El pan de dulce

Ahí estaba él, pequeñito pero con unos ojos inmensos que apuntaban a la puerta para mirar quien entraba a visitarlo en su cama de hospital; a veces era un clown o un juguetón voluntario pero esta vez era esa señora que con su voz fresca acariciaba su tez mestiza, esa señora de sombra maternal que parecía una mamá gallina y ¡cómo no! si cobija tantos pollos bajo sus brazos. ––Se acercó para conversar con él y le preguntó: –qué es lo que más deseas ahora mismo, cuál es tu sueño mi amor. ––Él, sin dudar le contestó: Quiero comer un pan de dulce. 
––¿Un pan de dulce? ––dijo la señora con el corazón chiquito; y se puso manos a la obra, buscando monedas en su cartera. ¡Un pan de dulce para hacerte feliz! y salió corriendo a buscarlo.
Un pan de dulce es la razón por la que seguirá visitando el hospital, renovando día a día su corazón junto a los niños con cáncer.

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