El alterego de N. se llama Alterego.

Alterego vive en Nueva York, es judío sionista y su plan de vida consiste en hacer preguntas retóricas, escribir consignas sobre el Estado de Israel y hablar sobre la diversidad del método científico. N. es dulce y temeroso. Tiene un fantasma femenino encima al que llama “mamá”. El caso es que “mamá” murió hace años en el jardín de su finca, mientras su padre dormía una siesta y su hermano menor luchaba por encontrar las llaves para entrar (salió a fumar, estaba abrumado debido al cáncer de ovario de “mamá”); N. dice que “mamá” falleció bajo la lluvia, que cuando por fin la policía logró abrir el cancel de la finca ella estaba bocarriba, con los ojos cerrados y la boca muy abierta. Vestía un suéter azul cobalto.

N. se culpa a sí mismo de aquella muerte, argumenta que el abandono al que sometió a “mamá” debido a viejas rencillas familiares lo tiene aturdido. Su forma de flagelo es salir con chicas caóticas que se comen su corazón y lo vomitan. N. tiene 41 años, es tauro, estudió Filosofía, Ciencias de la Computación, Psicología y Matemáticas. Me enamoré de él un día que hablamos sobre trenes, catolicismo y miedo. Me dejó cuatro semanas después y desde entonces mi sosiego se vio seriamente afectado. Cuando los chicos que son flores y días ahogados en-sí-mismos no dejan esa manía de comer tierra, cosas malas suceden. N. me hablaba del éter yo le hablaba de poemas y de cosas tan básicas que creo terminé por aburrirlo.

N. sugirió varias veces que lo nuestro era “una aporía”, es decir: una paradoja o razonamiento irresoluble, luego, le puso nombre a lo nuestro: “irrelación”. Uno de los síntomas de las irrelaciones es la codependencia, para ejemplificar me habló del experimento de la rata y la cocaína, estúpidamente le dije “bueno, al menos la rata murió feliz” pero, ¿quién puede morir feliz bajo el yugo?

Cuando N. decidió irse regresé a Durango con el corazón hecho mierda; era una tristeza que salía del fondo de mis tripas y llegaba hasta mi cerebro, haciéndome llorar continuamente. No volvimos a platicar, lo nuestro se quedó en el insondable mundo de las ideas, que por ser ideas no significa que no sean reales, existen como existe el pensamiento, la manifestación física de las mismas es el asunto.

Todavía lloro poquito cuando pienso en N. pero es un llanto interno, sosegado. Quisiera verlo, quisiera abrazarlo como alguna vez pero considero que el sometimiento amoroso es el peor que existe. Hacemos del amor algo vulgar, falto de sofisticación…

Alguna vez tuvimos una casita en el éter, díafana, claridosa, o una pieza de Schubert, a quien un día le besé los ojos.

https://www.youtube.com/watch?v=O405pK6BuUc

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