El critico no es el que cuenta

Mirando la ola negra de malas noticias y problemas que abruman esta pequeña isla, es fácil hundirse en una depresión y quedar paralizado en inacción. Es fácil empequeñecerse y pensar que los problemas son insuperables. Esto es bien natural, el miedo nos coge a todos. Y cada uno lo enfrenta a su manera. Algunos se cubren de una coraza pesimista y se encubren criticando los esfuerzos de otros, excusando sus criticas destructivas diciendo que son realistas.

¿Pero que ha pasado aquí? No ha venido un huracán, ni un terremoto, ni un meteorito a partir la isla en dos. No ha habido ningún dictamen divino que nos vuelva estatuas de sal y olvido. Los problemas que enfrentamos fueron creados por nosotros. Nuestras acciones los ocasionaron, o los permitieron o los agravaron. Ningún problema de hoy esta fuera de nuestro alcance. Ninguno. Es fácil empequeñecerse diciendo que es culpa de otros, o de un legado de colonia, o del otro partido, o del mundo o de la circunstancia, pero esto nos saca del juego, nos pinta de víctimas, nos pone en la esquina fuera de capacidad de influenciar y crear nuestro futuro, nos vuelve pasajeros en vez de capitanes, clientes en vez de colaboradores. Como dijo John F. Kennedy:

“Nuestros problemas fueron realizados por personas. Por lo tanto pueden ser solucionados por personas. Y una persona puede hacerse tan grande como quiere ser. Ningún problema del humano destino esta fuera del alcance de los seres humanos.”

Para combatir la ola de problemas, para crear, hay que primero soñar. Del sueño crear una visión plasmable. De la visión, compartir y enlistar aliados para forjar en esfuerzo y sudor la realidad que imagina. Usando la visión como proa, navegar la ola negra y llegar a una nueva realidad.

Todos los sueños son por necesidad un desafío a la realidad afianzada, pues buscan crear una realidad nueva. Persiguen trascender lo momentáneamente posible con lo infinitamente posible. Así atraen el ataque de los críticos que enlazan su cuento para convencernos de que los sueños no son reales y son meras utopias que se desploman tan fácil como castillos de arena frente a las olas del mar. Confunden el propósito de las metas con dictámenes del presente, como algo que desmentir y derrumbar. Caen en la trampa de darle mas importancia a confirmar su opinión que en arriesgarse a crear algo nuevo.

Las metas tienen que ser grandes. Tienen que ser tan grandes que venzan en su promesa, el pronosticado pensamiento pesimista del realista y alienten a los aliados a salir, apoyar y a contribuir a crear esa sinergia donde se multiplica el esfuerzo de un grupo y lo posible pasa al pasado y lo imposible se vuelve lo cotidiano. Trascendemos los problemas no buscando resolverlos, pero simplemente enfocándonos en crear una visión, una visión nueva para habitar, y así atraemos a un nuevo mundo, como si existiera desde siempre. Y así una semilla, que no es un árbol, es un árbol en potencia y se vuelve uno y luego al mirar el sueño de la semilla que le dio paso, es imposible creer que de ahí salió algo tan grande que da tanta sombra.

La sociedad se avala de las herramientas de hoy para transformarse y crear estos sueños, estas visiones. Herramientas como la tecnología o los startups son solo herramientas al servicio de una visión. Son realmente las visiones que las propulsan el esfuerzo, e irrumpen a travez de la cementada costra cotidiana como una semilla germina.

Un startup no es una empresa pequeña. Es nada mas que una posibilidad, una idea probándose contra la realidad. Es un desafío a la tiranía del presente y si triunfa es capaz de crear abundancia, no en una matemática ajena, sino añadiendo valor a la sociedad. Es una visión buscando su realización. Y aunque estén de moda los startups, su capacidad para forjar, para irrumpir, para crear valor, es un motor necesario en una sociedad sana y viva.

El camino a lograr una isla que nos inspire, empieza con el desafío de los sueños, en salir de las gradas y batirnos en el juego, sea usando la herramienta que sea. Así uno puede encontrar el éxito y si no, si uno llegara a fracasar en el intento pues entonces como dice Theodore Roosevelt:

“por lo menos fallará con gran osadía, y así su lugar estará nunca con aquellas frías y tímidas almas que no conocerán nunca, ni la victoria, ni la derrota.”

El critico contará su cuento pero no es el cuenta.

por David Acevedo

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