Momentos estelares de la humanidad: la no investidura de Pedro Sánchez

2016. Hace ya dos, tres meses que en el Congreso no se toma una decisión: la guerra contra la coalición de Mariano Rajoy y la corrupción, o bien un gran pacto de izquierdas. El propio Mariano duda y rechaza someterse a la investidura. Presiente el peligro de una victoria de los revolucionarios de izquierdas, liderados por Pablo Iglesias vigilados de cerca por la sonrisita de Albert Rivera, intuye también el de su derrota. A su vez, los partidos están indecisos. Los llamados socialistas, para hacerse con el mando, son partidarios de la guerra pactando con el partido de la sonrisita naranja.

Pablo Iglesias y los errejoners luchan por la paz, para entre tanto hacerse ellos mismos con el poder. Día tras día la situación es más tensa. El periódico de Pedro J. alborota, El País publica en portada “7 ventajas del Banco Santander que no te puedes perder” y “Seis cosas que dejar de hacer antes de los 40 para no llorar después” Se discute en twitter. Los rumores que se propagan son cada vez más fantásticos, enardeciendo más y más los trendin toppins. Pero siempre que se adopta una determinación, esta se convierte en una suerte de desahogo a través del meme, como cuando el 20 de diciembre los incautos españoles fueron convocados a las urnas y votaron lo que les dio la gana, para desgracia de Carmen Lomana.

Una fuerte tensión, capaz de alterar los ánimos, ha gravitado sobre Madrid una semana tras otra; pero aún más opresiva, más amenazadora, es la agitación que pesa sobre el resto de Comunidades Autónomas. En todos los campamentos, las tropas ya se han agrupado. En cada pueblo, en cada ciudad, se reclutan voluntarios y milicianos. Por todas partes se reparan las fortificaciones, y sobre todo en Catalunya, pues se sabe que en aquella tierra, como siempre, se producirá la batalla decisiva.

Al otro lado del Ebro se encuentra el enemigo, el adversario, que a diferencia del de Madrid no es un concepto difuso, un término patético, retórico, sino una presencia visible, real, aunque Antonio Baños haya dimitido y haya vuelto a tocar con Los Carradine.

Desde la cabecera fortificada del puente y desde la torre de la catedral se pueden divisar a simple vista los regimientos de los catalanes, aproximándose. De noche y por encima del río Ebro que, indiferente, resplandece a la luz de la luna, el viento trae el sonido de la artillería enemiga que se acerca rodando, el ruido de las armas, tintineando, el toque de las trompetas. Todos saben que basta un solo tuit, un solo decreto, para que las silenciosas bocas de los cañones catalanes descarguen rayos y truenos, para que la lucha milenaria entre España y Catalunya [frase pendiente de revisión: aclarar si son dos países o dos naciones o qué son] comience de nuevo. Esta vez en nombre de la nueva libertad en uno de los bandos. Y en el otro, el del viejo orden.

Por eso, la mañana del 3 de marzo de 2016, cuando el #TT trae la noticia de que Pedro Sánchez no ha sido investido y que se ha declarado la guerra, es un día único. Enseguida, desde todos los móviles, iphones y androids, el pueblo corre hacia las redes sociales. Ana Blanco, que lleva 55 años presentando con el mismo rostro el Telediario, envejece mil años de golpe mientras lee los mejores tuits del día. Dispuestas para la guerra, las tropas marchan en su último desfile, regimiento tras regimiento. En la plaza principal les espera el dirigente de la naranja mecánica, Abert Rivera, con su cuerpo envuelto en la bandera española con la escarapela en el sombrero que agita en señal de saludo en dirección a los soldados. El toque de los clarines y el redoble de los tambores reclaman silencio. A viva voz, Albert Rivera lee en castellano y catalán el texto de la declaración de guerra en ésa y en todas las demás plazas de Madrid. Tras sus últimas palabras, los músicos del regimiento entonan el primer canto de guerra, provisional. La Gozadera.

En el fondo, se trata de una melodía de baile picante, insolente, satírica, aunque el atronador avance de las tropas le dé un aire marcial. Después, la multitud enardecida se dispersa, llevando consigo el entusiasmo por todas las calles y casas de Madrid. En los VIPS, en la cola del Primark de Gran Vía, se pronuncian encendidos discursos, se distribuyen proclamas. “Viva la Unidad de España”

Empiezan con llamamientos como éstos o similares. Y por doquier, en todas las arengas, en todos los periódicos online en todos los carteles, en todos los labios, se repiten gritos tan contundentes como “España es una y no cincuenta y una” y otros confusos como “Zapatero Dimisión” y una y otra vez, la masa aclama jubilosa y retuitea las ardientes palabras con sus respectivos #hashtags.

Tras una declaración de guerra, la gran mayoría tuitea siempre de contento pero en esos momentos de regocijo tuitero se movilizan también otras voces, menos ruidosas, apartadas, los tuiteros que leen pero no comentan. (…) Pero la alcaldesa de Madrid, en el fondo una aristócrata, aunque, como la mejor aristocracia de Madrid, comprometida entonces con toda su alma en la causa de la libertad, sólo desea que se escuchen las voces en las que el optimismo resuene con fuerza.

Consciente, hace del día de la declaración de guerra una fiesta pública y corta al tráfico el centro de Madrid, animando a que todo el mundo se pasee en bicicleta durante todo el jueves.

Manda repartir vino y alimentos a los soldados que irán al frente. Y por la noche, en su espaciosa casa de Ciudad Lineal, reúne a los generales oficiales y a los principales funcionarios públicos para una fiesta de despedida, a la que el entusiasmo confiere desde el principio el carácter de celebración de una victoria. Perderá Pedro Sánchez, perderá Albert Rivera, ganarán los buenos, ya verás, no hará falta acudir a las armas. Presiden la reunión Iglesias y Errejón, seguros siempre de conseguir el cambio de verdad.

(…)

Es tarde, pasada la medianoche. El 2 de marzo, la fecha de la declaración de guerra, un día tan emocionante para el Congreso, ha tocado a su fin. En realidad ya ha empezado el 3 de marzo. Sobre twitter reina una resaca tenue, cada vez se repiten más los memes, ya nadie tuitea nada nuevo. En los cuarteles, los soldados se preparan para la marcha y, tras las persianas cerradas, tal vez algunos entre los más precavidos, también para huir a Europa, en secreto. Por las calles desfilan algunos pelotones. Después se acerca el estrépito de un nuevo convoy de artillería. El alma de la ciudad está demasiado insegura, demasiado exaltada como para concentrarse en el trabajo de oficina en un momento tan decisivo, mejor reescribir esto.

Este texto es una versión libre [fusilada y recortada] de aquella manera de EL GENIO DE UNA NOCHE «La Marsellesa» 25 de abril de 1792, de Stefan Zweig: Momentos estelares de la humanidad. Acantilado, 2002.

Originally published at letspretendweweredrunk.wordpress.com on March 3, 2016.