Ipanema

Praia de Ipanema by Christina Nguyen

El sol calienta la ventana. Una panoplia de kangas cubren la playa y reflejan los colores del arcoíris. Un grupo de jóvenes practican capoeira. Una chica les mira atentamente y se ríe cuando uno de ellos se cae a la arena. Dos amantes, ocultos entre una palmera no dejan de tocarse. La bandera roja flamea. Un socorrista señala a una señora obesa con gorro para que salga del agua. Los surfistas, indiferentes, siguen navegando las olas.

El sol se oculta entre las nubes. La carretera está colapsada por el tráfico y el ruido de los cláxones hace vibrar la ventana. Una bicicleta se sale del carril bici y a punto está de ser aplastada por un camión. El reloj de la calle marca 32 grados y son las doce y media. Una gaviota planea sobre la playa y busca insistente los restos de una bolsa de snacks mecida por el viento. En el Chiringuito varios turistas comen acarajés y beben caipirinhas, sin percatarse de que al lado suyo dos chicos intercambian droga y tiran una bolsa al contenedor de basura.

La Montaña Morro Dois Irmãos se oculta entre las nubes, va a llover. Un policía, haciendo la vista gorda sobre el colapso de tráfico y los traficantes de droga se ensaña con un hombre cuyo perrito se ha hecho caca en los azulejos negriblancos del paseo marítimo. Un autobús blanco de la línea 432 abre sus puertas a la altura de la pasarela de la playa. Varias personas tienen que ayudar a salir a una mujer que va en silla de ruedas.

Todas esas personas son ajenas a mi mirada, desde la sexta planta del hotel marina de Ipanema. Corro las cortinas y vuelvo la vista a las manchas de sangre del suelo, sin saber todavía cómo me desharé del cuerpo.