Mis sentidos me traicionan.

Pensé que iba ser más fuerte. En mi mente todo estaba muy claro, iba a volver a verte, pero no iba sentir nada. Logré convencer al torpe de mi cerebro que lo lograríamos, que cuando mi camino y el tuyo se volvieran a juntar y nos encontráramos frente a frente, no se iba a desatar una cadena de emociones que terminara en llanto. Pero entonces llegó el día de nuestro reencuentro, eran las 8:47 am. Me miraste fijamente. No hiciste el más pequeño de los gestos y entonces pasó, la parte de atrás de mis ojos se comenzó a llenar con colores pasteles, fue como vivirlo todo otra vez. Claro está que el pensar en tus cálidos brazos ha sido lo que me ha permitido sobrevivir el frío invierno, y por eso la piel se me puso chinita. El corazón empezó a palpitar a mil por segundo, como todas esas veces que me besaste tan lento que el tiempo parecía quedarse estático. Creo que notaste el temblor de mis manos cuando estas recordaron lo que era trazar tu piel y que no existiera distancia entre nosotros más que la medida de mi dedo chiquito del pie. Comencé a respirar agitadamente, como todas las veces que salí de mi casa, pasada la medianoche para estar a tu lado y el miedo me consumía, solo que esta vez no lograste tranquilizarme.

Ahora eran las 8:49 am, la comisura de tus labios se alzó y formó lo que parecía una sonrisa, esperaste dos segundos para decir «Tus sentidos te están traicionando.» Y nuestros caminos se volvieron a separar.

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