Eu, el problema somos todos.

Acá.

Eu, el problema somos todos. El problema es el compañerito que se ríe del pibe de doce años que no mira pornografía. Ni hablar si tiene quince años y todavía es virgen. El problema es de mi papá cuando me pedía a mí y a mi hermana que pusiéramos la mesa, pero no a mi hermano. El problema es de mi compañera de trabajo cuando dice que no va a salir con un pibe si no le paga la salida. El problema es de mi ex novio que no se animaba a decirle a a sus amigos que no estaba bueno viralizar fotos de minas en pelotas por Whatsapp. El problema es del pibe de diez años al que le dicen “¿qué llorás, maricón?” y le hacen creer que llorar es de minas, que los machitos no lloran. El problema es el tipo que me tomó el examen de manejo, riéndose de mí y haciendo comentarios machistas desde antes de que me subiera al auto. El problema soy yo por reírme para que me dieran el registro aunque se me parara el auto dos veces. El problema es de la mujer que habla por teléfono y le cuenta a la amiga que sigue con ese tipo porque la mantiene. El problema está en mi mamá cuando me dice que me tengo que maquillar, que tengo que estar arreglada para que un hombre me quiera. El problema es el pibe que cree que las mujeres tenemos una sexualidad más pasiva que la suya y que justifica cualquier atrocidad diciendo que ellos tienen un deseo sexual más feroz que el nuestro. El problema es de la mina que la pasa mal durante el sexo pero no lo comunica para “no humillar la falsa virilidad del hombre”. El problema era mi jefe cuando decía “son todas putas” y eran mis compañeros que se reían para no desacreditarlo. El problema soy yo cuando pienso que “todos son iguales” y no salgo a tomar nada porque me da miedo que me insista para tener sexo conmigo si no quiero. El problema es de mi profesora que me decía que las mujeres tienen que tener siempre el pelo largo, que era ridículo que yo usara el pelo corto. El problema es la mujer que llega al colectivo lleno de mujeres sentadas y le pide el asiento al hombre. Y la lista es infinita.

El problema es que en algún momento y desde hace mucho tiempo, en el inconsciente colectivo se enquistó la idea de que la mujer, por ser mujer, por menstruar y por tener vagina, tiene un valor menor o menos capacidades que el hombre. Esto que hicimos y que hacemos entre todos, esto que está en todas las palabras que decimos y en las que no decimos: lo deshacemos entre todos.

Es terrible que en nuestro país muera una mujer cada 21 horas. Es terrible porque los “monstruos” que cometen femicidios no son monstruos sino productos de una sociedad que avala ese bastimento cultural. Todos somos productos de los campos que habitamos. Pensá qué compartís, de qué te reís, qué no decís, cómo estás actuando, qué estás aprobando. La cultura está construida por hábitos. Los hábitos se generan en estas mínimas cosas. Generemos conciencia, hagámonos cargo. Compartir y marchar ayuda pero más ayuda observarnos. No seamos cómplices de esta desigualdad que está en las mínimas cosas.

Nos queremos vivas. Nos queremos libres.

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