La libertad según Iggy

Matías C
Matías C
Nov 1 · 4 min read

Pudo haberse retirado en 2016, luego de ese gran disco que fue Post Pop Depression. Sin embargo, fue por más. Y el título de su decimoctavo disco solista, Free, indica que, a los 73 años, Iggy Pop está libre. Comparte su libertad y el resultado es por demás positivo.

Hace tres años armó una banda con Josh Homme y Dean Fertita de Queens of the Stone Age y Matt Helders de Arctic Monkeys. El resultado fue muy bueno. Y bastante jugo le sacó con la edición del documental American Valhalla y un disco en vivo grabado en el Royal Albert Hall. Pero si el mandato indicaba que debía seguir por ese camino, Iggy no hace caso porque, en este material, expresa que es libre. “Quiero ser libre” es lo que recita desde el inicio, en una canción que no llega a los dos minutos, a diferencia de otras épocas salvajes donde cantaba que quería ser tu perro. No lo canta, lo dice, lo deja en claro en una similitud a Avenue B (1999), donde también comienza recitando en “No shit”. Habrá que revisar cuál es el concepto de libertad que tiene, ya que no es el autor de las canciones (solo en tres figura como autor y compartiendo los créditos). “En este disco otros artistas hablan por mí, yo presto mi voz”, dijo en el comunicado de prensa del lanzamiento del disco. Quizás esto se debe a cómo se sintió con la gira de Post Pop Depression que se vio en el documental, en la que explicó que se sentía sobrepasado.

Los artistas que hablan por él y produjeron el material son Noveller (Sarah Lipstate es su nombre real) quien se encarga de las guitarras y los arreglos y Leron Thomas que hace lo propio con la trompeta y los arreglos. Mientras que la primera trabajó junto a Lee Ranaldo y tocó ocasionalmente en algunos recitales de la gira de Post Pop Depression, Thomas es un trompetista estudioso de Miles Davis que deja marcada su impronta a lo largo de todo el disco, además de ser el que firma más canciones como compositor.

En “Loves Missing” es cuando empieza la música. Es quizás el tema más cercano a su predecesor Post Pop Depression, donde queda marcado el tono barítono de su voz. Con un comienzo lento, va intensificándose hasta explotar en el estribillo haciendo juego entre la voz de Pop (ya convertidos en gritos) y una armónica.

En tanto que “Sonali” empieza con un clima relajado y que hace acordar a Blackstar, el último disco de su amigo David Bowie. Pese al cambio de ritmo, la canción no termina de explotar, además de un Iggy que canta apurado, como si la letra tuviera que encajar en el ritmo, haciendo que sea uno de los puntos más flojos.

Luego llega un bloque de cuatro canciones compuestas exclusivamente por Thomas. El bajo es quien toma la iniciativa en “James Bond” mientras repite “ella quiere ser James Bond”, quizás adivinando que en la próxima película del agente secreto será la actriz Lashana Lynch quien tome la insignia 007, aunque suene más adecuada como banda sonora de una película de Quentin Tarantino. Y el productor tiene su momento con un solo de trompeta en la mitad del tema.

Mientras que la música de “Dirty Sánchez” empieza con la trompeta al que se suma el bajo, lo que la convierte en una de las más rítmicas de la obra. Iggy, por su parte, dialoga con un juego de coros detrás con una letra pornográfica que deja un poco que desear. El resultado de la música es más que aprobado, su lírica, no.

“Glow in the dark” y “Page” completan las canciones que tienen la firma de Thomas como único autor. La primera suena como un jazz experimental oscuro, con la trompeta siendo predominante, además de tener una gran participación de la guitarra, a diferencia del resto del disco. El clima de la segunda lo genera el órgano que comienza a ralentizar el álbum.

Para cerrar Free, el cantante elige tres poemas. El primero, “We are the people”, es de otro amigo suyo fallecido hace algunos años: Lou Reed. Funciona como una forma de homenaje a todos sus amigos que perdió en los últimos años. Porque perdió a Bowie, al propio Reed, a los Stooges Scott Asheton y Steve Mackay y al chef estrella Anthony Bourdain. Acá vuelve a recitar, en este caso, una especie de manifiesto de gente sin identidad en tiempos donde aumentan los refugiados en todo el mundo. Por su parte, “Do Not Go Gentle Into That Good Night” pertenece a Dylan Thomas e Iggy lo recita casi al mismo ritmo que el anterior.

“The dawn” es el final con una letra en la que hasta podría interpretarse como despedida (“esperando el amanecer otra vez”). Porque si su amigo Bowie lo hizo con Blackstar, este disco musicalmente va en esa senda, como si desde el más allá lo hubieran hecho juntos como cuando hicieron The Idiot (1977), Lust for Life (1977) y Blah-Blah-Blah (1986).

La iguana sale airoso con Free, un disco de jazz experimental, del cual puede ubicarse en la línea de Préliminaires (2009) y Aprés (2012), además del ya mencionado Avenue B (1999). Habrá que ver qué ocurre en el futuro de Iggy porque, como demostró en sus últimos materiales de estudio, puede dar nuevamente un giro y salir bien parado.

Matías C

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Escritos sobre productos de la cultura pop por Matías C. (Periodista y Profesor en Cs. de la Comunicación).

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