajo la línea de flotación de un barco. Allá abajo, sumergida, está la sala de máquinas. Lo que mueve todo esto no se puede ver a simple vista. El motor de nuestras vidas y de nuestras acciones, tampoco. Está allá, protegido y oculto a la luz del sol.

Me vale: compro. Entre esto, y lo mucho que me fío del criterio de Candaya, me llevo un ejemplar dedicado. Al día siguiente, abro el libro en el tren de vuelta a casa y me encuentro con esta primera página:

Nada de cosas sumergidas: así, como quien no quiere la cosa, en la primera b̶o̶f̶e̶t̶a̶d̶a̶página se perfilan ya los tres ejes principales de la novela: una narración por capas, el sexo [fuera de los límites] como motor y un gran talento para manejar el idioma con una voz propia.

‘Nefando’ arranca, en una línea pretendidamente bolañesca, con la reconstrucción de unos hechos pasados a través de los testimonios de Kiki, Iván y El Cuco, los compañeros de piso de los hermanos Terán: los verdaderos protagonistas de la novela in absentia. Los tres hablan de los hermanos y de sí mismos en relación a ellos, tratando de hacer memoria. Los hechos: la creación de ‘Nefando’, un videojuego colgado en la deep web en el que no parece ocurrir nada… si no se espera y observa lo suficiente. Lo que termina apareciendo son imágenes de una crueldad gráfica tal que el videojuego acaba desapareciendo y convirtiéndose en una leyenda.

‘Nefando’ aborda el tema de la pornografía infantil, del abuso sexual y de los límites del deseo. Un tema incómodo, áspero, narrado sin ambages, de manera casi enunciativa, casi quirúrgica; probablemente la única forma de narrarlo sin caer en la moralina barata o en el sentimentalismo buenrrollista. No, el mundo no siempre es un lugar donde te abren los brazos: y esta novela lo tiene muy claro.

Hay en ‘Nefando’ una voluntad de riesgo muy calculada, medida al milímetro. Cada adjetivo y cada sustantivo están colocados con cuidado y brillantez, muy a menudo con poesía. Las voces de los diferentes protagonistas son claras, distinguibles, y nos ofrecen una visión-mosaico de una realidad difícil de aprehender con un solo punto de vista. Si tuviera que ponerle un pero, creo que el fragmento “Exhibición” de Cecilia Terán me chirría un poco, desentona ante la exuberancia léxica del resto de la novela; lo identfico como un contrapunto, sí, pero no me termina de llenar. Nada grave. Como decía Olmos en su reseña, demuestra tanto talento que podemos perdonárselo.

Resumiendo: ‘Nefando’ es una obra luminosa e incómoda, distantemente cercana, oscura y reconfortante. Sí: reconforta leer a alguien con talento genuino para escribir, no una colección de lugares comunes de lo que se supone que es escribir. ¿Es posible hacer poesía después de Auschwitz?, se preguntaba Adorno. Pues mira, Theodor, se puede. Este es uno de nuestros Auschwitz’s contemporáneos, y Mónica Ojeda lo borda.

Los barcos, pese a tener la sala de máquinas bajo la línea de flotación, siempre sobresalen del agua más de lo que esconden. Este libro no es un barco. Es un iceberg. Uno de esos que hunde barcos.

ISBN 978–84–15934–23–3 | 206 páginas | 16€